Esta isla irlandesa, sede del primer radiocable telegráfico que unía Europa con América, te sorprenderá con sus acantilados de 180 metros

El faro de Cromwell Point, erigido sobre las ruinas de una fortaleza militar del siglo XVII, es el edificio más fotografiado de la isla

Alberto Gómez

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Ubicada frente a la costa del condado de Kerry, en la península de Iveragh, la isla de Valentia es uno de los destinos más occidentales de Irlanda. Conocida como Oileán Dairbhre en irlandés, esta pintoresca isla combina una espectacular belleza natural con un clima sorprendentemente templado. Este microclima particular es propiciado por la corriente del Golfo, que otorga una tregua climática frente al océano Atlántico. La isla se extiende unos 11 kilómetros de longitud por 3 de ancho, y está unida al continente a través del puente Maurice O'Neill en Portmagee. También es accesible mediante un ferry para coches desde Reenard Point que opera de abril a octubre.

Para los viajeros que recorren el Anillo de Kerry, este paraje costero representa el colofón ideal de su viaje, donde la serenidad del paisaje y la calidez de sus 600 habitantes cautivan de inmediato. El hito histórico más trascendental de la isla se produjo en 1866, al convertirse en la terminal oriental del primer cable telegráfico transatlántico exitoso del planeta. Esta monumental obra conectó la bahía de Foilhammerum en Valentia con la localidad de Heart's Content en Terranova, Canadá. De este modo, se logró reducir el tiempo de transmisión de los mensajes entre Europa y América de semanas a tan solo unos minutos, marcando un hito en la historia. El sorprendente logro, que fue ‘bautizado’ como la Octava Maravilla del Mundo, impulsó la revolución tecnológica global y transformó las finanzas y el comercio internacional de manera irreversible.

Hoy en día, la histórica Estación del Cable de Valentia revive esta épica aventura a través de una exposición interactiva, donde los visitantes pueden experimentar enviando código Morse y comprender su legado mundial. La naturaleza de Valentia es igualmente sobrecogedora y regala paisajes espectaculares, entre los que sobresalen la montaña Geokaun y los acantilados de Fogher. Con una altura de 180 metros, la montaña Geokaun representa el punto más elevado de la geografía isleña y cuenta con una carretera que permite ascender hasta su cumbre de forma sencilla. En un día despejado, las miradas se pierden en una impresionante vista de 360 grados que abarca las místicas islas Skellig, la bahía de Dingle y la abrupta línea costera.

La isla se extiende unos 11 kilómetros de longitud por 3 de ancho y la serenidad del paisaje y la calidez de sus 600 habitantes cautivan de inmediato

Justo a los pies de la montaña, los imponentes acantilados de Fogher se desploman verticalmente hacia las gélidas aguas del Atlántico en una caída de 180 metros. Este mirador excepcional de la Vía Atlántica Salvaje ofrece un contraste magnífico entre el verde de las colinas y el azul profundo de un océano indomable que ruge con fuerza contra las rocas.

La historia de la isla no se mide en siglos, sino en cientos de millones de años, gracias a uno de los tesoros paleontológicos más importantes de toda Europa. En la costa norte de Valentia se encuentra la famosa Pista de Tetrápodos, un yacimiento que conserva las huellas fosilizadas de un animal de cuatro patas que caminó sobre la Tierra. Estas marcas se remontan a más de 385 millones de años, representando una de las evidencias más antiguas de vertebrados transitando fuera del agua. Estos primeros pasos prehistóricos ocurrieron mucho antes de los dinosaurios, lo que otorga al sitio un valor científico inconmensurable. El sendero que conduce a este yacimiento es una caminata libre de pago que permite a los visitantes reflexionar sobre el origen de la vida terrestre, contemplando huellas fosilizadas que han resistido los embates del viento y del mar Atlántico por siempre.

El núcleo social y cultural de la isla es Knightstown, un pintoresco pueblo con encanto que destaca por sus casas de fachadas coloridas y su vibrante atmósfera portuaria. Aquí se localiza el Centro de Patrimonio de la Isla de Valentia, ubicado en una antigua escuela construida en 1861, que expone interesantes muestras de la vida cotidiana. Las salas del museo albergan objetos de época, fotografías históricas y relatos de los antiguos pobladores, además de colecciones sobre la fauna marina y la epopeya del cable. En el pueblo, la hospitalidad local se siente en sus acogedores cafés y pubs, donde se puede degustar pescado fresco y helados artesanales elaborados en la propia isla. El puerto pesquero, que ha dado sustento a familias locales por siglos, ofrece una hermosa vista hacia la bahía.

Un faro muy fotogénico

Otro de los rincones más fascinantes es la cantera de pizarra de Valentia, abierta en 1816 para extraer una piedra púrpura de gran calidad. Este material gozó de una fama internacional tan notable que fue exportado a todo el mundo, empleándose en las techumbres de la Cámara de los Comunes en Londres y la Ópera de París. Aunque la actividad cesó, se reactivó y hoy en día su piedra está en estudio para ser declarada como piedra de patrimonio internacional. En la actualidad, un sendero asciende hasta una gruta mariana construida dentro de la roca, a unos treinta metros sobre el acceso. Este santuario ofrece una de las pocas vistas del oscuro interior de las minas de extracción, donde el viento sopla con fuerza y la historia industrial se funde de manera mágica con la devoción en un entorno rocoso.

La aventura en Valentia culmina con el faro de Cromwell Point, erigido sobre las ruinas de una fortaleza militar del siglo XVII. Este singular faro, que es el edificio más fotografiado de la isla, cuenta con una piedra erguida de la Edad de Bronce de más de tres metros que atestigua una ocupación milenaria. Asimismo, Valentia se encuentra dentro de la Reserva Internacional de Cielo Oscuro de Kerry, la primera con categoría de oro en el hemisferio norte, ideal para contemplar estrellas. Para completar el viaje, se aconseja realizar la caminata del sendero de Bray Head hasta la torre de señales napoleónica, que brinda vistas espectaculares de las islas Skellig.

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