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Bàrbara Mestanza, actriz, directora y superviviente de una violación: “Contar lo que me pasó me ayudó a perdonarme”

Fotograma de la obra de teatro y de la película ‘Sucia’, de Bàrbara Mestanza.

Lucía M. Quiroga

3 de marzo de 2026 23:19 h

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En 2015, un hombre violó a la actriz Bàrbara Mestanza durante un masaje. Y a partir de ahí todo cambió. Tras unos años “de disociación”, donde llegó a cuestionarse si lo que había pasado era realmente tan grave o incluso si se lo merecía, llegó una pregunta que le hizo reabrir el episodio. Al contarle a su novio de entonces lo que le había ocurrido años atrás, él le espetó: “¿Y tú por qué no hiciste nada?”. 

Para responder a esa pregunta, Bàrbara comenzó un proceso físico, psicológico, judicial y creativo que ha durado hasta hoy. Una denuncia que ha terminado en condena, mucha terapia, un libro y una obra de teatro después, Mestanza estrena ahora Sucia. ¿Por qué no hiciste nada?, una película documental protagonizada y codirigida por ella, junto con Marc Pujolar. En ella, la actriz narra en primera persona su camino como superviviente, intentando desmontar las ideas sobre la “buena víctima” y asegurando que cualquier vía de reparación es válida, “no solo la judicial”, explica. La película se estrena el próximo 7 de marzo en el Festival de Málaga, y se podrá ver en Filmin a finales de este año.

Responde a esta entrevista con las emociones a flor de piel, “muy removida” –de hecho, paramos para llorar en un par de ocasiones–, y con los nervios propios del estreno.

Desde el principio de la película cuentas que tu objetivo es responder a una pregunta que te hacen personas de tu entorno e incluso tú misma tras la agresión sexual: “¿Por qué no hiciste nada?”. Diez años después, ¿has encontrado la respuesta? 

Sí. Años después de la agresión, cuando una noche mi pareja de entonces me hizo esa pregunta tras contarle lo que había pasado, empecé a analizarlo. Por qué yo, siendo una mujer feminista, politizada, culta, moderna y con carácter me había dejado hacer una cosa así. Sé que es una frase incorrecta pero es como lo sentí. A partir de ahí decidí que tenía que ponerme a escribir, pero lo hice sin tener muy claro cómo responder a esa pregunta. Y ahora sé la respuesta: no hice nada porque no pude. Contar lo que me pasó me ayudó a sanar y a perdonarme.

La película documental Sucia llega después de un libro y una obra de teatro que tú escribiste y protagonizaste. ¿Te ha ayudado a sanar este proceso creativo?

Yo no pretendía sanar a través del arte, sino que sin quererlo el arte me sanó. Gracias a la escritura del guion pude revisar mis recuerdos y contactar con un cuerpo totalmente disociado. A lo largo de mi investigación, fui hablando con las profesionales que me acompañaron y ellas fueron poniendo palabras a lo que me había pasado, así que poco a poco fuimos poniendo todo en su lugar. Fue mi abogada, Carla Vall, quien me explicó que más de un 90% de las víctimas de agresiones sexuales reaccionan así, sin hacer nada, porque es un mecanismo de supervivencia. 

En el documental reflexionas sobre tu propio proceso de sanación, que pasa por lo creativo, pero también dices que cada mujer tiene derecho a vivirlo como considere, que no hace falta escribir un libro o protagonizar una película. ¿Crees que son legítimas todas las estrategias de supervivencia?

Absolutamente sí. Se han empeñado en decirnos desde diferentes lugares a las víctimas que tenemos que denunciar, cuando quizás eso no es lo que quieren todas las mujeres. Yo desde el principio lo que quería como reparación, por ejemplo, no era que mi agresor fuera a la cárcel, eso me daba igual. Yo quería que se supiera lo que hizo para que no volviera a pasarle a nadie más. Y me ha llevado años, terapia, tiempo y esfuerzo saber que quería hacer esto. Si queremos, nuestra herida puede ser útil, pero no es necesario. Cada víctima o superviviente tiene derecho a vivir su proceso como considere. 

Cuentas en el documental que tu proceso judicial te ha costado tiempo, dinero y reabrir heridas una y otra vez. A día de hoy, ¿recomendarías a una mujer que ha sufrido una agresión que denuncie?

No lo sé, es que es un proceso muy complejo y que conlleva muchas cosas, no solo una inversión económica altísima –en mi caso, de casi 10.000 euros–. Para mí el momento del juicio fue muy importante, como un antes y un después en mi vida. Ahora hace un año del juicio y me parece que hubieran pasado diez. Es importante porque me ha permitido volver a contactar con mi sexualidad, sacarme un peso de encima y sentirme orgullosa de mí misma. Pero lo que no te cuentan es que a lo largo del proceso vas a tener que estar respondiendo preguntas ante personas desconocidas que no están ni relacionadas con la agresión, como las notas que sacabas cuando eras pequeña o la relación que tienes con tu padre. Se nos pone el foco a nosotras y parece que tenemos que ser la víctima perfecta.

Justo de eso quería hablarte. En casos como el tuyo, es habitual que el foco se ponga en las víctimas o supervivientes, en lugar de en los agresores. Tú en la película inicias una investigación para buscarlo, y lo encuentras. ¿Cuál era tu objetivo?

