“Me planto, no puedo más”: por qué más de la mitad de quienes inician un tratamiento de fertilidad deciden dejarlo
“Lo intenté muchas veces, sin éxito. Y cuando se acaban los intentos [en la sanidad pública] tienes dos opciones: seguir luchando en una clínica privada o plantarte. Mi pareja y yo hemos decidido parar. Físicamente estoy bien, pero emocionalmente es horrible. Parece que no te has esforzado lo suficiente”, cuenta Eva. Miriam también renunció a su propósito de ser madre: “Después de ocho años de búsqueda y cuatro pérdidas, acabé aceptando mi no maternidad por circunstancias. No quería seguir viviendo por y para los tratamientos de fertilidad, se habían convertido en el centro de mi vida. Así que me agarré a que íbamos a estar bien. Confié en que puedo ser feliz sin hijos”.
Sus testimonios forman parte del relato colectivo que se teje en el documental Madres Invisibles, que proyectaba el pasado enero Red Infértiles. Un proyecto con el que intentan visibilizar el día a día de las personas que tienen problemas de fertilidad, dando espacio también a los testimonios de lo que se conoce como drop out: el abandono de los tratamientos sin haber logrado el objetivo de tener un bebé. Un fenómeno que, según estimaciones de la Sociedad Española de Fertilidad (SEF) consultada por elDiario.es, afecta a cerca de un 54% de parejas y/o mujeres, siendo la causa principal la carga emocional y la presión psicológica que este tipo de procesos conllevan.
Elisa Gil Arribas, secretaria general de la Sociedad Española de Fertilidad, confirma el dato del 54% de abandonos, una cifra que parte de la revisión de estudios recientes. Las razones suelen estar relacionadas con la salud mental de los pacientes: “El principal motivo es el desgaste psicológico, los miedos sobre si lo conseguirás o no y la frustración que genera el proceso. Eso se une al desgaste médico y físico, más un desgaste económico adicional. Todos estos factores negativos se acaban sumando y llevan a lo que en medicina reproductiva denominamos como drop out, o sea, abandonar sin conseguir el objetivo”, explica la obstetra especializada en medicina reproductiva.
El principal motivo es el desgaste psicológico, los miedos sobre si lo conseguirás o no y la frustración que genera el proceso. Eso se une al desgaste médico y físico, más un desgaste económico adicional
Desde la SEF reconocen que los tratamientos son “muy complejos”: “El desgaste psicológico se suma al físico, fundamentalmente de las mujeres, y muchas veces es difícil de aguantar. Si además hay falta de apoyo por parte del entorno, provocado por la falta de conocimiento y el tabú, se hace difícil sentirse apoyada para seguir adelante”, asegura su secretaria general.
Pese a sus altos niveles de incidencia, el abandono sigue siendo un tabú dentro de otro tabú mayor: el de los límites de la fertilidad. Se trata de una “realidad de la que apenas se habla”, según Helena Fernández, presidenta de la asociación de pacientes Red Infértiles. Desde este proyecto constatan que el fenómeno es muy habitual: “Nosotras acompañamos a muchas mujeres y parejas que, tras años de intentos, tratamientos, cambios de clínica, decisiones económicas difíciles y un desgaste emocional acumulado, llegan a un punto en el que se preguntan si pueden o quieren seguir. Y no siempre lo cuentan en voz alta; de hecho, en muchas ocasiones no lo hacen”, asegura.
Para ella, parte de ese silencio está relacionado con un discurso dominante que siempre invita a seguir intentándolo y que pone la responsabilidad en los casos individuales: “Hay una presión silenciosa que pesa mucho. La idea de que siempre hay un intento más, una técnica nueva, una posibilidad que todavía no se ha explorado. Eso hace que parar se viva como algo casi prohibido, como un fracaso”, explica Fernández, e incide en esa idea: “Hay una narrativa muy instalada que simplifica mucho la experiencia reproductiva. Se repite que con actitud positiva y esfuerzo se consigue. Es un mensaje falso pero atractivo, porque da sensación de control. Pero cuando no se logra el embarazo, se pasan años intentándolo y sigue sin llegar, ese mensaje se vuelve cruel. Hace que la responsabilidad recaiga sobre la mujer o la pareja, como si no hubieran hecho lo suficiente”, explica.
