La fotoperiodista barcelonesa que retrató barrios marginales, la Transición o a Ella Fitzgerald
El Palau Robert de la capital catalana inaugura la exposición “Anna Turbau. En veu pròpia” para honrar a la fotoperiodista barcelonesa. Nacida en 1949, Turbau se convirtió en una figura clave de la documentación visual en España hasta su fallecimiento en el año 2025. Esta muestra, comisariada por la Fundación Photographic Social Vision, ofrece un recorrido exhaustivo por su mirada comprometida y militante. La exhibición no solo destaca sus logros profesionales, sino que sirve como un homenaje póstumo a sus profundos valores humanos.
Y es que Turbau, a través de su lente, capturó la esencia de una sociedad sumergida en una profunda y convulsiva transformación política. Su obra se distingue por un lenguaje renovado que se aleja del humanismo tradicional de la generación de los sesenta. Esta colección permite a los visitantes escuchar la propia voz de la autora como hilo conductor del recorrido artístico. Se presenta así una oportunidad única para redescubrir el universo personal de una pionera del fotoperiodismo catalán.
Su viaje artístico comenzó en la vibrante escena cultural de Barcelona mientras estudiaba diseño gráfico. Su contacto inicial con la fotografía estuvo ligado a la música, particularmente a los festivales internacionales de jazz locales. Uno de los descubrimientos más notables de esta exposición es la serie inédita de la actuación de Ella Fitzgerald. Estas imágenes, captadas a mediados de los años setenta, demuestran la temprana sensibilidad y proximidad de la autora hacia sus sujetos. Antes de ser una reportera de conflictos sociales, se centró en capturar el ritmo y el alma de los iconos del jazz. Sus primeras muestras, como “Fotografías de Jazz”, ya mostraban la fuerza expresiva que definiría toda su carrera posterior. Su capacidad para mezclar la exploración artística con la documentación era evidente incluso en estas etapas de formación.
En 1975, la fotógrafa comenzó a centrar su objetivo en las duras realidades del Raval y otros barrios marginales barceloneses. Su fotografía social se fijó en la pobreza y la marginación durante los últimos años del franquismo y la Transición. Tenía un interés específico en documentar las vidas de quienes quedaban fuera del discurso oficial de la época dictatorial. Las imágenes del “barrio chino” revelaron la precariedad que el régimen prefería mantener oculta al público mayoritario. La exposición incluye tomas potentes de comunidades gitanas en Ripollet y de internas en el centro de Wad-Ras. Turbau se acercó a estas personas con un respeto inmenso, dignificando a las personas que sufrían la desigualdad social. Al dar visibilidad a estas luchas, desafió la censura y el puritanismo imperante en el orden establecido de aquel entonces.
Su archivo contiene miles de negativos que documentan huelgas, luchas vecinales y la pelea por las libertades públicas. La muestra presenta momentos icónicos como la primera Diada de Catalunya celebrada tras el fin de la dictadura franquista. También inmortalizó el referéndum de la Constitución y el primer mitin multitudinario celebrado por el sindicato de la CNT. Su trabajo para revistas como Interviú y Primera Plana la consolidó como una reportera valiente y a menudo polémica. Formó parte de una generación de fotógrafos que usó la cámara como una herramienta de denuncia política constante. Pese a los riesgos de la represión policial, nunca dejó de documentar los movimientos que transformaban el país.
Un giro significativo en su carrera ocurrió cuando se trasladó a Santiago de Compostela para documentar la vida rural. Invitada por el Colegio de Arquitectos de Galicia, comenzó a construir un archivo visual masivo sobre las luchas regionales. Cubrió de forma célebre las protestas contra la autopista AP-9 y las huelgas de marineros tras diversos naufragios locales. Su lente se enfocó en la pobreza extrema de la Galicia rural, una realidad que comparó con el Medievo por su dureza. Pasó mucho tiempo con las matriarcas gallegas que sostenían familias enteras sin apoyo económico ante la ausencia de los hombres. Estas mujeres resilientes se convirtieron en un hilo conductor reconocible en su extenso trabajo de tipo documental. Sus imágenes del poblado gitano de O Vao destacaron su habilidad para forjar vínculos estrechos con sus retratados.
Una de las series más impactantes y celebradas de Turbau es su reportaje clandestino en el psiquiátrico de Conxo. Entró en la instalación secretamente para documentar las condiciones vergonzosas e inhumanas en las que vivían los internos. Su famosa fotografía de una niña con una muñeca en ese entorno sigue siendo un símbolo potente de la inocencia perdida. Por un compromiso ético con sus fuentes, se negó a publicar estas imágenes durante décadas para proteger a terceros. No fue hasta el año 2012 cuando este trabajo salió a la luz, revelando el maltrato diario que sufrían los pacientes. En estas fotos, trató a los internos con la misma dignidad y respeto que brindaba a todos sus demás sujetos.
Empatía y humildad
Su mirada estuvo siempre guiada por la empatía, buscando resaltar la humanidad incluso en los lugares más oscuros. La fotografía de Turbau se caracteriza por un realismo documental que busca reflejar el compromiso emocional de la artista. Ella veía la fotografía como un lenguaje silencioso con narrativa propia que permitía al espectador crear sus historias. Su elección del blanco y negro fue una necesidad técnica y una forma de aumentar la fuerza dramática de la imagen. Fue una artista autodidacta que se inspiró en grandes maestros como Robert Frank y Henri Cartier-Bresson para su obra. Para ella, tomar una fotografía implicaba una responsabilidad profunda y una relación de confianza con el retratado. Se negó a centrarse solo en la miseria, eligiendo dignificar a quienes habitaban los márgenes de la sociedad española.
Hoy, el legado de Anna Turbau es preservado y gestionado por su hijo, Dani Soler, y la Fundación Photographic Social Vision. La exposición actual en el Palau Robert resulta de revisar más de cuarenta mil fotografías de su valioso archivo personal. Su obra forma parte de colecciones prestigiosas como el Museo Reina Sofía y la Colección Nacional de Fotografía. Esta retrospectiva proporciona un espacio necesario para la memoria histórica, evitando el blanqueamiento del pasado represivo español. Al dar voz a los invisibles, Turbau construyó un tesoro cultural que sigue siendo relevante para las nuevas generaciones.
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