Durante 10 años viví obsesionada pensando por qué él me escogió a mí, por qué hizo eso ese día y por qué conmigo. Y necesitaba tenerle delante para que me lo explicase, pero también para que me viera viva. Él me había arrebatado mi cuerpo, mi juventud, casi me muero por su culpa. Con los años comprendí que era como un veneno que entró en mi cuerpo: no solo me metió los dedos en la vagina, sino que logró meterse dentro de mí durante años. Así que para mí era importante que me viese la cara y decirle: “Aunque hayas intentado quitarme lo más vital, yo sigo aquí. Estoy viva”. 

El papel de tu exnovio es central en la película y en la obra de teatro. No solo te hace la pregunta clave, ¿por qué no hiciste nada?, sino que llega a plantearte si tú estás 100% segura de que el agresor no creía que te estaba gustando lo que hacía. ¿Crees que esto forma parte del problema, que probablemente el agresor no se vea como tal y que otros hombres también cuestionen el hecho mismo de la agresión? 

Esta es una de las preguntas que yo más he hecho a mi abogada y a otras expertas con las que he hablado: ¿Puede ser que el agresor no fuera consciente de lo que estaba haciendo? Pero creo que no: si un cuerpo se cierra ante ti, eso se nota perfectamente, lo que pasa es que tú puedes escoger no prestar atención y seguir adelante. 

¿Crees que el mensaje de supervivencia que envías en tu película debería interpelar y remover también a los hombres?

Sí, porque es una cuestión de todos y todas. Seguir pensando que es un tema solo de mujeres nos aleja de que esto deje de pasar. La revolución más eficaz es hablar. Es muy necesario que ellos escuchen este relato universal. Una de las cosas más transformadoras que yo he vivido en este proceso es que se me acerquen hombres que quieren revisarse y que me dicen: “Yo no sé si he podido hacer algo así”. 

Otro de los ejes centrales de tu trabajo es el cuestionamiento permanente de tu papel en todo esto. ¿Te has sentido una mala víctima?

Sin duda, yo soy una mala víctima, soy un grano en el culo del sistema. En algunas ocasiones me he sentido fatal por seguir saliendo de fiesta, por follarme a quien quería… Pero ya no. Porque no existe ese ideal de la buena víctima, igual que no existe el ideal de la buena mujer. Es una idealización, un símbolo que se ha utilizado durante demasiado tiempo para que estuviéramos calladas.

También reconoces que tú misma has ido cambiando de opinión a lo largo de todos estos años: primero creías que no podías denunciar la agresión, que era algo menor, luego asumiste que habías sido penetrada sin consentimiento y por lo tanto violada. ¿Es importante reconocer que esos cambios de postura pueden darse en el proceso de una superviviente? 

Esta es una pregunta vital, superinteresante. Me la he estado haciendo mucho últimamente. Las mujeres tenemos derecho a cambiar de opinión, porque a lo largo de nuestra vida estamos en constante movimiento, en un proceso de evolución y de cambio. En medio de una situación traumática como la que yo viví, en la que estamos luchando por sobrevivir, se nos exige una coherencia total. Y exigirle eso a una mujer es muy violento. 

Muchas mujeres se sienten identificadas como víctimas cuando salen de tu obra de teatro, incluso responden a un cuestionario sobre si han sufrido alguna agresión y muchas contestan que sí. ¿Crees que por eso conecta tanto a las mujeres y remueve a quien te ve? 

Es una realidad absoluta que no necesitas ser violada para sentir los efectos de un abuso. Todas hemos vivido algo parecido, aunque sea una mano en el culo en una discoteca. Yo lo que quería era mostrar la realidad de un cuerpo agredido, lejos de la romantización de una víctima. Y eso conecta mucho con el público y remueve muchas emociones. 

Una década después de tu agresión, ¿te sientes realmente reparada?

Una de las cosas que yo creía en este proceso de reparación era que cuando encontrara una respuesta para mi pregunta automáticamente estaría curada y sería libre. Y esto no ha sido así. Ahora sé que no hice nada porque no pude, pero también sé que nunca en la vida seré la misma de antes. No voy a dar las gracias por lo que me ha pasado, pero sí a mí misma, por haber sabido sobrevivir. 

¿Cuáles han sido para ti los elementos más importantes en tu proceso de sanación?

He dejado de salir con gente que perpetuaba mi herida, he dejado de drogarme y de autodestruirme, he dejado de tener conductas que me ponían en riesgo. Parece muy fácil decirlo, pero me ha costado tiempo, esfuerzo y terapia poder ser la adulta que soy ahora. De hecho, hace poco volví a vivir una agresión en una discoteca, un chico se colocó detrás de mí y empezó a sobarme el culo y susurrarme cosas en el oído. Y fui capaz de salir detrás de él y empujarle fuera de la discoteca. Ahí honré a mi Bàrbara del pasado y del presente. 

¿Y cómo encaras la promoción de la película? ¿Cómo estás ahora? 

Estoy nerviosa y removida, porque al final revisitar este tema es muy duro para mí. Pero voy a permitirme llorar en las entrevistas de promoción y en el estreno, si me hace falta. Porque es la realidad de mi cuerpo y no quiero disociarme más.

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