De forma curva y con un cuidado diseño, esta pasarela metálica y peatonal es considerada una joya de la ingeniería gallega

Cada componente metálico fue diseñado para optimizar el rendimiento estructural frente a las cargas, manteniendo siempre una apariencia de ligereza visual

Alberto Gómez

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Se trata de una estructura que trasciende su función básica de paso para convertirse en un espectáculo visual. La pasarela peatonal de la Illa do Covo, en Pontevedra, fue terminada en julio de 1997 y representa un equilibrio perfecto entre la técnica avanzada y la sensibilidad. Esta obra, propiedad de la Xunta de Galicia, se ha consolidado como un símbolo de modernidad que conecta a los ciudadanos con el parque de la Isla de las Esculturas. Su presencia metálica no interrumpe el paisaje, sino que lo complementa con una elegancia que define a las mejores obras de ingeniería contemporánea.

Es una pieza clave que define la identidad arquitectónica de la zona y un ejemplo de infraestructura urbana de reducido tamaño pero gran impacto. Cada detalle de su construcción fue supervisado para garantizar una asistencia técnica de primer nivel durante todo el proceso de ejecución. Esta pasarela es hoy un elemento indispensable para entender la evolución del paisaje fluvial en la emblemática ciudad de Pontevedra. La estructura ha logrado fusionar la utilidad pública con un valor artístico que es apreciado tanto por residentes como por visitantes. Su ubicación estratégica la convierte en el nexo perfecto entre el casco urbano y los espacios verdes protegidos del entorno.

Detrás de este ambicioso proyecto se encuentra la firma Fhecor Ingenieros Consultores, bajo la dirección del prestigioso ingeniero de caminos Hugo Corres. Con una trayectoria académica brillante y una vasta experiencia en el diseño de estructuras complejas, Corres proyectó una pasarela valorada como joya técnica. Su visión permitió que un material tan rígido como el metal adquiriera una fluidez casi orgánica sobre las mansas aguas del río Lérez. El diseño no solo responde a las necesidades de transporte peatonal, sino que refleja el compromiso de su autor con la excelencia constructiva. 

Corres, catedrático y experto en hormigón estructural, aplicó aquí sus profundos conocimientos en mecánica de medios continuos y teoría de estructuras. La pasarela es el resultado de un estudio pormenorizado que combina la rigurosidad de la normativa internacional con un diseño innovador. La experiencia del equipo redactor fue fundamental para superar los retos que planteaba un diseño tan singular y avanzado. Esta colaboración entre ingeniería de vanguardia y respeto por el entorno es el sello distintivo que define a todo el proyecto.

Terminada en julio de 1997, esta pasarela representa un equilibrio perfecto entre la técnica avanzada y la sensibilidad

Desde el punto de vista técnico, la estructura se clasifica como un arco de tablero inferior con una impresionante luz de 82 metros. El arco principal, que soporta la carga de la vía, está constituido por un robusto tubo metálico de un metro de diámetro total. El tablero, que presenta una sección de forma lenticular, posee una anchura de 4 metros y un canto 80 centímetros de espesor. Estos parámetros técnicos permiten alcanzar una flecha de 13,40 metros, otorgando a la pasarela su perfil tan característico. 

Cada componente metálico fue diseñado para optimizar el rendimiento estructural frente a las cargas, manteniendo siempre una apariencia de ligereza visual. El uso del metal permite una esbeltez que difícilmente se lograría con otros materiales, acentuando la modernidad de la propuesta arquitectónica. La precisión en las dimensiones es testimonio de un proyecto de construcción ejecutado con un rigor técnico que roza la perfección absoluta. Esta configuración estructural asegura la estabilidad necesaria para el tráfico peatonal diario mientras desafía la gravedad con elegancia sobre el cauce. Los materiales elegidos garantizan la durabilidad de la obra frente a las condiciones ambientales propias de la zona fluvial de Galicia.

La curvatura del tablero es uno de los elementos más distintivos y funcionales de esta emblemática construcción. Este diseño curvo no solo cumple una función ornamental de gran atractivo, sino que facilita deliberadamente el tránsito de pequeñas embarcaciones bajo ella. La integración armoniosa con el cauce fluvial fue una prioridad absoluta desde las fases iniciales del proyecto de construcción y asistencia técnica. Al elevarse sobre el agua con tal sutileza, la pasarela peatonal minimiza su impacto visual y permite que el río siga siendo dinámico. Esta solución técnica demuestra que la ingeniería puede resolver problemas logísticos sin sacrificar la belleza, creando un diálogo constante con la naturaleza. 

La forma curva del tablón le confiere un atractivo estético que la diferencia de las estructuras lineales tradicionales y más comunes. Es precisamente esta geometría la que le otorga el calificativo de joya de la ingeniería, destacando por su cuidado y refinado diseño. Cada vez que una embarcación cruza por debajo, se valida la eficacia de un diseño pensado para la convivencia de diversos usos. La pasarela se convierte así en un ejemplo de cómo la forma sigue a la función sin perder ni un ápice de estilo.

La pasarela se ensambló originalmente de forma paralela al río, en una de sus márgenes, para evitar complicaciones durante la fase de montaje. Una vez finalizada, se ejecutó una maniobra de precisión utilizando una mesa giratoria en tierra y una barcaza con una segunda mesa. El movimiento de la barcaza permitió girar la estructura completa hasta su posición definitiva sobre el cauce del río Lérez. Durante este proceso, se utilizó una grúa para sujetar un extremo mientras el otro se deslizaba sobre una cama de teflones deslizantes. Este sistema de empuje longitudinal y rotación evitó la necesidad de instalar complejos andamiajes temporales sobre el lecho del río protegido. 

Es un hito en la construcción civil gallega que todavía hoy se estudia por su eficiencia y por el mínimo impacto ambiental. La técnica empleada refleja la audacia de unos ingenieros que no temieron innovar para preservar la integridad del entorno natural. La iluminación de la pasarela, además, ha sido diseñada con un cuidado extremo para no perturbar la zona natural y protegida donde se asienta. Se optó por una luz estática y suave, huyendo de estridencias que pudieran afectar negativamente a la fauna local o al paisaje. Los tirantes que sostienen el tablero están decorados con cordones LED que dibujan su silueta en la oscuridad de manera muy elegante. Complementando este esquema, el arco metálico cuenta con proyectores estratégicamente situados que resaltan su imponente curvatura sobre el agua del río. 

Este juego de luces no solo garantiza la seguridad total de los transeúntes nocturnos, sino que añade belleza a la experiencia de cruce. La iluminación nocturna transforma la estructura en una escultura de luz que se refleja en las aguas tranquilas del Lérez. Es en esos momentos cuando el diseño de Hugo Corres alcanza su máxima expresión estética, integrándose plenamente en el ambiente nocturno. Los ciudadanos de Pontevedra pueden disfrutar así de un paseo seguro y visualmente gratificante a cualquier hora del día o de la noche. La eficiencia energética y el respeto ambiental son pilares fundamentales que sustentan esta elección lumínica tan acertada y bien valorada.

El emplazamiento en la Illa do Covo otorga a la pasarela un contexto cultural y recreativo único, convirtiéndola en puerta de acceso al parque. Al servir de enlace con la Isla de las Esculturas, la obra se convierte en parte de un recorrido donde la ingeniería se funde. Es, en definitiva, un puente hacia la cultura y el bienestar que los habitantes de la ciudad han hecho plenamente suyo, una joya de la ingeniería gallega que permanece como un símbolo de la capacidad humana para transformar el territorio con total respeto, una silueta curva que es ya una parte inseparable del horizonte de la ciudad.

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