La infertilidad no es una cuestión de actitud, no es cuestión de relajarse. Es una enfermedad y tiene límites. Y cada persona, cada pareja, también los tiene
Desde Red Infértiles también reclaman que se hable explícitamente de los límites que pueden presentar los tratamientos: “La infertilidad no es una cuestión de actitud, no es cuestión de relajarse. Es una enfermedad y tiene límites. Y cada persona, cada pareja, también los tiene”, sostiene Fernández.
Andrea y su pareja, que iniciaron hace años un largo camino en búsqueda de la fertilidad, se marcaron desde el principio un límite ético claro: “Sabíamos que solamente queríamos intentarlo con inseminación y con fecundación in vitro. La ovodonación no era una opción para nosotros, nos parece que es una práctica que va contra los derechos de las mujeres que donan óvulos por dinero y que hay una línea muy fina con la gestación subrogada”, asegura. Pese a reconocer que se vieron “metidos en la rueda de los intentos”, que les empujaba a seguir insistiendo una y otra vez, decidieron no pasar por ello.
En el caso de María la línea roja surgió por el camino, cuando se dio cuenta del desembolso económico que suponía su tratamiento: “Por mi edad sabía que tendría muy pocas oportunidades en la sanidad pública. Y así fue: rápidamente me dijeron que tenía que iniciar una fecundación in vitro y no me la cubrían. Me fui a una clínica privada muy conocida, que ofrece altos índices de éxito, pero lo que no te cuentan es a qué coste: tanto económico como psicológico, es un machaque total. Yo estaba dispuesta a aguantar la parte física, los pinchazos, las intervenciones, pero tenía muy claro que no me iba a hipotecar por esto: tenía unos ahorros y ese era mi límite. En cuanto me los gasté, paré”, recuerda.
Yo estaba dispuesta a aguantar la parte física, los pinchazos, las intervenciones, pero tenía muy claro que no me iba a hipotecar por esto: tenía unos ahorros y ese era mi límite. En cuanto me los gasté, paré
Apoyo psicológico durante el proceso
La psicóloga y embrióloga Nagore Uriarte, que acompaña a diario a personas y parejas que atraviesan tratamientos de reproducción asistida, cree que este tipo de procesos deberían contar con un acompañamiento psicológico. “Es recomendable que las personas o parejas que tengan que enfrentarse a dificultades reproductivas tengan claro que los tratamientos suelen ser procesos largos, difíciles a nivel emocional y costosos a nivel económico”, expone. A partir de ahí, sostiene que las parejas que optan por plantarse en un tratamiento no deberían vivirlo como un fracaso. “Ponernos un límite es una forma de ser conscientes del camino que vamos a recorrer, o del que ya hemos recorrido. Decir ‘hasta aquí’ no deberíamos verlo socialmente como un fracaso o una rendición, sino más bien como una decisión consciente, probablemente muy meditada, donde la persona se está poniendo en el centro, está parando a tiempo”, explica la psicóloga. A partir de la decisión de parar, la pareja o persona deberá pasar un duelo y replantearse su vida en base a la nueva situación. Y, si es preciso, contar con ayuda psicológica especializada.
Una decisión que, según sostiene Helena Fernández, de Red Infértiles, debería ser respetada por el entorno. “Cuando una pareja decide parar, atraviesa un momento delicado. Puede aparecer alivio, porque se detiene la dinámica constante de citas médicas, inyecciones, esperas y resultados inciertos. Pero junto a ese alivio hay un duelo muy grande: se despide una expectativa, una imagen de futuro que había acompañado durante años. Por eso me parece importante decir que todas las decisiones merecen respeto. Seguir intentándolo puede ser una decisión profundamente valiente. Parar también lo es”, concluye Fernández.
2