Alexandra Lange, crítica de diseño y arquitectura: “Hay que construir ciudades adaptadas a las infancias y familias”
Alexandra Lange (Estados Unidos, 1973) es crítica de diseño y arquitectura, además de escritora. Publica en medios como The New Yorker o The New York Times. Su trabajo se ha centrado en los últimos años en estudiar el diseño de espacios públicos y privados desde una perspectiva de infancia: analiza cómo afectan los lugares y los objetos con los que niños y niñas interactúan en su desarrollo y autonomía. Acaba de publicar El diseño de la infancia (Capitán Swing, 2026), que ha recibido el Premio Pulitzer de la Crítica de 2025.
La primera pregunta, la más obvia: ¿por qué es importante el diseño de espacios para la infancia?
El diseño de los espacios destinados a la infancia es tan importante porque, en los primeros años de vida, el cerebro del niño tiene una plasticidad increíble. Por eso, todo lo que se les muestre y los espacios en los que se muevan tendrán un efecto duradero en su cerebro, en sus intereses y en sus capacidades.
¿Seguimos concibiendo los espacios de convivencia –las casas, las escuelas, los parques, los barrios o las ciudades– desde una perspectiva adultocéntrica?
Sí, sin duda seguimos construyendo un mundo pensado para los adultos. Pero para garantizar que los niños puedan crecer felices y sanos, y teniendo en cuenta que en muchos lugares están preocupados por la tasa de natalidad, tenemos que construir ciudades más adaptadas a las infancias y a las familias. Seguimos haciéndolo mal, y deberíamos hacerlo mejor por toda una serie de razones, empezando por la salud pública y el futuro de la raza humana.
¿Cómo serían esos espacios si los diseñasen niños y niñas?
Esta es una pregunta imposible de responder porque los cerebros de los niños son tan variados como los de los adultos y, como podemos ver en el mundo que nos rodea, los diseñadores pueden crear casi cualquier cosa. La idea de que los espacios infantiles siempre tienen que ser coloridos, blanditos o cualquier otra cosa por el estilo no es más que una proyección de los adultos sobre la infancia. Creo que los niños probablemente diseñarían cosas a menor escala, a las que puedan acceder y manipular fácilmente y que estén en sintonía con sus intereses particulares, pero las posibilidades son infinitas.
El libro sostiene que niños y niñas aprenden a partir de la experimentación en sus entornos más cercanos: sus juegos, su casa, el parque, su escuela, su barrio y/o su ciudad. ¿Van cambiando sus espacios de referencia según van creciendo?
Sí, sin duda. Cuando tu hijo es pequeño, su mundo se limita básicamente a la manta sobre la que juega, la habitación en la que está y los juguetes que hay en esa habitación. Pero una de las cosas importantes a las que los niños necesitan tener acceso a medida que crecen es a cada vez más espacio. Pasar de esa manta hasta, finalmente, como adolescente, poder explorar con seguridad toda una ciudad. Y una de las cosas en las que los arquitectos y urbanistas adultos deben pensar es en cómo hacer que sea seguro para los niños explorar por su cuenta estos entornos geográficos en constante expansión.
En los primeros años de vida, el cerebro del niño tiene una plasticidad increíble. Todo lo que se les muestre y los espacios en los que se muevan tendrán un efecto duradero en su cerebro, en sus intereses y en sus capacidades
¿Y cómo se consigue esa seguridad para la infancia y la adolescencia?
Esa es una de las cosas más importantes: que los urbanistas tengan en cuenta temas como la seguridad vial, para poder darle a la infancia acceso al uso de bicicletas o al transporte público. Esa misma mente exploradora que lleva a un niño a gatear hacia el armario de los juguetes, sacarlo todo y tirarlo al suelo, es la misma mente que luego quiere ver qué pasa al final de la línea de metro, y tenemos que fomentar eso en los niños de todas las edades.
Centrándonos en uno de esos espacios, los parques infantiles, ¿tiene sentido que la mayoría de ellos estén diseñados con elementos fijos, que dejan poco espacio a la imaginación?
Tradicionalmente, los parques infantiles básicos han contado con cuatro elementos: columpio, tobogán, balancín y arenero. Y el arenero es clave, porque es uno de esos elementos básicos del juego que está pensado específicamente para el juego libre. Ahí se puede hacer lo que se quiera con la arena: añadir agua, cavar, traer pequeños vehículos... Creo que en los últimos 20 años se han eliminado los areneros en muchos sitios por miedo a los gérmenes y las enfermedades, y porque requieren mucho mantenimiento. Pero es importante recordar que, históricamente, los parques infantiles sí contaban con eso, con elementos manipulativos, y tenemos que dejar que los niños tengan cierta autonomía sobre su juego y sobre la creación de las estructuras para jugar.
Y en otro de esos espacios, las casas, ¿cómo conjugar la necesidad de espacio de la infancia con la realidad estructural de hoy en día? En España vivimos una crisis de la vivienda con precios disparados y viviendas cada vez más pequeñas.
Sí, es importante saber que no todo el mundo tiene la posibilidad de disponer de un espacio independiente para su hijo o para que juegue dentro de casa, y eso no significa que sean malos padres ni que su hijo vaya a tener una infancia infeliz. Creo que la solución pasa por contar con mejores espacios públicos y comunitarios en los barrios que la gente pueda utilizar fuera de sus hogares, del mismo modo que mucha gente utiliza espacios de coworking fuera de casa como oficina. Eso significa contar con parques en el barrio, con bibliotecas públicas, que también puedan tener espacios comunitarios abiertos para jugar y pensar en otros espacios interiores que sean económicos y a los que las familias puedan acceder cuando necesiten un respiro fuera de casa.
La idea de que los espacios infantiles siempre tienen que ser coloridos, blanditos o cualquier otra cosa por el estilo no es más que una proyección de los adultos sobre la infancia
En el libro apunta que la mayor parte de las diseñadoras y/o arquitectas que piensan en la infancia son mujeres. Además de la perspectiva de infancia, ¿tiene este tema también una lectura de género?
Históricamente, muchas de las diseñadoras y creadoras de espacios de juego eran mujeres, ya que trabajar con niños o para niños era una de las pocas salidas profesionales a las que podían acceder las mujeres. Creo que hoy en día hemos avanzado y las mujeres tienen más opciones profesionales y no tienen por qué trabajar con niños. Pero, obviamente, sigue siendo una opción estupenda. Escribir sobre este tema me ha permitido destacar el trabajo de mujeres que no eran consideradas diseñadoras, pero que trabajaban en el ámbito educativo y que han inventado algunos de los objetos más influyentes para niños y niñas.
Desde el punto de vista ideal, ¿cómo sería un diseño de espacios o una arquitectura feminista y que tuviera en cuenta también la perspectiva de infancia?
Para intentar imaginar la utopía feminista de una ciudad diseñada para las familias por mujeres solo hay que fijarse en Viena, bajo la dirección de la urbanista Eva Kail, quien instauró allí nuevas prácticas de diseño feminista hace unos 20 años, lo que ha dado lugar a numerosos ejemplos de patios diseñados para familias, un diseño de calles más seguro con muchas bicicletas y una gran atención a la proximidad de los servicios, de modo que las redes de equipamientos como parques, colegios y bibliotecas, así como esos patios de bloque, se encuentran a distancias que los niños pueden recorrer por sí mismos.
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