El origen de “salirse por peteneras”: un palo flamenco asociado a una cantaora de un pequeño pueblo gaditano
La expresión popular “irse por peteneras”, tan arraigada en el vocabulario cotidiano, posee un significado descriptivo y singular. Se utiliza como una frase hecha cuando un interlocutor desvía de forma abrupta el hilo de una conversación, evasiva que se emplea con la clara intención de eludir una respuesta o de evitar hablar sobre un tema incómodo o carente de interés personal. Según la Real Academia Española, la frase se traduce en hacer o decir algo fuera de propósito. En un sentido más amplio, implica dar una respuesta vaga para salir al paso de una pregunta. Este comportamiento suele resultar irritante, desairado o criticable para quien espera una respuesta sincera.
En la sociedad, esta expresión encuentra variadas aplicaciones que ilustran su función de escape. Un ejemplo común ocurre cuando alguien regresa de un lugar secreto y, al preguntarle, responde con un escueto “estuve por ahí”. También se observa cuando una persona es consultada sobre un asunto que desconoce pero, para no quedar mal, se desvía detallando lo poco que recuerda. Asimismo, es una conducta típica de quienes se comprometen a algo y terminan dando largas con excusas para aplazar su deber. En el terreno de la política, es un escenario idóneo para ver cómo hay gobernantes que eluden las preguntas difíciles con florituras que no responden al fondo de la cuestión.
La vinculación de la frase con el flamenco reside en una evolución semántica que añade un matiz al desvío. En el lenguaje de la calle, irse por peteneras significa cambiar de tema con el fin de introducir una historia lastimera para influir en la audiencia. Esta relación no es casual, pues la petenera es uno de los palos más tristes, melancólicos y enigmáticos del repertorio flamenco. Su cante, lento y sentimental, evoca un profundo dolor y una gran intensidad dramática. Al usar la expresión, se asocia esa evasión con la naturaleza melancólica y misteriosa de este género gaditano. Así, la lengua une la salida tangente con un cante rodeado de enigma y misterio.
Detrás de este enigmático cante se halla la mítica y legendaria figura de Dolores la Petenera. Y es que hay investigadores que coinciden en que este palo flamenco debe su nombre y origen a esta singular mujer nacida en el municipio gaditano de Paterna de Rivera. Según la tradición oral, Dolores era una joven de gran belleza y fortísima personalidad que se trasladó a Triana. En Paterna, Dolores habitaba en una choza de la Pasadilla de Jiménez antes de mudarse al Callejón de los Ahorcados, donde fraguó el cante que revolucionó la provincia.
La leyenda envuelve a Dolores y la dibuja como una auténtica “femme fatale” del siglo XIX, bella e impulsiva en el amor. Se decía que jugaba con los sentimientos masculinos, siendo cruel con sus amantes, varios de los cuales perdieron la vida de forma violenta, convirtiéndola en la perdición de los hombres. Esta trágica estela provocó que el cante por peteneras quedara maldito y asociado con la mala suerte. Muchos cantaores gitanos se negaban rotundamente a interpretar estas coplas e incluso a escucharlas para no caer en desgracia. Así, el misticismo y la superstición se entrelazaron para siempre con la figura de esta célebre cantaora paternera.
A pesar de la escasez de datos oficiales sobre su vida, existen valiosos registros históricos de su arte. El escritor Serafín Estébanez Calderón describió una fiesta en Triana donde una cantaora llamada Dolores interpretaba coplillas melancólicas denominadas perteneras. Asimismo, un anuncio del Diario de La Habana reveló que en 1844 ya se representaba en Cuba la pieza “La Petenera Gaditana”. Estas evidencias demuestran que eran canciones populares muy extendidas en los teatros de Cádiz antes de incorporarse al flamenco. La fuerza de Dolores y la maestría de la Niña de los Peines dieron al cante la imponente estructura dramática de hoy.
Una escultura y un teatro
El municipio de Paterna de Rivera, ubicado en la provincia de Cádiz y célebre por su ganadería brava, custodia con orgullo el legado de su cantaora. El pueblo se erige como la cuna de la petenera, un sello de identidad de su rica cultura musical. En 1982, la localidad inauguró un monumento en honor a Dolores, obra realizada por el escultor Jesús Cuesta Arana. Inicialmente situada en la Plaza de la Constitución, la escultura fue trasladada a la actual Plaza de la Petenera. Este emplazamiento se encuentra junto al Pozo de Medina, donde la leyenda cuenta que Dolores acudía a por agua, integrando el monumento de bronce con la memoria oral del lugar.
La huella de Dolores sigue viva en una Paterna de Rivera que conmemora sus raíces con eventos de gran trascendencia. Desde 1972, la localidad celebra el Concurso Nacional de Cante por Peteneras, certamen de enorme prestigio que en este 2026 cumple su cincuenta aniversario. Este certamen se ha consolidado como un gran referente que atrae a las mejores figuras del cante, toque y baile. Para saldar una antigua deuda cultural con los vecinos, el municipio inauguró el magnífico Teatro Municipal Dolores la Petenera. Construido gracias a la subvención de la Diputación de Cádiz, este moderno espacio rinde el tributo definitivo a la mujer que revolucionó el cante jondo.
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