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Ni Albarracín ni Aínsa: el pueblo aragonés con un embalse y una ruta senderista para hacer en primavera

Ribera del río Huerva.

Edu Molina

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En la provincia de Zaragoza, alejado de los focos turísticos más habituales y sin el reconocimiento de otras localidades aragonesas, Tosos se perfila como una joya discreta que empieza a despuntar como destino predilecto para quienes buscan naturaleza, tranquilidad y senderos al aire libre.

Este municipio, que conserva su carácter rural, su paisaje de transición entre la ribera del Huerva y las sierras del Sistema Ibérico, y un entorno dominado por el embalse de Las Torcas, ofrece una alternativa primaveral para disfrutar sin aglomeraciones.

La primavera transforma esta zona del Campo de Cariñena en un espacio vibrante. La floración cubre el terreno de color, las temperaturas suaves invitan al paseo sin prisas, y el aire limpio arrastra aromas típicos del monte bajo mediterráneo.

Tosos se encuentra a menos de una hora en coche de Zaragoza, lo que lo convierte en una escapada ideal tanto para caminantes con experiencia como para senderistas ocasionales. Su combinación de valores naturales, patrimonio arquitectónico y vida local ofrece un atractivo discreto, pero auténtico que encaja con las nuevas formas de turismo que buscan reconectar con el entorno.

En este contexto, el embalse de Las Torcas y la ruta circular de senderismo que lo acompaña se convierten en los principales protagonistas. Ambos elementos estructuran una visita que puede comenzar con un paseo por el pueblo y terminar con una comida campestre frente a la lámina de agua.

El paisaje es sobrio y limpio, modelado por siglos de aprovechamiento agrícola y forestal, y conserva todavía el ritmo lento de una vida anclada a la tierra. Ni tan visitado como Albarracín ni tan fotogénico como Aínsa, Tosos reclama su lugar en el mapa del turismo rural, apoyándose únicamente en lo que ya tiene: historia, paisaje y calma.

Un embalse con historia

El embalse de Las Torcas es uno de los grandes atractivos del municipio. Se trata de una infraestructura hidráulica construida en la primera mitad del siglo XX, con una capacidad modesta en comparación con otros grandes embalses de la comunidad, pero de enorme valor paisajístico y ecológico. Su entorno está rodeado de pinos carrascos, matorral mediterráneo y zonas de cultivo que dibujan un mosaico de colores y texturas a lo largo del año.

La presencia del agua ha generado, además, un microclima que favorece la biodiversidad. Las orillas del embalse son frecuentadas por aves acuáticas en sus aguas tranquilas. También es un lugar habitual para la práctica de la pesca deportiva, aunque su mayor valor reside en su carácter de zona de descanso y paseo. La tranquilidad del entorno lo convierte en una alternativa ideal para quienes desean escapar del ruido urbano y reconectar con un ritmo más pausado.

El acceso al embalse es sencillo y está bien señalizado desde el casco urbano del pueblo. Muchos visitantes optan por realizar la ruta senderista circular que parte desde la iglesia parroquial y rodea buena parte del embalse, ofreciendo miradores naturales desde los que contemplar el entorno. El contraste entre el azul del agua, el verde de los pinares y el tono cálido de la tierra es uno de los elementos visuales más destacados de esta zona.

Ruta senderista circular

La propuesta senderista de Tosos es una ruta circular de unos 9 kilómetros, con un desnivel acumulado que no presenta grandes dificultades. Su punto de inicio es la plaza de la iglesia del pueblo, desde donde se toma una pista de asfalto que asciende por las inmediaciones del núcleo urbano. La primera parte del recorrido transcurre por carretera y pista forestal, permitiendo una caminata cómoda.

A medida que se avanza, el sendero se interna en zonas de pinar y campos de cultivo, atravesando paisajes característicos del piedemonte zaragozano. El trazado está señalizado y es apto tanto para caminantes sin experiencia. A lo largo del recorrido se suceden pequeños hitos naturales y culturales, como antiguas casetas de labor o fuentes, que hablan de un pasado agrícola todavía muy presente en la memoria del lugar.

La segunda mitad del recorrido, correspondiente al regreso, discurre por la frondosa ribera del río Huerva. Esta parte de la ruta contrasta con la anterior por su vegetación más densa, su sombra natural y la presencia del agua, que aporta frescor y diversidad de flora.

Tosos ofrece una escapada completa para quienes deseen combinar senderismo, naturaleza, patrimonio y descanso en un solo destino. Sin artificios ni multitudes, este rincón zaragozano ofrece todo lo necesario para una jornada o un fin de semana de desconexión y descubrimiento en plena primavera.

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