ANÁLISIS
Un spray de gas pimienta para fingir que te importan las mujeres
La diputada y responsable de Interior del Partido Popular, Ana Vázquez, subió el miércoles a su escaño en el Congreso con un spray de gas pimienta. Lo mostró mientras intervenía en la sesión del control al Gobierno para, aseguraba, poner sobre la mesa el miedo y la inseguridad que sufren mujeres y niñas en Ceuta. “¿Sabe lo que es esto? Es el símbolo de la falta de libertades que sufren las mujeres ceutíes. Este es el material escolar básico”, le espetaba Vázquez al ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska. Ese bote de gas pimienta puede ser, efectivamente, un símbolo: el de cómo las derechas intentan criminalizar a los migrantes mientras ignoran las violencias machistas que sufrimos las mujeres cada día en todas partes y para las que un spray de autodefensa no alcanza.
Que le pregunten, por ejemplo, a la exconcejala que se querelló contra el alcalde de Móstoles (del PP), Manuel Bautista, por acoso sexual. Pese a la denuncia pública y a la querella, el Partido Popular mantiene su apoyo a Bautista, que sigue en el cargo. ¿Hubiera tenido la exedil el beneficio de la duda de su partido de haber sacado un spray de gas pimienta y rociado al alcalde durante alguno de los episodios de acoso que describió? Un 40% de las mujeres que viven en España han sufrido acoso sexual en algún momento de su vida, según la Macroencuesta de Violencia de Género. En uno de cada cinco casos ese acoso tuvo lugar en su ámbito laboral.
Porque, si seguimos con los datos, la evidencia muestra que la inmensa mayoría de la violencia sexual no la cometen hombres que deambulan por las calles sino hombres que conocen a las mujeres que agreden. En el caso de las agresiones sexuales que se cometen fuera de la pareja, el 62,7% de los agresores son amigos o conocidos de las mujeres y el 23,1%, familiares. Es decir, muy lejos del estereotipo de hombre desconocido de la nacionalidad que sea que llega para violarte, en el 85% de las agresiones sexuales fuera de la pareja, los perpetradores son tipos que violentan a mujeres que ya conocen.
Tendríamos entonces todas que llevar gas pimienta en el bolso porque podríamos necesitarlo en cualquier momento: en la escuela, en el trabajo, en un cumpleaños, en una cita, en una reunión familiar o en un encuentro con antiguos compañeros de lo que sea. La realidad es que Ana Vázquez esgrime ese bote, no porque esté pensando en toda esa bolsa de violencia sexual y en quienes la sufren, sino porque le ayuda a trazar un dibujo: el del inmigrante que viene a España a violar a las mujeres. La violencia sexual aparece así como algo mucho más concreto y controlado: es una violencia que no tiene que ver con un mundo machista sobre el que habría que actuar, sino con un puñado de hombres extranjeros de procedencias muy específicas. Según ese razonamiento, si quitamos a esos hombres de la ecuación, el problema se acabaría.
Es un planteamiento muy útil para normalizar políticas racistas, pero muy poco eficaz si lo que de verdad se quiere es prevenir y erradicar la violencia sexual. Que Ana Vázquez saque en su escaño un spray de gas pimienta forma parte de esa estrategia: alimentar el miedo y el odio hacia los migrantes, vincular hombres marroquíes y violencia sexual, y mostrar muchísima preocupación por la seguridad de mujeres y niñas ceutíes, mientras ignoras las causas de las violencias machistas, abrazas el negacionismo y caricaturizas al feminismo. Preguntan dónde estamos las feministas a la hora de hablar de Ceuta y podríamos nosotras devolverles la pregunta: ¿Dónde están el PP y Vox cuando se trata de hablar de las causas y soluciones a la violencia sexual? ¿Dónde están cuando hay que firmar el Pacto de Estado contra la Violencia de Género o cuando hay que dar presupuesto a las consejerías y concejalías de igualdad? ¿Dónde están cuando hay acusaciones de acoso o violencia sexual en sus filas?
Entre el 30 de julio y el 14 de septiembre han llegado a los juzgados de Ceuta 37 denuncias por agresión sexual en la ciudad autónoma. Las diligencias previas abiertas afectan a un total de 39 víctimas: un varón y 38 mujeres, de las cuales 14 eran menores de edad, según un informe del Servicio de Inspección difundido por el Consejo General del Poder Judicial. En 2024 se denunciaron en España 22.846 delitos contra la libertad sexual, aunque la Macroencuesta de Violencia y, en general, las expertas señalan que solo se denuncian un porcentaje muy bajo.
Cualquier agresión sexual es siempre grave e inaceptable, en Ceuta y en cualquier otro lugar, y merece atención, recursos y reflexión. Si solo te importan las que suceden en una ciudad concreta, en un momento concreto, entonces tu foco no está en las violencias machistas o en las mujeres. Es más fácil, eso sí, hacer una performance con gas pimienta y señalar a unos pocos hombres, que reconocer que se trata de un problema estructural con el que convivimos y que no se va a solucionar ni con sprays ni con expulsiones.