Un PP de rasca y pica
Llamamos la atención, pero en realidad repicamos sobre nuestra personalidad con el picaporte de los demás. Nos hacemos de rogar, con discreción chirriante, para ejercer como pedantes. Siendo niños queremos resaltar, en la adolescencia mola pavonear, de jóvenes empujamos para liderar, luego, como maduritos, preferimos disfrutar y, ya viejos, damos mal por no molestar. Incluso la soledad es un grito de atracción que mezcla la rareza y la originalidad, para brillar ante tanta socialización. La vida nos pide destacar para seguir vivos. Pero cuanto más nos hacemos notar, menos retazos originales de personalidad conservamos. La mimetización con el medio es un camuflaje que nos permite adaptarnos al mundo. Es una defensa pasiva contra la ofensiva activa que nos asedia. Pero ser como los demás no sirve, porque el resto no son como queremos que sean. Es la contradicción de quienes, para pasar desapercibidos, necesitan despuntar para no sobresalir. Utilizamos la escenografía que nos hace descollar. Sin embargo, olvidamos que las personas se fijan más en los envoltorios que en el contenido. El maquillaje psicológico no sirve para realzar nuestra forma de ser, sino para disimular los defectos naturales. Terminamos así, rodeados de chapuzas artificiales. Con tanta pintura en el retrato de nuestra personalidad, sobramos del cuadro ya que la gente sólo se fija en el marco.
En 1987, los psicólogos Elizabeth y Geoffrey Loftus, junto con Jane Messo, investigadores de la Universidad de Washington, demostraron experimentalmente un efecto de focalización perceptiva. Reunieron a 127 estudiantes universitarios que vieron un vídeo donde el agresor, hombre o mujer, sostenía una pistola o un objeto neutro. Se les pidió describir al atacante, lo que permitió analizar cómo la presencia de un arma afecta el recuerdo. Comprobaron que, cuando aparecía el arma, los participantes dirigían hacia ella más fijaciones visuales y durante más tiempo, y después recordaban peor otros detalles de la escena, especialmente la identidad de la persona. La conclusión del estudio confirmó que un estímulo muy llamativo o amenazante captura la atención y deja menos recursos para procesar lo que ocurre alrededor. Es lo que llamamos “efecto de focalización en el arma”.
En la vida real hay demasiados pistoleros que salen a la calle con el único objetivo de que se fijen en su arma. No transmiten poder ni suficiencia. Más bien expresan la carencia de quien necesita llamar la atención para evitar la invisibilidad de su estupidez. En realidad, ni siquiera atendemos lo que hacen o dicen. Sino que sólo prestamos la mirada a su penosa belicosidad.
Hemos visto (de nuevo) un arma en el Congreso: la diputada popular Ana Vázquez mostró durante la sesión de control un bote de gas pimienta. Quería llamar la atención y consiguió intoxicar, dentro y fuera de la tribuna, a trabajadores del parlamento. Un asesor de su partido se aseguró de disparar dicho dispositivo para comprobar que su cargador estaba vacío. ¿Qué podía salir mal? Hay semanas políticas que parecen escritas por los guionistas de 'Los Simpson'. Claro que el episodio encaja en la saga de 'Rasca y pica' que con tanta devoción sigue la familia que creó Matt Groening. Si no fuera por los daños personales y económicos causados, estaríamos ante una broma más propia de un vídeo viral, que de una intervención política en nombre del señor Feijóo. El PP quería abrir los ojos a los españoles y terminó provocando un escozor popular. Los conservadores son muy de rasca y pica (los que pertenecen al 'opus' son también de flagela y repica). Estos días se les ve muy coordinados con la Conferencia Episcopal que ha conseguido vincular el desahucio de Maricarmen con su oposición al aborto. Vemos demasiadas sotanas luchar contra los derechos de las mujeres, pero a muy pocos prebostes de la curia les preocupa el derecho a techo de esta anciana que deberían proteger. Lógico que el Papa les haya adelantado, al mismo tiempo, por la diestra izquierda y la siniestra derecha.
El Gobierno progresista ha alcanzado un buen acuerdo en materia de vivienda. Malas noticias para el PP y Vox, que no saben hacer política sin el gas lacrimógeno de sus bombas de humo. Ya han anunciado su oposición a la protección social de un derecho que debe ser asequible disponer de una vivienda en propiedad, para quienes necesitan un alquiler asequible y para todas las personas vulnerables.
El picor pasa. Lo que cuesta más recuperar es todo aquello que dejamos de mirar mientras nos frotábamos los ojos. Ese es precisamente el problema del efecto de focalización: el arma ocupa el primer plano y el paisaje político se vuelve borroso.
En Aragón también se habla de casas, pero demasiadas veces la política acaba discutiendo sobre cerraduras. Y, cuando las puertas se convierten en giratorias, resulta difícil saber quién entra, quién sale y quién termina sujetando la manivela. Los centros de datos se están convirtiendo en centros de dotes. Los inversores llegan con promesas, pero es el gobierno del Pignatelli el que invita, mientras Aragón pone la dote. Las personas de confianza del presidente que han urdido estos negocios acaban por beneficiarse de los mismos. Con Azcón nunca se sabe qué fueron antes, si zorros o gallinas
La parodia americana de Tom y Jerry que relatan los sketches de Rasca y Pica, funciona porque nunca deja tiempo al espectador para pensar en el golpe anterior. Ya sea un hacha de facha, una bomba ultra fétida, la motosierra de Milei o el espray de pimienta. Siempre aparece algo nuevo que reclama nuestra mirada con el objetivo de que veamos mucho sin atender a nada. Nos quieren distraer de lo importante. Pero lo trascendente está en la realidad de la calle: la vivienda, la sanidad universal, la educación pública o el bienestar social de los mayores. Pero las derechas nos lanzan dedos de confusión contra las lunas de nuestros avances. Vayamos con cuidado porque el mejor truco de distracción no consiste en esconder lo importante, sino en conseguir que todos miremos otra cosa.
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