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Hambre en Gaza: “Alimento a mis hijos con trozos de pan seco, nuestra situación es humillante”

Haneen Harara

Gaza —

Ya son más de cuatro meses de masacre, desplazamiento forzado y violencia contra dos millones de personas que viven en el enclave costero de 365 kilómetros cuadrados.  

La población de toda la franja de Gaza está sufriendo la violencia directa de los ataques israelíes por cielo, mar y aire, y también la violencia indirecta del hambre y las enfermedades que podrían ser aún más mortíferas que los bombardeos debido a la falta de agua y alimentos, las pobres condiciones de higiene y la superpoblación de los refugios. Los 154 de la Agencia de Naciones Unidas para la población refugiada de Palestina, UNRWA, están masificados y albergan a alrededor de 1,7 millones de desplazados y desplazadas, dentro de ellos y en sus inmediaciones. Lo que provoca la proliferación de las afecciones.  

En esta violencia que impacta desde tantas aristas, los habitantes de Gaza están sometidos a una situación humanitaria catastrófica sin precedentes en la que las restricciones a la entrada de suministros ponen en riesgo de hambruna a toda una población, especialmente a quienes se encuentran en el norte.  

Según la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de las Naciones Unidas, OCHA, desde principios de 2024, las autoridades israelíes negaron el acceso al 51% de las misiones planificadas por UNRWA y sus socios humanitarios para entregar ayuda y realizar evaluaciones en zonas al norte de Wadi Gaza. Según el Grupo de Seguridad Alimentaria, la inseguridad alimentaria al norte ha alcanzado un estado extremadamente crítico, dadas las importantes restricciones a la entrega.  

“Alimento a mis hijos con trozos de pan seco. No hemos conseguido ninguna ayuda humanitaria excepto harina de UNRWA. Nuestra situación es humillante”, explica Khadeeja Matar, entre un mar de tiendas de campaña. Khadeeja, de 33 años, proviene de un barrio al norte de Gaza y permanece desplazada con sus hijos pequeños en Rafah. En el norte, las personas que aún residen tienen que triturar la comida seca de animales para sobrevivir por la escasez de ayuda humanitaria. Ahora, incluso eso se está agotando. 

“Cuando llego al mercado para comprar alimentos, regreso con apenas un puñado. Los precios de las verduras son demasiado caros, antes del 7 de octubre comprábamos 10 tipos de verduras que costaban máximo 100 ILS (30 dólares), ahora con eso no haces nada”, lamenta Raeed Badah, palestino de 50 años, desplazado del barrio de Sheikh Redwan, al sur de la Franja. “No podemos soportar estos precios. Como no hay suficiente ayuda humanitaria, solo podemos acceder a agua y alimentos comprándolos. ¡Cada cosa cuesta el doble del doble!”, explica.  

La situación es dramática para toda la población y fundamentalmente para quienes sufren patologías. Aseel Dahdouh, palestina de 18 años, convive con su condición de celíaca que le obliga a mantener una alimentación que lamentablemente ya no está disponible. Sufre todos los días por la falta de alimentos sin gluten. Solo tiene a su alcance limitadas opciones que no puede rechazar ya que le permiten sobrevivir.  “Soy celíaca desde que tenía 2 años, es algo con lo que me crie. Recibía la ayuda de la Asociación ”Ard El-Insan“, una clínica de salud que me proporcionaba todos los alimentos que necesitaba”. 

Las mujeres embarazadas y los recién nacidos son uno de los grupos que más están sufriendo las consecuencias del asedio. Naciones Unidas estima que alrededor de 50.000 mujeres embarazadas viven actualmente en Gaza, y cada día se producen más de 180 nacimientos en medio de la destrucción del sistema de salud. Se supone que estas madres y padres deben brindar cuidados especiales en materia de alimentos, medicinas, artículos de higiene y agua potable, pero la escasez de todos estos productos hace que la situación también sea mucho más difícil para los recién nacidos. Los problemas físicos y psicológicos que enfrentan las madres provocan dificultades para amamantar que tampoco se pueden suplir con la escasa leche disponible en el mercado.  

Además del hambre, la miseria, el miedo y la violencia, la población convive con imágenes aterradoras que no pueden sacarse de la cabeza: “No puedo olvidar a dos hermanos que recibieron un disparo de un francotirador israelí mientras uno de ellos intentaba llegar al punto de reparto humanitario del sur de la Franja. Ambos fueron asesinados mientras intentaban conseguir comida”, cuenta Dina Elhelou, mujer desplazada de 30 años, mientras mira a sus gemelos recién nacidos.  

Cada día, la población espera la ayuda humanitaria que les ayuda a sobrevivir, pero Israel está utilizando el hambre de los civiles como arma de guerra en la ocupada franja de Gaza. Un arma que mata lentamente y que infringe el sufrimiento adicional de ver como tus hijos pasan hambre y no tener con qué alimentarlos.  

Ya son más de cuatro meses de masacre, desplazamiento forzado y violencia contra dos millones de personas que viven en el enclave costero de 365 kilómetros cuadrados.  

La población de toda la franja de Gaza está sufriendo la violencia directa de los ataques israelíes por cielo, mar y aire, y también la violencia indirecta del hambre y las enfermedades que podrían ser aún más mortíferas que los bombardeos debido a la falta de agua y alimentos, las pobres condiciones de higiene y la superpoblación de los refugios. Los 154 de la Agencia de Naciones Unidas para la población refugiada de Palestina, UNRWA, están masificados y albergan a alrededor de 1,7 millones de desplazados y desplazadas, dentro de ellos y en sus inmediaciones. Lo que provoca la proliferación de las afecciones.