¿Quién era el guerrero enterrado bajo un escudo de huesos? La ciencia ha logrado devolverle el rostro
Una reconstrucción ha devuelto rostro y contexto a un guerrero del final de la Edad de Piedra hallado en Siberia, tras más de cuatro milenios bajo tierra. El enterramiento apareció en 2004 en Kerdugen, en la república de Sajá, a escasa profundidad y protegido por un gran escudo de placas óseas que cubría el cuerpo. Los modelos digitales y técnicas forenses han permitido reconstruir su aspecto y de su vida.
El proyecto se ha desarrollado en la North-Eastern Federal University, donde el equipo ha trabajado con escaneos del esqueleto y de los objetos asociados para crear una imagen tridimensional completa. Según TASS, la reconstrucción comenzó en 2023 y ya se expone en el Museo de Arqueología y Etnografía de Yakutsk. El resultado permite observar un rostro con rasgos propios de poblaciones del Ártico siberiano y una expresión marcada por la edad.
El hallazgo inicial se produjo cuando Alexander Stepanov participaba en una prospección arqueológica en verano de 2004. A unos siete centímetros de profundidad aparecieron placas de hueso que, al avanzar la excavación, revelaron una estructura organizada. El conjunto formaba un escudo que cubría los restos humanos. La tumba se encontraba a unos nueve kilómetros de la localidad de Churapcha y permanecía a apenas 35 centímetros bajo la superficie.
Los huesos mostraron una vida marcada por el esfuerzo físico
Ese enterramiento pertenece a la cultura Ymyyakhtakh, un grupo del Neolítico que habitaba la región con un modo de vida nómada basado en la caza y la recolección. Estos grupos utilizaban herramientas de hueso y piedra con un desarrollo técnico notable para su época. La cronología sitúa la tumba en torno a 3.800 años, en un periodo anterior a la implantación de la agricultura en esa zona.
La conservación del conjunto ha sido posible por el permafrost y por el cuidado aplicado durante el enterramiento. A su vez, el trabajo de campo se ha prolongado durante décadas, con campañas sucesivas que han permitido documentar el lugar. Liliya Alekseeva, directora del museo, ha participado durante cerca de 40 años en excavaciones estivales, lo que ha facilitado la continuidad de la investigación.
El análisis de los restos ha permitido definir el perfil físico del individuo. Medía unos 165 centímetros y murió entre los 40 y 50 años, una edad elevada en ese contexto histórico. Los huesos presentan fracturas ya curadas en brazos y piernas, además de lesiones en el cráneo, lo que apunta a una vida marcada por la actividad física intensa. También se ha detectado un desarrollo muscular mayor en el lado derecho del cuerpo.
El escudo que cubría el cadáver estaba formado por placas de hueso de alce siberiano, probablemente fijadas sobre una base de cuero. Seis de esas placas conservaban puntas de flecha incrustadas, lo que indica que el objeto fue utilizado en combate. La presencia de armamento y equipo personal, como una azuela de pizarra y una bolsa, sugiere un estatus elevado dentro de su comunidad. En relación con ese perfil, Alekseeva ha explicado que “podría haber sido un guerrero arquero”, en declaraciones difundidas por el museo.
Otros hallazgos del entorno refuerzan esa interpretación. En 2014, el arqueólogo Boris Konikov documentó una armadura completa hecha con piezas de hueso en Siberia, lo que muestra una tradición extendida en el uso de este material. Esa práctica se integra en un contexto donde la disponibilidad de recursos condicionaba el diseño del equipamiento.
El enterramiento también incluía restos de un segundo individuo colocados en un lateral. Los investigadores plantean que podría tratarse de un sacrificio ritual, una práctica documentada en otros yacimientos de la región. Además, el cráneo del guerrero presenta señales de haber estado expuesto a una llama colocada bajo la cabeza. Alekseeva ha señalado que “la quema de la cabeza indica que el alma de una persona está en la cabeza o en el cabello”, en una interpretación sobre el significado de ese gesto.
Un análisis genético amplió la historia del individuo descubierto
La reconstrucción facial se ha realizado mediante fotogrametría y técnicas desarrolladas por el antropólogo soviético Mikhail Gerasimov. El equipo ha reunido cientos de imágenes digitales para crear modelos tridimensionales que han servido de base para la escultura final. El busto resultante muestra un rostro envejecido, con mandíbula marcada y rasgos coherentes con poblaciones actuales del noreste asiático.
El trabajo no se ha detenido con la exposición. Un estudio publicado en 2026 en Journal of Human Genetics ha analizado el cromosoma Y del individuo, identificado como Kyordyughen I. Los resultados lo sitúan dentro del linaje N-L708, presente hoy en poblaciones como chukchi, koryak y even. Este dato apunta a una continuidad genética en la región, aunque no permite establecer descendencias directas dentro de un árbol familiar.
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