Virginia Gil: “Hay la sospecha instalada de que las mujeres que denuncian violencia sexual tienen un fin oculto”
La ley del solo sí es sí no fue “la meta” sino “el punto de partida” para conseguir un cambio de paradigma en cómo se previene, se atiende y se investiga la violencia sexual. En Aspacia lo saben bien: la organización feminista lleva años trabajando en incidencia, atención e investigación. Su directora, Virginia Gil, sabe bien que los casos que involucran a personajes muy conocidos, como el de Julio Iglesias, o que, por algún motivo, tienen especial repercusión lanzan mensajes sociales que pueden servir para animar a la denuncia o para desincentivarla.
En enero, la Fiscalía archivó la denuncia de dos extrabajadoras contra Julio Iglesias por falta de competencia, una decisión cuestionada por juristas y por organizaciones como Amnistía Internacional, que le pide ahora que reconsidere su postura ante la querella interpuesta por las mismas mujeres. ¿Qué mensaje cree que envió ese archivo?
De alguna manera, mandó un mensaje desesperanzador para las víctimas, que depositan su confianza en que alguien las escuche. Sabemos efectivamente que, cuando las víctimas buscan justicia, normalmente ponen una gran confianza en que se las escuche y cuando ni siquiera se está dando cauce a una denuncia hay una decepción, porque en esa decisión no se entró ni siquiera a valorar los hechos. Cuando una mujer da el paso de dar a conocer un caso y denunciarlo, pone mucha esperanza en que va a obtener justicia y reparación.
¿Hay problemas para que las víctimas de violencia sexual en España acudan a la justicia o para que encuentren justicia?
Sí, y lo dice la Macroencuesta de Violencia sobre la Mujer: tan solo el 8% de las mujeres denuncian y eso tiene que ver en gran parte con su falta de confianza para acudir a la justicia y sentir que las van a creer y no se van a sentir juzgadas. Desde 2017 prácticamente se ha duplicado el número de delitos conocidos por violencia sexual y eso no nos habla de que haya más delitos. Lo que ha sucedido es que ha habido más mujeres que han sentido que la sociedad las iba a creer y que la justicia estaba preparada para atenderlas adecuadamente.
Dar el paso a la denuncia es proceso muy complejo. Los casos tardan de media unos tres años en llegar a juicio y en ese proceso no todos los operadores jurídicos están formados como deberían. No está pensado el proceso judicial para poner en el centro los intereses de las víctimas y sus necesidades. El procedimiento tiene que ser muy garantista, pero también tiene que ser una justicia humanizada, consciente de que esas víctimas están contando algo muy complejo, traumático y doloroso.
¿Sigue habiendo prejuicios de género en la justicia, desconocimiento sobre cómo opera la violencia sexual y el trauma?
En nuestra opinión, sí, sigue habiendo mucho desconocimiento. Si bien es cierto que quizá hay planteamientos que se hacían hace años que ahora no se hacen de esa forma, sí son planteamientos que están pero transformados. A lo mejor no se hacen preguntas tan directas de si llevabas minifalda, pero sigue habiendo esa sospecha instalada sobre la víctima en que está contando algo porque tiene algún fin escondido. Y luego también mucho desconocimiento en cuanto cuáles son efectivamente las reacciones dentro de esa teoría del trauma y de cómo impacta la violencia sexual, a pesar de que ya bastante investigación a nivel de neurología y psicología en cuanto cuáles son las respuestas ante una situación que se define por sí misma como estresante. Nadie está esperando ser agredido sexualmente, muchas respuestas operan de manera inconsciente porque son también mecanismos de autodefensa.
Al final, todas las personas, independientemente del puesto en el que estemos, estamos influenciadas por creencias, mitos, estereotipos... y por eso hay que hacer un esfuerzo importante de revisarse y de ser consciente de qué creencias tengo yo sobre la violencia sexual. Sigue operando mucho esa idea de que la violencia sexual es solo la que ocurre en un callejón por la noche a manos de un desconocido y con uso de fuerza física. Y es sorprendente tener que seguir desmontando ese mito de la 'violación auténtica' cuando la evidencia y los datos te siguen diciendo que el grueso de los agresores son personas conocidas por la víctima y muchas veces de su entorno más íntimo.
Algunos comportamientos de víctimas pueden parecer paradójicos cuando no se tiene la sensibilización y el conocimiento sobre cómo opera la violencia sexual y el hecho de que venga de alguien conocido
A Laura y Rebeca se las ha señalado por enviar mensajes al cantante después de marcharse de sus casas, por ejemplo, o por no irse antes de allí. ¿Sigue habiendo un estereotipo sobre cómo debe comportarse una mujer que ha sufrido violencia sexual?, ¿hay comportamientos que pueden resultar paradójicos?
