La alianza de las “potencias medias”: por qué la IA está acercando España a Canadá o Brasil
Un nuevo contexto requiere nuevas alianzas. Es la política que ha puesto en marcha el Gobierno para adaptarse al panorama internacional que está dibujando la carrera de la inteligencia artificial: una búsqueda de una “tercera vía” para esta tecnología con otros países que no quieren subirse al barco ni de EEUU, donde la IA avanza de la mano de los grandes magnates de Silicon Valley con cada vez más poder en la política pública; ni de China, un modelo en el que la IA se integra en un sistema de control político y social alejado de los estándares democráticos occidentales.
Esta búsqueda de un espacio de los países no alineados está convirtiendo en “aliados” a socios que hasta ahora habían sido lejanos. Este miércoles, España ha firmado “una alianza tecnológica en inteligencia artificial” con uno de esos países. Se trata de Canadá, que se ha replanteado por completo su relación con Estados Unidos después de que Donald Trump la amenazara con convertirla en el “estado 51” o apoyara el movimiento independentista de Alberta, la principal provincia petrolera del país.
El pacto “impulsará la inversión, el acceso a infraestructuras de IA, la formación de talento y la colaboración entre gobiernos y empresas, con especial atención a las pymes”, ha explicado el Ministerio de Economía. Su responsable, el vicepresidente Carlos Cuerpo, ha sido el encargado de rubricar el memorando en un viaje oficial en el que también ha estado presente el rey. Según han detallado fuentes del Ejecutivo, el componente tecnológico del encuentro es fundamental, además del obvio interés por las vastas reservas de hidrocarburos y materias primas en el territorio canadiense.
No es casual que España encabece esta búsqueda de aliados. El Ejecutivo de Pedro Sánchez ha situado la regulación de la inteligencia artificial en el centro de su agenda desde el principio de la legislatura. Además, Sánchez ha convertido la confrontación con los grandes magnates tecnológicos, a los que denomina “tecnoligarcas”, en una de las señas de identidad de su perfil internacional, con la idea de que los poderes públicos deben recuperar la soberanía que las plataformas y sus dueños les han ido arrebatando. Tejer una red de países que compartan esa visión se convierte así tanto en política exterior como económica y tecnológica.
La coalición de las “potencias medias” y el sur global
El pacto con Canadá tiene lugar solo cinco meses después de que su primer ministro, el liberal Mark Carney, causara sensación en Davos con su apuesta por una coalición de “potencias medias”. Es una idea que el Ejecutivo español ha hecho propia y que el ministro para la Transformación Digital, Óscar López, repitió en varias ocasiones en el primer Encuentro por los Derechos Digitales, celebrado la semana pasada en Barcelona con la asistencia de más de un centenar de expertos internacionales en este ámbito.
“Hay un camino maravilloso que nosotros vamos a recorrer, que es el de las potencias medias. Hay muchos países en el mundo con los que estamos hablando, desde Canadá hasta México, pasando por Brasil o la India, que ya es una gran potencia, para definir ese tercer camino. Es el modelo de construcción de una vía que va a ser confiable en el futuro”, aseguró López.
Hay muchos países en el mundo con los que estamos hablando, desde Canadá hasta México, pasando por Brasil o la India, que ya es una gran potencia, para definir ese tercer camino. Es el modelo de construcción de una vía que va a ser confiable en el futuro
Aunque el Ejecutivo se ha acercado primero a Canadá, como impulsora de esa coalición de países que no quieren quedar absorbidos por la esfera de influencia estadounidense o china, su punto de mira principal está en el sur global. De hecho, el primer acuerdo de este tipo que se rubricó fue con Brasil.
Ese memorando, firmado a mediados de abril, aterrizó el plan en proyectos concretos. La iniciativa más destacada es el desarrollo conjunto de un gran modelo de lenguaje (LLM) entrenado en portugués y español. La alianza con Brasil, no obstante, hace especial hincapié en impulsar una IA “segura, ética y, sobre todo, centrada en las personas”, con “mecanismos de supervisión humana, gestión de riesgos y transparencia en sistemas”. En el acuerdo también tuvo un gran peso el impulso de las redes de telecomunicaciones entre los dos países, especialmente los cables submarinos, considerados “estratégicos” en la colaboración.
En el caso de Canadá, en cambio, el Gobierno apuesta por acercarse al país por las empresas punteras en el ámbito de la ciberseguridad y de la IA, no tanto por el desarrollo de modelos de lenguaje, sino por la aplicación de estas tecnologías al modelo productivo, algo en lo que el país norteamericano ya cuenta con ventaja. Representantes de Indra, a la que el Ejecutivo quiere convertir en un gigante tecnológico de la defensa; y Multiverse Computing, una de las startups de IA y computación cuántica más prometedoras de España; han viajado a Canadá para firmar acuerdos de colaboración con empresas canadienses.
“Más allá de la Unión Europea”
Este movimiento del Ejecutivo en política exterior evidencia una realidad: el camino se ha emprendido al margen de la UE, buscando formar un bloque de intereses alternativo. “Estoy completamente convencido de que, o hacemos algo a escala internacional, más allá de la Unión Europea, o el sur global se va a convertir en una casilla para engordar las cuentas de las tecnológicas megamillonarias”, enfatizó López en Barcelona.
Aunque la UE fue el primer gran bloque en aprobar una regulación a gran escala de la inteligencia artificial a finales de 2023 (en una negociación liderada por España), la diferencia entre los diferentes enfoques se han acrecentado desde entonces. Los Veintisiete está negociando una reformulación de la ley, con algunos países presionando muy fuerte, como Alemania, para reducir las restricciones de los sistemas de “alto riesgo” como una vía para “favorecer la innovación”.
España, por su parte, se sitúa en el extremo contrario: partidaria de la “simplificación” de las normas, pero no de la “desregulación”, explican desde el Ejecutivo. Es un debate abierto en el que de momento no hay consenso sobre cuál debería ser la posición del bloque respecto a la inteligencia artificial y que ha empujado a España a buscar sus propios aliados.
“Somos socios de la UE, pero la política exterior es una cuestión nacional. Nosotros no tenemos por qué esperar a que haya un consenso de la UE para llevar a cabo una política buscando otros socios que piensen lo mismo que nosotros: que la regulación no tiene por qué estar reñida con la innovación”, detallan fuentes oficiales: “También es una manera de ejercer influencia, tanto en el exterior como en la propia UE, mostrando que nuestra posición tiene el aval de potencias medias fuera de la UE”.
Regulación e innovación, las claves de la “tercera vía”
Esa unión de innovación y regulación para la inteligencia artificial es la clave de la red de nuevas alianzas que está tejiendo el Gobierno. Ante la carrera entre las dos superpotencias, en las que se están derribando las barreras para crear armas completamente autónomas o sistemas de vigilancia masiva apoyados en inteligencia artificial, la “tercera vía” es un desarrollo tecnológico “centrado en las personas”, defiende el Ejecutivo.
Tal y como anticipaba López, al acuerdo ratificado este miércoles con Canadá podría seguirle México, con quien ya han empezado las conversaciones. La India, que se ha configurado como una tercera vía en sí misma, también es otro de los objetivos del Gobierno para seguir ampliando la alianza de “potencias medias”.