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Día Mundial del Ballet: las escuelas más influyentes de la historia

Ballet en el Teatro Bretón de Logroño

Adrián Roque

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El ballet es una de las formas artísticas más exigentes y refinadas del mundo. Su historia está ligada a reyes, revoluciones, genios de la música y cuerpos que han hecho del movimiento una forma de poesía. En el Día Mundial del Ballet, es imposible no mirar atrás y recordar a las grandes escuelas que moldearon este arte desde sus orígenes en Europa hasta su expansión global. Cada una con su propio sello, su método y su legado, pero todas unidas por la misma idea: la búsqueda de la perfección a través del cuerpo.

Francia: el nacimiento de la elegancia

El ballet nació en las cortes italianas del Renacimiento, pero fue en Francia donde se convirtió en un lenguaje universal. Bajo el reinado de Luis XIV, el llamado Rey Sol, el arte del movimiento alcanzó rango real. En 1661 se fundó la Académie Royale de la Danse, la primera escuela de ballet de la historia, bajo la dirección del coreógrafo Pierre Beauchamp, creador de las cinco posiciones básicas que aún hoy se enseñan en cualquier academia del mundo.

De aquella corte dorada surgió una herencia que perdura: la Escuela de Danza de la Ópera de París, fundada oficialmente en 1713. Es la institución más antigua en activo y un símbolo de disciplina, precisión y elegancia. Por sus aulas pasaron figuras como Aurélie DupontLaurent Hilaire o Manuel Legris, y su método, el llamado style français, sigue siendo la base del ballet moderno.

Rusia: técnica, fuerza y leyenda

Si Francia inventó el ballet, Rusia lo elevó al mito. A mediados del siglo XIX, coreógrafos como Marius Petipa o Enrico Cecchetti llevaron la danza clásica a su máximo esplendor con obras inmortales como El lago de los cisnesLa bella durmiente o El cascanueces. De esa tradición nació la Academia Vaganova, fundada en 1738 en San Petersburgo, que formó a bailarines legendarios como Anna PavlovaRudolf Nureyev o Mikhail Baryshnikov.

Junto a ella, la Academia del Teatro Bolshói, en Moscú, ha sido otro de los templos sagrados de la danza. Con más de dos siglos de historia, su estilo combina fuerza, musicalidad y una expresividad casi teatral. Sus egresados, como Nina Ananiashvili o Polina Semionova, son referencia mundial. En Rusia, el ballet no es solo arte: es una institución nacional.

Inglaterra: el rigor académico hecho arte

En el siglo XX, el ballet británico encontró su propio lenguaje gracias a The Royal Ballet School, fundada en 1926. De sus aulas salieron algunas de las estrellas más célebres del siglo pasado, como Margot Fonteyn o Darcey Bussell.

El estilo inglés se caracteriza por su precisión técnica y su dramatismo contenido, herencia directa del coreógrafo Frederick Ashton, autor de joyas como Sylvia u Ondine. Hoy, la escuela mantiene su prestigio con un plan de estudios de ocho años y un estricto proceso de selección que solo unos pocos logran superar.

América: la revolución neoclásica

Cruzando el Atlántico, el ballet estadounidense se consolidó de la mano de George Balanchine, creador del ballet neoclásico y fundador, junto a Lincoln Kirstein, de la School of American Ballet en 1934. De su trabajo nació el New York City Ballet, que cambió para siempre la forma de entender la danza: movimientos más veloces, menos ornamentos, más musicalidad y libertad escénica.

Balanchine abrió el camino a una nueva generación de coreógrafos y bailarines que redefinieron la estética del siglo XX. Hoy, la escuela sigue formando a los intérpretes que llenan los escenarios del American Ballet Theatre y del propio New York City Ballet.

Cuba, Italia y España: herederas del legado clásico

Fuera de los grandes centros europeos y norteamericanos, el ballet también encontró terreno fértil. En 1950 se fundó la Escuela Nacional de Ballet de Cuba, creada por Alicia Alonso, una de las figuras más respetadas del siglo XX. Con un modelo gratuito y una rigurosa formación técnica, ha formado a estrellas como Carlos Acosta o José Manuel Carreño, y su “método cubano” es admirado por su fuerza, pasión y musicalidad.

En Italia, la Escuela de la Scala de Milán, inaugurada en 1913, mantiene una tradición de ocho años de formación basada en la técnica italiana con influencias rusas y francesas. Y en España, el maestro Víctor Ullate consolidó una escuela que ha impulsado a generaciones de bailarines en danza clásica y contemporánea, situando el ballet español en el mapa internacional.

El ballet, un idioma universal

Desde los palacios barrocos de París hasta los teatros de La Habana o Nueva York, el ballet ha evolucionado sin perder su esencia: el diálogo entre cuerpo y música. Las grandes escuelas no solo han formado bailarines, sino también una manera de entender la belleza, el esfuerzo y la disciplina.

Hoy, en el Día Mundial del Ballet, cada plié y cada grand jeté siguen recordando que, aunque las técnicas cambien, el arte de contar historias con el cuerpo sigue siendo universal.

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