Opinión y blogs

Sobre este blog

Un campo de fútbol amenazado: los niños del campamento de refugiados de Aida se aferran a su último espacio para jugar

Loai Wazwaz

0

En el campamento de refugiados de Aida, al norte de Belén, un pequeño campo de fútbol se ha convertido en mucho más que un lugar para practicar deporte. Para los niños y niñas que crecen en uno de los campamentos de refugiados más densamente poblados de Cisjordania, es un espacio abierto excepcional donde pueden respirar, soñar y escapar momentáneamente de las presiones de la vida cotidiana. 

“Paso momentos realmente maravillosos aquí”, dice Tala Abu Srour, una joven del campamento. “He hecho muchos amigos, los entrenadores nos entrenan muy bien y cada día aprendo algo nuevo. Este ha sido mi sueño desde que era muy pequeña”. 

Ese sueño está ahora amenazado. A principios de este mes, las autoridades israelíes emitieron una orden militar para demoler el campo de fútbol dentro del campamento de Aida. Tras las apelaciones legales y la presión pública, el 12 de enero se informó a los residentes de que la demolición se había pospuesto una semana más. Los abogados hicieron hincapié en que la decisión no se había cancelado, solo retrasado. 

“Me entristeció mucho cuando me enteré de la demolición”, dice Tala. “Sueño con ser futbolista. Destruir el campo significaría el fin del sueño de una niña pequeña”. 

El campamento de Aida se estableció en 1950 entre Belén y Beit Jala para dar cobijo a los refugiados y refugiadas de Palestina desplazados de 17 aldeas de los distritos occidentales de Jerusalén y Hebrón, entre ellas al-Walaja, Deir Aban, Ajjur y Beit Nattif. Según UNRWA, más de 7.244 personas refugiadas de Palestina registradas viven hoy en día en una superficie de solo 0,71 kilómetros cuadrados, un espacio que nunca se ha ampliado a pesar de décadas de crecimiento demográfico. El resultado es un grave hacinamiento, con viviendas construidas muy juntas entre sí y casi sin zonas públicas o recreativas. 

“Aquí no hay privacidad”, dice Rimas, otra joven del campamento. “Las casas están pegadas unas a otras. Este campo lo es todo para nosotros. Aquí reímos, lloramos y liberamos toda la presión que soportamos en la escuela y en nuestra vida cotidiana”. 

Cuando jugar se convierte en una forma de supervivencia 

Para los niños de Aida, el fútbol no es simplemente un pasatiempo, sino una forma de lidiar con una vida sometida a un estrés constante. “La vida aquí no es bonita”, añade Rimas. “El ejército israelí está muy cerca y realiza incursiones en nuestra zona constantemente. No tenemos parques ni lugares a los que ir. Este campo es el único lugar donde nos sentimos normales”. Cuando se enteró de la orden de demolición, dice, se sintió profundamente angustiada. “¿Acaso incluso el campo de fútbol es demasiado para nosotros?”. 

Las autoridades locales insisten en que el campo se construyó legalmente en terrenos arrendados oficialmente al monasterio armenio. A principios de enero, el alcalde de Belén, Maher Qanawati, visitó el campamento de Aida en solidaridad con los residentes y los niños, rechazando la orden de demolición y calificándola de ataque directo al derecho de los niños a la alegría, el juego y una vida segura. Los representantes del Comité Popular del campamento y del Centro Juvenil de Aida describieron el campo como un salvavidas para los niños y se comprometieron a seguir trabajando para protegerlo. 

UNRWA y la vida cotidiana en el campamento 

A pesar de los ataques y la crisis que enfrenta, UNRWA sigue siendo el principal proveedor de servicios esenciales en el campamento de Aida. La Agencia imparte educación a través de una escuela para niñas que funciona en un sistema de turno único, mientras que los niños asisten a escuelas en Beit Jala. También proporciona servicios sociales, asistencia de la red de seguridad social, programas de microfinanciación, servicios de salud, incluida una unidad de fisioterapia de urgencia, oportunidades de trabajo remunerado y asistencia alimentaria y económica de emergencia. Las instalaciones de la Agencia en Aida también atienden a personas refugiadas de los campamentos vecinos, pero los residentes afirman que la ausencia de espacios públicos seguros sigue agravando las presiones sociales y psicológicas. 

Sueños más allá del campamento 

Aun así, los niños hablan del futuro. “Mi ambición es jugar al fútbol en el extranjero, convertirme en profesional y enaltecer el nombre de Palestina”, afirma Rimas. 

Para Ahmed Salameh, entrenador del Centro Juvenil Aida, el campo representa una posibilidad. “Tenemos 45 chicas entrenando aquí”, explica. “Hemos trabajado muy duro para llegar a este nivel. Este campo es su única vía de escape. Aquí se construyen sueños”. 

Los activistas piden ahora que se mantenga la presión internacional, incluyendo apelaciones a la FIFA y la UEFA, para que intervengan y defiendan el derecho de los niños y niñas a jugar. “Este retraso se ha producido gracias al esfuerzo colectivo”, afirma Salameh. “Pero el peligro sigue ahí”. Por ahora, las porterías siguen en pie, pero en el campamento de Aida, incluso una semana puede parecer una eternidad.