Los manuscritos medievales revelan una fascinación inesperadamente moderna: los gatos eran protagonistas en plena Edad Media

Los gatos fueron aliados esenciales y seres enigmáticos en la Edad Media

Héctor Farrés

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Los vídeos de gatos mueven cifras que muchas productoras envidiarían. En redes sociales, un gesto de un minino puede alcanzar millones de visualizaciones en pocas horas, y los memes protagonizados por ellos circulan sin freno de pantalla en pantalla. Tienen algo hipnótico, una forma de moverse que desarma y divierte al mismo tiempo. No importa si es un gato saltando mal, un maullido desafinado o una mirada que parece juzgar a medio planeta: la red entera se detiene un segundo para mirar.

Esa atención no nació con la tecnología, sino que actualiza una costumbre muy antigua: la de observarlos y tratar de entender qué los hace tan irresistibles. Con ello, el interés viral por los gatos encuentra un paralelismo en un pasado donde también eran protagonistas, aunque sobre pergaminos y no en pantallas.

La fascinación por los felinos tiene raíces mucho más antiguas

La exposición Paws on Parchment, abierta en el Walters Art Museum de Baltimore, recoge esa relación histórica entre los felinos y las personas. Los especialistas del museo, liderados por la curadora Lynley Anne Herbert, presentaron manuscritos y obras que revelan la presencia constante de los gatos en la vida medieval.

El punto de partida es un documento flamenco del siglo XV marcado accidentalmente por las huellas de un gato que caminó sobre el pergamino recién escrito. Ese detalle fortuito se ha convertido en símbolo de una conexión duradera entre el pasado y el presente.

El documento flamenco con huellas de gato inspira la exposición, que incluye la historia de un grupo de felinos rescatados que recorrieron el museo y acabaron adoptados

Durante la Edad Media, los gatos eran imprescindibles en los hogares por su habilidad para cazar ratones y proteger los alimentos. Según las investigaciones de Herbert, las enciclopedias del periodo los describían como cazadores de precisión, esenciales para la higiene y la conservación de los bienes. Su figura, sin embargo, también generaba cierto misterio. La agilidad y la capacidad de ver en la oscuridad alimentaban historias que los situaban entre lo práctico y lo sobrenatural.

Las distintas culturas también dejaron su propia visión de los felinos

El recorrido de la muestra reúne piezas de distintas culturas que retratan esa dualidad. Entre ellas hay una versión turca del siglo XIII de Wonders of Creation, donde un gato negro aparece entre plantas, y un libro de evangelios armenio del siglo XVII encargado por una mujer llamada Napat, que incluyó figuras felinas para honrar a su familia y quizá a sus propios animales. También se expone un manuscrito asiático del siglo XV con ilustraciones en acuarela que reflejan el afecto hacia estos compañeros de cuatro patas.

El arte cristiano medieval tampoco se quedó al margen. En la pintura Madonna y el Niño con un gato, del siglo XV, el pequeño Jesús aparece junto a un felino, una imagen inspirada en una leyenda que cuenta cómo una gata dio a luz en el pesebre de Belén.

Los textos medievales los describían como cazadores indispensables para mantener limpios los hogares

La exposición recuerda además que en el mundo islámico el respeto por los gatos estaba profundamente arraigado. El profeta Mahoma los apreciaba por su limpieza y compañía, y el sultán Baybars creó en El Cairo un jardín destinado a cuidar a los animales callejeros.

Un hallazgo fortuito sirve de hilo conductor y conecta siglos de convivencia

La historia del manuscrito flamenco, con sus marcas entintadas, actúa como hilo conductor del recorrido. El hallazgo, hecho por el equipo del Walters Art Museum, ofrece un contacto real con la vida cotidiana de los escribas. Herbert explicó que ese tipo de detalles permiten conectar con gestos que siguen siendo familiares siglos después: un gato curioso que interrumpe un trabajo y deja su firma involuntaria sobre el papel.

La muestra permanecerá abierta hasta el 22 de febrero de 2026 e incluye una acción solidaria realizada junto al Baltimore Animal Rescue and Care Shelter. Cuatro gatos de rescate recorrieron las salas del museo en la inauguración, y dos de ellos fueron adoptados por la propia Herbert.

Ese gesto bonito final enlaza con la idea principal de la exposición: la relación entre los humanos y los gatos no ha cambiado tanto. De los manuscritos a los vídeos virales, su presencia sigue marcando a los humanos con la misma naturalidad con la que se cuelan en una reunión o se tumban en mitad del teclado.

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