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Vivir en la lista negra de Trump: Tameem y Bana

Tameem se graduó en una prestigiosa universidad de Estados Unidos, pero es libio y está afectado por el decreto de Trump

Bana trabaja en Europa para una gran multinacional y viaja con frecuencia a EEUU, pero es siria y su país también está vetado

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El presidente de EEUU, Donald Trump EFE

Es una larga lista, larguísima. Tiene 180 millones de nombres entre libios, somalíes, sirios, sudaneses, iraníes y yemeníes. Aunque los jueces ya le han parado los pies en dos ocasiones, Trump insiste en que hará lo necesario para prohibirles la entrada. No es que hasta ahora les fuera fácil viajar a EEUU, para la gran mayoría de la gente de esos países ya era prácticamente imposible, pero ahora Trump quiere que sea imposible a secas. Hemos hablado con dos nombres de esa lista negra: Tameem y Bana.

Tameem (Libia)

Hablar con Tameem no ha sido fácil: los continuos cortes de electricidad en Trípoli hacen que no siempre pueda contestar a los mensajes. Todo un cambio para una persona que hasta hace unos meses vivía en Chicago.

En muchos aspectos Tameem representa todo lo que está mal respecto a la decisión de Trump, todo lo que un pasaporte no dice de una persona. Su pasaporte libio, hoy vetado, no explica que fue uno de los 16 estudiantes de su país que entre más de 1.000 finalistas consiguieron una beca para estudiar en EEUU. Se marchó en plena guerra civil.

Su pasaporte no aclara que se graduó en una prestigiosa universidad del país al que no sabe si podrá volver. Lo hizo con el expediente perfecto: matrícula de honor en todas las asignaturas. Su pasaporte tampoco recoge que el presidente Bill Clinton, qué ironía, le entregó el premio de su fundación a la mejor idea de negocio tras imponerse a otros 1.200 proyectos de 80 países.

Sin embargo su pasaporte libio es el que probablemente va a impedirle regresar a EEUU: "No me sorprendió la decisión porque me la esperaba del nuevo presidente. Sin embargo me sentí muy disgustado y decepcionado porque tengo un gran evento allí en octubre de 2017". Tameem iba a viajar a una universidad de Boston para aconsejar a 50 estudiantes de la Fundación de los Clinton. A compartir su experiencia americana. Si Trump no renueva la prohibición aún es posible que acuda pero no se hace ilusiones.

Al menos, dice, le ha pasado ahora y no antes de irse a estudiar a EEUU. Desde su regreso a Libia ha fundado dos compañías de tecnología y tiene otro empleo en una gran empresa de telefonía. Difícil encontrar mejor ejemplo de cómo aprovechar un visado de estudiante de los que se van a paralizar. A él le duele por sus compatriotas. Si el veto de Trump le hubiera impedido disfrutar de su beca en Chicago "hubiera sido una pesadilla".

Miles de personas protestan por las medidas migratorias del presidente Trump, frente a la Casa Blanca en Washington.

Protestas contra el veto migratorio de Trump EFE

Bana (Siria)

Al igual que con Tameem también me cuesta contactar con Bana, aunque por diferentes motivos. Estaba de viaje: "acabo de volver de California", me dice. Ante mi extrañeza, aclara: "tardé 28 segundos en pasar el control de inmigración, lo calculé con el reloj".

Bana nació y creció en Damasco, y cuando viaja lo hace con su único pasaporte, el sirio. Trabaja en Europa para una gran multinacional y va a menudo a EEUU con un visado de negocios que hasta ahora no le ha dado problemas, aunque también es cierto que no ha tenido que renovarlo en la era Trump. En unas semanas va a su antigua universidad y será la primera vez. Dice que no tiene miedo, pero por si acaso y tras pensárselo bien, nos ha pedido que no usemos su nombre real.

"No puedes decidir si alguien es bueno o malo por su pasaporte", dice Bana. "No tengo miedo pero, ¿por qué tengo que explicarme? No quiero ocultar que soy de Siria, aunque a veces lo hago. Me cuesta entender que por mi origen pueda estar en alguna lista negra. No tengo nada que esconder. No he hecho nada malo".

Hace años que Bana no puede regresar a Siria. La última vez que estuvo en Damasco fue un año antes de que "empezara todo" Hace poco viajó en Madrid y dice que le emocionó ver en la fachada del ayuntamiento la pancarta de 'REFUGEES WELCOME'. Afortunadamente su familia más directa está lejos del peligro. Están a salvo, por cierto, en EEUU. 

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