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The Guardian en español

Sanitarios en India obligados a dormir en el hospital porque sus vecinos los expulsan por miedo al coronavirus

Personal sanitario atiende a un paciente con coronavirus en el hospital Beleghata en Calcuta (India)

Hannah Ellis-Petersen / Shaikh Azizur Rahman

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En India, algunos médicos y trabajadores sanitarios comienzan a enfrentarse a un nuevo tipo de ostracismo social en sus lugares de residencia. Sus vecinos, temerosos de que puedan ser portadores de coronavirus, los expulsan de sus viviendas, forzándolos a dormir en el suelo o los baños de los hospitales en los que trabajaban.

Los casos se multiplican por todo el país. Profesionales del sector sanitario describen el nacimiento y expansión de un estigma social en sus barrios, entre sus vecinos, ante sus arrendadores y que se plasma en ese taxi que no se detiene o en esa barricada que les impide traspasar la puertas de sus propias casas dejándolos, incluso, en la calle.

Un médico que supervisa un equipo de respuesta rápida al coronavirus, y que ha pedido que su identidad se mantenga en el anonimato para evitar problemas con las autoridades, ha descrito cómo otros dos médicos le han pedido quedarse en su casa después de que sus caseros mostraran una actitud crecientemente hostil y les pidieran que abandonaran sus viviendas.

“Los caseros dicen que por trabajar en hospitales traerán la infección a casa y la extenderán entre los demás”, explica. “Muchos médicos en India se quejan de lo mismo. Bastantes han decidido pasar los próximos días en los baños de los hospitales porque han perdido sus apartamentos o no pueden regresar a ellos debido a la hostilidad de sus vecinos”.

A medida que la pandemia de coronavirus toma posiciones en India, que ya se acerca a los 1.000 casos diagnosticados, y cuando sus 1.300 millones de habitantes se encuentran sometidos al confinamiento más masivo del planeta, el miedo recorre el país. La densidad de población y las malas condiciones en cuanto a salubridad y provisión de servicios sanitarios podrían provocar un auténtico desastre en cuanto al contagio.

La contradicción radica en que mientras, a petición del primer ministro, Narendra Modi, varios millones de personas han salido a sus balcones a cacerolear y aplaudir a los sanitarios en primera línea de combate contra el virus, la vida diaria de los médicos, enfermeras y personal sanitario, es un rosario de prejuicios, ostracismo, desalojos y miedos provocados por su supuesto contacto con la enfermedad.

Un plástico en el suelo como “casa temporal”

Una enfermera de 38 años que trabaja en un hospital de Calculta cuenta cómo su casera se presentó en su puerta hace dos días y le dio a ella y sus hijos un ultimátum de 48 horas para dejar la casa en la que llevan siete años. Al día siguiente, la casera regresó acompañada de dos hombres y pidió que la enfermera se fuera de inmediato. No cejó en su empeño pese a que la enfermera explicó que no trataba a ningún enfermo de coronavirus y no tenía ningún síntoma.

“No me escuchaba”, explica la enfermera, que prefiere no ser identificada. “Me dijo 'Seguro que hay algún paciente cerca en tu hospital. Sabemos que el virus flota en el aire e infecta a todos a su alrededor. Por eso miles de personas en todo el mundo se han contagiado. Tienes que dejar el apartamento'”.

La enfermera dijo que ella y sus hijos se han visto obligados a mudarse con su madre, que vive en un barrio pobre, en una casa de una sola habitación. “Somos cinco, apiñados en unos metros cuadrados. Trabajo turnos de 12 horas en el hospital. Es agotador. Y ahora tengo que buscar donde vivir. Pero si la gente sabe que soy enfermera en el hospital de una gran ciudad, nadie me alquilará una apartamento”.

Mujeres que trabajan como ayahs, personal de asistencia en los hospitales, describen también como han sido expulsadas de sus casas en los últimos días. Kajori Haldar, de 48 años, trabaja en una facultad de medicina en Calcuta y explica que sus vecinos ya han ido a hablar con su marido para explicarle que ella no debe regresar a casa en tres meses. Tienen miedo a un posible contagio de coronavirus. “Cuando no estoy trabajando, busco donde abrir un plástico y allí me tumbo”, cuenta Haldar. “Así me he hecho una casa temporal”.

Saraswati Naskar, de 40 años y que se dedica a lo mismo en un hospital público, vive en un barrio pobre de Calcuta y ante sus vecinos ha dicho que trabaja en un restaurante. “Se de muchas ayahs y otras empleadas de bajo perfil en hospitales que han dejado de ir a sus casas y duermen dentro del recinto hospitalario”.

El problema es tan grave que la Asociación de Médicos Residentes (RDA por sus siglas en inglés), pertenecientes al Instituto de Ciencias Médicas de India, han pedido la ayuda del gobierno. “Muchos médicos por todo el país están atrapados en la carretera con todo su equipaje y no tienen donde ir”, se leía en la carta. En Delhi y Bengala, el gobierno ha ordenado que se tomen medidas contra cualquiera que amenace con el desalojo de un sanitario.

La vida diaria trae consigo cada vez más retos para cualquier persona vinculada con la lucha contra el coronavirus. Arghyadeep Ganguly, un joven doctor del hospital de enfermedades contagiosas Beleghata de Calcuta ha descrito cómo hasta siete taxistas diferentes rechazaron tomarlo como cliente cuando se dieron cuenta de que trabaja en lo que llaman el “hospital del coronavirus”.

“Varios de los médicos con más experiencia han visto como sus caseros les pedían que dejaran sus habitaciones alquiladas y otros alojamientos por miedo a que llevaran con ellos el virus”, explica Ganguly. “Parece que los habitantes de India han encontrado un modo más de condenar al ostracismo y abusar del personal médico que está en primera línea del combate contra la Covid-19”.

Traducido por Alberto Arce

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