¿Quién fue Plautilla Bricci y cómo logró convertirse en la primera arquitecta de la Historia?
La negativa de un capataz a recibir órdenes de una mujer obligó a Elpidio Benedetti a recurrir a un notario para que Plautilla Bricci pudiera ejercer una autoridad profesional que ya le correspondía. Aquel episodio, ocurrido mientras trabajaba en Villa Benedetti, muestra hasta qué punto su carrera avanzó dentro de un territorio reservado a los hombres.
Bricci llegó a ser reconocida como la primera mujer de Italia que ejerció profesionalmente la arquitectura en el sentido moderno, aunque durante siglos su nombre quedó fuera de buena parte del relato artístico.
Su trayectoria contradice esa desaparición posterior porque Bricci ocupó espacios profesionales muy difíciles de alcanzar para una mujer de la Roma barroca y mantuvo relaciones con algunos de los círculos culturales mejor situados de la ciudad.
Consuelo Lollobrigida, historiadora del arte especializada en arte visual italiano y francés de los siglos XVI y XVII, señala que en 1655 ya aparecía documentada como pintora en la Accademia di San Luca, institución en la que continuaba registrada en 1671. Las conexiones familiares y la protección de Elpidio Benedetti facilitaron también su acceso a encargos de mayor alcance.
Varios documentos permiten reconstruir su aprendizaje arquitectónico
Nacida en Roma el 13 de agosto de 1616, Plautilla creció dentro de una familia dedicada a las artes y recibió de su padre, Giovanni Bricci, buena parte de su primera formación. Su aprendizaje continuó en el entorno de Cavalier d'Arpino y quedó relacionado también con Eufrasia Benedetti della Croce, monja carmelita y pintora.
El biógrafo Filippo Baldinucci llegó a recordarla por su actividad en pintura y arquitectura, mientras Pietro Bombelli vinculó una de sus primeras Madonnas con una tradición milagrosa que favoreció tempranamente su prestigio.
La transformación de aquella pintora en arquitecta sigue teniendo zonas sin documentar, aunque Lollobrigida ha localizado indicios que permiten reconstruir parte de ese aprendizaje. Un cuaderno incluido en el testamento de Benedetti contiene dibujos arquitectónicos y anotaciones relacionadas con la reforma de su residencia romana.
La historiadora plantea que Bricci pudo frecuentar entre 1656 y 1658 el círculo de Cassiano dal Pozzo, cuya biblioteca reunía tratados de arquitectura y cuyo entorno admitía a mujeres artistas.
El Vascello mostró la capacidad arquitectónica de la romana
Villa Benedetti convirtió esa preparación en una obra de gran escala entre 1663 y 1668, cuando Bricci trabajó en la residencia levantada fuera de las murallas de Roma. El edificio recibió el apodo de Vascello por su parecido con un barco y contó con una arquitectura de muros curvos, logias y una decoración muy elaborada. Gran parte quedó destruida durante el asedio francés de Roma de 1849, una pérdida que dificultó después valorar personalmente una de las obras fundamentales de su carrera.
El encargo de la capilla de San Luigi, dentro de San Luigi dei Francesi, confirmó después que su actividad arquitectónica había alcanzado una categoría profesional poco habitual para una mujer del siglo XVII. Las obras comenzaron en 1670 y concluyeron en 1680, con Bricci al frente de la concepción y ejecución general. También realizó el gran lienzo de San Luis entre la Historia y la Fe y dejó allí su firma como autora. La documentación que explicaba cómo obtuvo el encargo desapareció en un incendio a comienzos del siglo XIX.
La dispersión, destrucción y atribución incierta de varias obras ayuda a explicar por qué una creadora con encargos públicos acabó ocupando un espacio tan reducido en la historiografía posterior. Algunas piezas desaparecieron con reformas, otras se perdieron y determinadas etapas de su biografía apenas dejaron documentos.
A ello se sumó una tradición artística que relegó durante mucho tiempo a numerosas mujeres, especialmente en ámbitos como la pintura monumental y la arquitectura, donde el acceso profesional estaba severamente restringido.
El equipo buscará pruebas que permitan acreditar la autoría
Una restauración impulsada por Artemisia Gold está recuperando ahora otro fragmento de esa carrera mediante El nacimiento de la Virgen, pintado hacia 1660 para Santa Maria in Campo Marzio. Jane Adams, cofundadora y directora ejecutiva de la organización, advierte que la suciedad acumulada obliga a comenzar con radiografías y labores de limpieza antes de estudiar las capas inferiores.
La ausencia de una firma conservada llevará al equipo a buscar otras marcas de autoría, una investigación capaz de devolver información sobre una artista cuya obra sobrevivió mejor que su nombre.
0