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CRÓNICA

El PP añade el gas pimienta a su menú explosivo habitual en el Congreso

23 de septiembre de 2026 22:22 h

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Los diputados del Partido Popular están en el Congreso como en su casa. Bastante hacen con no aparecer en los escaños en bata y zapatillas. Cada miércoles, montan un cirio con gritos e imprecaciones no porque sean gente de natural irascible, sino porque quieren representar que el país entero se ha ido por el sumidero y el Gobierno está involucrado en todo tipo de desmanes. Es una mezcla de teatro kabuki y la batalla de El Somme en la Primera Guerra Mundial.

Este miércoles le tocó el turno a una sospechosa habitual, Ana Vázquez, siempre preparada para denunciar con sus gritos a Marlaska y con un pasado igualmente tumultuario en Galicia. Esta vez, se superó. Enseñó un spray de gas pimienta, como los que han empezado a llevar consigo algunas mujeres en Ceuta. No hay que ser Colombo o Sherlock Holmes para saber de quién era el spray de gas pimienta que se vació en los baños de uno de los edificios del Congreso unos minutos después. Varias personas tuvieron que ser atendidas y hubo que cerrar varias dependencias. Poco después, Blanco daba entrevistas en televisión en las que dijo que el bote estaba vacío.

En un gesto que algunos calificarían de buenista, el Congreso no permite la entrada con armas en sus instalaciones. La presidenta, Francina Armengol, la llamó al orden y le ordenó salir del hemiciclo. Vázquez se negó y fue jaleada por los gritos de sus compañeros. “¡No sale!”, gritó un diputado. Segundo apercibimiento de Armengol que supone una amenaza de expulsión. “¡Pero de qué vas!”, fue otro grito que se escuchó con la bancada desatada. Vázquez aceptó finalmente salir y fue despedida por una ovación en pie del grupo del PP, excepto Alberto Núñez Feijóo, que prefirió no infringir eso que los políticos llaman decoro institucional.

Los demás diputados de su partido no estaban obligados a respetar tal cosa, por lo que se aplicaron con energía a engordar la crónica de sucesos. En las preguntas posteriores de la sesión, los portavoces del PP se turnaron para menospreciar a Armengol.

Feijóo en persona salió a los pasillos para mostrarse indignado. Muy indignado. “No es cierto que sea un arma”, empezó diciendo. “Entonces, hay que detener a todas las mujeres que lo llevan en Ceuta”, continuó, ignorando que las prohibiciones que existen dentro del Congreso no afectan a lo que pasa en la calle. “No se puede decir a una diputada del PP que ha metido un arma en el Congreso”, dijo, aunque eso era precisamente lo que había ocurrido. Por todo ello, Feijóo afirmó que la sesión de control había sido “bochornosa” y que Armengol había actuado como una “indocumentada”. Decoro institucional pero hasta cierto punto.

En el reglamento de armas vigente incluido en una orden ministerial publicada en el BOE aparece que está prohibida la publicidad, compra y tenencia de “los sprays de defensa personal y todas aquellas armas que despidan gases o aerosoles, así como cualquier dispositivo que comprenda mecanismos capaces de proyectar sustancias estupefacientes, tóxicas o corrosivas”. Algunos modelos homologados por el Ministerio de Sanidad sí están aceptados y pueden comprarse en armerías presentando el DNI. Pero siguen siendo armas y por eso, con perdón por la obviedad, se venden en armerías.

El PP prefirió negar la evidencia y lanzarse en tromba contra Armengol. Las televisiones hicieron cola para entrevistar a Vázquez, encantada con toda la atención. Era la protagonista del show, qué más podía pedir. Lleva en política desde los 20 años y es diputada desde hace 26. Todo lo que ha aprendido en el legislativo se puede resumir en el espectáculo que ofreció el miércoles. Con los periodistas en los pasillos volvió a utilizar la falacia de que se estaba acusando en realidad a las mujeres de Ceuta o a los niños que lo llevan en la mochila. Nadie había dicho algo parecido. Y se puso chula: “Lo volveré a traer (al Congreso) las veces que haga falta”.

Vázquez dijo que el bote estaba vacío cuando lo enseñó. “Obviamente, lo cerré por si olía algo cuando lo vacié en la calle”, lo que luego se vio que no era del todo cierto. Insistió en que “inmediatamente” lo iba a llevar a la comisaría del Congreso, pero resulta que no fue allí a entregarlo. Tuvo que ser un responsable policial el que se desplazara para que se lo diera.

Todo adquirió un cariz distinto cuando se detectó en otro edificio del Congreso que alguien había vaciado un spray de pimienta en un baño. El gas pasó por los circuitos de ventilación y dañó a varias personas de una delegación de Mauritania, que se llevó un recuerdo imperecedero de su visita a España. Una docena de personas fue atendida por los servicios médicos por mareos e irritación en ojos y garganta. Una trabajadora recibió la baja por intoxicación. Tres baños, el comedor y una cocina fueron acordonados para que nadie entrra en ellos.

Y no se vayan todavía que aún hay más. En otro giro no tan inesperado de la trama, un trabajador del grupo parlamentario del PP confesó a los periodistas que él había liberado el gas por accidente en un baño. Vázquez le pasó el recipiente para que “lo limpiara”, porque lo iban a tocar varias personas. En otras palabras, en vez de entregarlo de inmediato a la policía, le endosó el marrón a una persona obligada a obedecerla. Seguro que la diputada pretendía en ese momento pasarse por las televisiones con él en la mano. Un poco de atrezo nunca hace daño en las pantallas.

Según la versión del trabajador, que servía para exculpar a la diputada, debía de quedar algo de gas en el interior que terminó saliendo al manipularlo. Dijo que no notó ningún efecto. Otras personas no pudieron decir lo mismo.

Resulta muy cansino oír a políticos decir que una iniciativa o declaración se ha hecho para levantar una cortina de humo con el fin de que no se hable de un tema determinado. Por ejemplo, sobre Ceuta estos días. El PP lo consiguió casi sin pretenderlo gracias a la diputada que quiere hacer méritos para ocupar cargos en el futuro y a la reacción pavloviana de sus jefes de convertir cada pleno en una batalla a muerte contra el Gobierno. Diputados armados con gas pimienta es la última de sus innovaciones.