Pueden parecer paradójicos cuando no se tiene la sensibilización y el conocimiento sobre cómo opera esa violencia y sobre el hecho de que venga de alguien conocido. Cuando alguien te agrede por la noche en un callejón oscuro y es un desconocido, la persona identifica inmediatamente esa situación como una agresión sexual. El problema es cuando hay elementos que separan lo que tú vives de esa idea, cuando no hay uso de fuerza y en su lugar hay manipulación, incluso muy sutil, engaños, coacciones, miedo a perder un empleo que es necesario... Hay toda una serie de factores externos que operan de alguna forma como elementos de coacción, de presión para no contar algo.
También algo muy normal es buscar justificaciones. Muchas mujeres te dicen que no se daban cuenta o que no querían creer que esto les estaba sucediendo, porque no entra dentro de tus repertorios de ideas el que alguien que conoces te vaya a agredir sexualmente. Eso dificulta la identificación cuando la violencia se produce en una relación de amistad, de trabajo, sentimental... Cuanto más íntima es esa relación, más entra también el miedo a no querer perjudicar tampoco a la otra persona.
¿Las mujeres tienden a dudar de sí mismas, de lo que han vivido?
Eso también tiene que ver con que las mujeres hemos sido socializadas para no identificar esa violencia sexual, para creer que nosotras somos las que debemos protegernos y esto te lo comparten muchas mujeres. Dicen 'no debí subir con él a este sitio', 'no debí quedar con él', ' no debí hacer esto'. La falta de denuncia o la tardanza en denunciar tiene mucho que ver también con esto, porque primero tienes que poder identificar lo que has vivido, también con que contarlo sigue conllevando una vergüenza y un estigma para las mujeres. Muchas siente que va a cambiar la visión que tengan de ellas su familia, sus compañeros de trabajo, sus amistades...
Las mujeres hemos sido socializadas para no identificar esa violencia sexual, para creer que nosotras somos las que debemos protegernos y esto te lo comparten muchas mujeres. Dicen 'no debí subir con él a este sitio', 'no debí quedar con él', ' no debí hacer esto'...
¿En ese acceso a la justicia hay sesgos también de clase, procedencia, raza...?
Igual que operan los mitos o los estereotipos de género, si el racismo impregna la sociedad, también se traslada a la justicia. Hemos realizado distintas investigaciones precisamente para intentar documentar cuáles eran las dificultades de las mujeres migrantes para acceder a la justicia particularmente, pero también a otros servicios. Y efectivamente se constata que hay esos sesgos. Es muy habitual que las mujeres migrantes, cuando van directamente a la comisaría a interponer la denuncia, lo primero que les preguntan es por su situación migratoria y si de alguna forma eso que cuentan no es porque estén buscando quedarse o con poder conseguir una indemnización, cuando hasta la entrada en vigor de la ley del solo sí es sí, no existía la posibilidad de solicitar un permiso de residencia por una agresión sexual. A pesar de eso, había una creencia importante entre operadores en que esa era una de las causas de las denuncias. Con la nueva ley, la posibilidad del permiso es muy limitada porque precisas de una sentencia condenatoria y ya vemos las dificultades que hay simplemente en interponer denuncia.
Igual que hay ideas sobre cómo debe ser y comportarse una víctima de violencia sexual, ¿hay también estereotipos sobre los agresores? Cuando el hombre acusado es famoso o rico suele decirse eso de que por qué iba a hacerlo si 'no tiene necesidad'.
Hay que reformular esa idea. Cuando eres rico, famoso o popular, eso se torna de alguna forma en normalizar pensar que cualquier mujer está interesada en tener relaciones con esa persona y en que ellos den por hecho que eso va a ser así. También hay otros mitos que operan ahí, como que cuando las chicas dicen que no, en realidad quieren decir que sí o que para ligar simplemente hay que insistir.
No tiene nada que ver con acceso al sexo, sino con concebir que los hombres tienen derecho a tener sexo cuando ellos quieren, como ellos quieren y donde ellos quieren. Con ese mito de que los hombres tienen una sexualidad y un deseo mucho más activo, que no son capaces de controlar. Por eso se tiende también a culpabilizar a las mujeres y a exonerar a los hombres
¿Hay un intento en los últimos años de silenciar la violencia sexual?
Sí, ante el avance de la legislación, de las políticas y de las reivindicaciones de las mujeres y del movimiento feminista en posicionar la violencia sexual en el centro de la agenda hay un intento de cuestionamiento. Por ejemplo, con esas campañas que surgen muy rápidamente y que son muy agresivas para cuestionar a cualquier víctima de violencia sexual que se atreve a dar la cara. Al final no solo es silenciar a esa persona que decide dar el paso, sino que también busca asustar a otras mujeres que estuvieran pensando en salir públicamente. Por eso, los casos que implican a gente famosa tienen un efecto muy paradigmático. El hecho de que se saliera tan masivamente a denunciar la violencia sexual, su carácter estructural y sistémico, tan arraigado, y se ha vivido por parte de algunos sectores como una amenaza. Al final, implica un cuestionamiento personal, la revisión interna de muchos hombres. Y eso cuesta.
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