Entrevista Manuel Albela, epidemiólogo
Crece la preocupación por el brote de ébola en el Congo: “Está fuera de control, tememos que cruce fronteras”
La Organización Mundial de la Salud declaró hace unos días la “emergencia de salud pública de importancia internacional” por un nuevo brote de ébola, detectado en la República Democrática del Congo. La nueva cepa, de la que se han identificado casos también en Uganda, ha dejado ya más de 130 fallecidos y medio millar de casos sospechosos. Organizaciones y autoridades sanitarias tratan ya de contener la propagación de un virus para el que no existe tratamiento ni vacuna, con el recuerdo de la gran crisis de 2014.
“Ahora tenemos gente con experiencia”, avanza desde Ginebra el epidemiólogo de Médicos Sin Fronteras (MSF) Manuel Albelda. Esta entidad ha desplazado a la zona a 50 trabajadores internacionales y cuenta con alrededor de 500 a nivel nacional, para una intervención que prevé larga. Sobre todo, a tenor de “la magnitud y la incertidumbre de los números”: “Vemos una epidemia fuera de control”.
¿Qué diferencia a este brote de ébola de otros que se han producido en la región?
La principal diferencia es que el virus bundibugyo es relativamente nuevo. Solo ha habido otras dos epidemias, en Uganda en 2007 y en Congo en 2012, con muchos menos casos de los que estamos viendo ahora. En segundo lugar, no hay tratamientos ni vacunas aprobadas y el diagnóstico es mucho más complejo. Los métodos existentes estaban adaptados a las cepas de ébola que ya conocíamos.
¿Cómo funciona esta cepa concreta?
Por los datos de las epidemias anteriores suponemos que el virus es menos mortal que el de Zaire, pero necesitamos más evidencia. Su repositorio está en animales, principalmente en murciélagos. Esto concuerda con el epicentro de esta epidemia, una zona de minas donde pueden estar presentes. El virus salta del animal a la persona y luego de persona a persona por contacto cercano con fluidos de pacientes infectados. La transmisión ocurre, sobre todo, cuando comienzan a desarrollarse los síntomas. Cuanto más enferma está la persona, más infecciosa se vuelve. Incluso los cuerpos, después de fallecer, sigue siendo muy infecciosos. Ahí es donde entramos en la parte de los entierros y las prácticas culturales.
¿Cuáles son las medidas más eficaces para contener el brote?
La prioridad es la bioseguridad, para que los pacientes y los equipos médicos puedan trabajar y ser tratados de forma segura. Además, hay que construir centros de tratamiento específicos. Ahora mismo los hospitales generales y las clínicas se están saturando con casos sospechosos a los que se intenta aislar en zonas que no están preparadas, lo que puede hacer que la transmisión se multiplique en esos centros de salud.
Que sea una zona con grandes movimientos de población, en conflicto y con pobreza, donde ya hay múltiples enfermedades endémicas, afecta a los servicios y al acceso a la salud. La gente va más tarde a los hospitales y es un factor que hace que el virus haya estado circulando durante semanas sin ser detectado"
¿Cómo influye el conflicto armado, los desplazamientos y la pobreza en la zona en la propagación?
El contexto de Ituri es muy complejo y todos esos factores afectan a la evolución de la epidemia. El hecho de que sea una zona con grandes movimientos de población, en conflicto y con pobreza, donde ya hay múltiples enfermedades endémicas, afecta a los servicios y al acceso a la salud. La gente va más tarde a los hospitales y es un factor que hace que el virus haya estado circulando durante semanas sin ser detectado.
¿Han fallado los sistemas de detección?
Los sistemas de detección son complicados y los fondos para desarrollar estos sistemas no están siempre ahí. En esta región hay muchísimas zonas de salud y es difícil que todas estén al tanto de lo que pasa. Congo es un país que conoce bien el ébola —esta es la 17ª epidemia—, pero los primeros síntomas pueden confundirse, por ejemplo, con malaria, lo que hace que pase desapercibido.
¿Cómo está afectando el ébola a la atención de esas otras enfermedades?
