Despedida en dos actos de Pablo Iglesias, el hombre que se propuso asaltar los cielos y consiguió ser vicepresidente del Gobierno
“No sé lo que es el destino, caminando fui lo que fui”, se despedía Pablo Iglesias este martes de la política. Al filo de la medianoche, y con el recuento de las elecciones a la Comunidad de Madrid concluido, el secretario general de Podemos recuperó para su adiós una estrofa de El Necio, de Silvio Rodríguez, que sigue así: “Allá Dios, que será divino; yo me muero como viví”. Iglesias y Podemos irrumpieron en la política española en enero de 2014, reivindicando el 15M: “Dijeron en las plazas que 'sí, se puede', y nosotros decimos hoy que podemos”. Aquel día, en el Teatro del Barrio de Lavapiés señaló que “defender lo que dice la declaración universal de los humanos es revolucionario”. Y este domingo, en un discurso de cierre de campaña que a muchos ya sonó a adiós, realizó un repaso autobiográfico por estos siete años de frenética actividad política en el que aprovechó para reivindicar su incontestable legado: haber llegado a gobernar y demostrar que el papel de Podemos (hoy, Unidas Podemos) era el de “ser Estado” porque “el Estado es de la gente corriente” frente “a las élites y los enemigos de la democracia”.
Escriben Andrés Gil y Aitor Riveiro.