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¿Qué significa que el oso panda ya no sea una especie en peligro? El cambio de categoría no implica su salvación

Los ecosistemas más frágiles del planeta dependen de un equilibrio que puede alterarse con rapidez. Los osos panda han sido durante décadas uno de los ejemplos más claros de cómo las especies pueden acercarse a la desaparición cuando su entorno se deteriora. Su supervivencia se vio comprometida por la destrucción de los bosques de bambú, la expansión agrícola y la construcción de infraestructuras que redujeron su espacio vital. Además, la dependencia casi exclusiva de una sola planta como fuente de alimento convirtió a estos animales en una especie extremadamente sensible a los cambios del medio.

Cada vez que el bambú florece y muere, los pandas deben desplazarse a otras zonas para alimentarse, pero la fragmentación del hábitat les impide hacerlo. A todo ello se sumó la caza furtiva, motivada tanto por la demanda de pieles como por capturas accidentales en trampas destinadas a otros animales. La acumulación de estos factores dejó a la especie al borde de la extinción y obligó a las autoridades chinas y a la comunidad internacional a intervenir para evitar que desapareciera.

Las políticas de conservación lograron frenar el descenso de la población

La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) cambió en 2016 la categoría del oso panda gigante, que pasó de en peligro a vulnerable dentro de la Lista Roja de Especies Amenazadas. El cambio reflejó décadas de políticas de protección y programas de cría en cautividad que lograron frenar el descenso de su población. El seguimiento de las zonas silvestres permitió identificar un aumento paulatino de ejemplares en libertad y una mejora gradual en la regeneración de los bosques de bambú, lo que confirmó que los esfuerzos habían surtido efecto.

Las principales amenazas a las que se enfrentó la especie estuvieron relacionadas con la pérdida y degradación del hábitat. La tala de bosques, la apertura de carreteras y la expansión de las ciudades redujeron las áreas donde los pandas podían alimentarse y reproducirse. El impacto del cambio climático añadió una dificultad adicional, al alterar la distribución natural del bambú, recurso del que depende casi toda su dieta. Los estudios prevén que esta tendencia podría desplazar o reducir las zonas aptas para su supervivencia en las próximas décadas.

China consolidó una red de reservas que permitió la recuperación del panda

Frente a este panorama, China aplicó una estrategia de conservación sostenida que incluyó la creación y ampliación de reservas naturales, la restauración de áreas forestales y la cooperación con organizaciones internacionales como el Fondo Mundial para la Naturaleza. Estas medidas incorporaron la planificación de infraestructuras con criterios ambientales para reducir la fragmentación de los hábitats. La colaboración científica y el intercambio de ejemplares entre centros de cría también resultaron esenciales para mejorar la diversidad genética de la población.

El número de pandas salvajes aumentó de forma gradual, pasando de 1.114 ejemplares en la década de 1980 a 1.864 en 2014. Actualmente se estima que hay cerca de 1.900 a los que se suman los 808 ejemplares en cautividad. Esta recuperación se convirtió en un símbolo global del potencial de las políticas de conservación cuando se aplican de forma continuada y con apoyo institucional. La imagen del panda, adoptada incluso como emblema de algunas organizaciones como WWF, representó la capacidad de revertir una situación límite mediante planificación y recursos.

Los avances siguen siendo frágiles y requieren un esfuerzo a largo plazo

A pesar de los avances, la especie sigue expuesta a varios peligros. La caza furtiva, aunque menos frecuente, continúa representando una amenaza, al igual que los accidentes provocados por trampas instaladas para otros animales. La fragmentación de las poblaciones limita el intercambio genético y puede reducir su capacidad de adaptación frente a los cambios ambientales. Por eso, los especialistas insisten en que relajar las políticas actuales podría provocar retrocesos importantes.

El caso del panda gigante se considera un ejemplo de éxito dentro de la conservación de la biodiversidad. Sin embargo, también se presenta como la gran advertencia de la fragilidad de los logros alcanzados. Mantener los programas de protección, reforzar la conectividad entre reservas y vigilar el efecto del cambio climático son tareas pendientes para garantizar su futuro. Con ello, la experiencia acumulada en torno al panda sirve de guía para otras especies que aún se encuentran en peligro y que dependen del mismo compromiso humano para sobrevivir.