Esta fue una de las lecciones aprendidas de la gran epidemia de 2014 en África del Oeste, donde el foco se puso en ébola y todo lo demás se dejó un poco de lado. Ahora intentamos trabajar en paralelo: poner toda la infraestructura necesaria para tratar ébola y, al mismo tiempo, reforzar hospitales y clínicas, para que puedan seguir tratando malaria, sarampión, malnutrición y todas estas otras condiciones que siguen estando presentes y que en 2014 también incrementaron la mortalidad.
¿Con qué herramientas cuentan ahora que tenían en 2014?
Sobre todo, las lecciones aprendidas tanto de esa como de las pandemias que llegaron después. Ahora tenemos gente con experiencia y una relativa facilidad para montar centros de tratamiento.
Este brote afecta a una cepa para la que no existe una vacuna. ¿Qué implica eso en la práctica?
La vacuna que existe ahora mismo es para el virus ébola Zaire. Hay estudios hechos en no humanos que hablan de una protección para el bundibugyo, pero, por ahora, no hay nada disponible para los pacientes ni los equipos médicos.
Desde Médicos Sin Fronteras, ¿cómo gestionan una crisis así sobre el terreno?
Cuando los equipos llegan se coordinan con el Ministerio de Salud de Congo, que ya tiene mucha experiencia. Además, todos los equipos que estamos enviando tienen experiencia previa en ébola. Trabajamos en siete pilares de intervención: bioseguridad, seguimiento y detección de los pacientes, sensibilización de las comunidades sobre la enfermedad, entrenamientos seguros y la búsqueda activa de casos y el apoyo a las estructuras de salud existentes. Para eso no solo tenemos médicos, también contamos con equipos de promoción de la salud, de logística y de recursos humanos. Nos preparamos para lo peor, esperando lo mejor, pero viendo la magnitud y la incertidumbre de los números, prevemos una intervención larga.
Si se mantiene centralizada en Congo, puede ser más sencilla de gestionar, pero en Sudán del Sur, Tanzania y Kenia es donde toda la dinámica de la pandemia puede cambiar"
¿Cuál sería el escenario más probable en los próximos meses?
Hoy por hoy, es difícil decirlo. Ahora mismo estamos viendo una epidemia fuera de control, con nuevos casos día tras día e información de sospechosos en diferentes lugares en el este del Congo. Nuestro temor es que empiece a saltar fronteras. Sabemos que hay casos confirmados en Uganda, relacionados con pacientes que salieron de Ituri, pero estamos muy pendientes de Sudán del Sur, Tanzania y Kenia, que pueden detectar casos. Si se mantiene centralizada en Congo, puede ser más sencilla de gestionar, pero en esos países es donde toda la dinámica de la pandemia puede cambiar.
¿Podría llegar a Europa?
Siempre puede haber importación de caso, pero, que yo recuerde, nunca ha habido una transmisión local fuera de África. Los sistemas de vigilancia de los países del norte están más desarrollados y es más sencillo detectar casos, sobre todo cuando sabemos que hay una epidemia en marcha en Congo. Nuestra preocupación está en esos países vecinos.
¿La comunidad internacional está reaccionando con suficiente rapidez?
Siempre decimos que nada es lo suficientemente rápido cuando tratamos una epidemia de ébola. Hay una necesidad importante de movilización de fondos para las organizaciones que quieren trabajar en el terreno y es importante que la OMS haya declarado una alerta internacional al más alto nivel, lo que comienza una colaboración que debe estar a la altura de la magnitud de la epidemia.
Pongámonos en el día después de superar una crisis sanitaria de este tipo ¿Qué ocurre con la población?
Es una enfermedad muy cruel, que mata a familias enteras, deja a un solo miembro o a niños huérfanos, en países que tienen menos medios. En ese sentido, tenemos un acompañamiento cercano con los pacientes y equipos de salud mental de Médicos Sin Fronteras que forman parte de la respuesta a la epidemia, pero, a largo plazo, es más complicado de gestionar. Intentamos trabajar con proyectos regulares que se van quedando en la zona y, sobre todo, colaborar con otras organizaciones y el Ministerio de Salud del Congo para hacer el seguimiento de los supervivientes.