Mi experiencia como vacunadora en Reino Unido: profesionalidad, orgullo de la sanidad pública y condiciones laborales precarias
Poner una inyección en un brazo falso no se parece mucho a hacerlo en uno de verdad. Es una de las cosas que descubrí cuando inoculé a mi primer paciente en un centro de vacunación masiva del norte de Londres.
Se palpa el omóplato de la persona y se le pone la inyección dos dedos por debajo del hombro, en medio del músculo deltoides. En las prácticas, te dan un “brazo” color salmón hecho con esponja de silicona para ensayar. Pero en el mundo real cada brazo es único, lo mismo que las personas, y hay que tomarse un poco de tiempo con cada nuevo paciente tras cerrar la cortina azul reglamentaria del Servicio Nacional de Salud (NHS, por sus siglas en inglés).
Escribe Eleanor Morgan.