La era del tiramisú: lo que el postre que arrasa revela sobre la nostalgia y la decadencia
Cuando Giancarlo Fanigliulo abrió Marrone, una cafetería dedicada al tiramisú en el Soho londinense en agosto, no se esperaba que se agotara todo en dos horas y media. “Esperaba que hubiera expectación, pero no que se formaran colas que dieran la vuelta a la esquina”, me cuenta. “Fue una locura”.
Este tipo de entusiasmo por el postre italiano no es un caso aislado: al parecer, vivimos en una era de “tiramisúmanía”. Casi todas las cadenas de cafeterías han ofrecido algún tipo de café de tiramisú como especial de temporada (en EEUU, Dunkin’ tiene actualmente cuatro bebidas diferentes con sabor a tiramisú en su carta). Por su parte, Haagen-Dazs y Carte D’or venden ahora helado de tiramisú, la cadena londinense Buns from Home ofrece un bollo de masa de croissant con sabor a tiramisú y las redes sociales están repletas de recetas de tiramisú y vídeos de “cajones de tiramisú” —bandejas con el postre listas para servir desde los cajones de las cocinas de los chefs—, tal y como popularizó el vídeo viral del restaurante de pasta de Manchester Onda.
Marrone no es el primer local especializado “solo en tiramisú” que ha surgido en los últimos años: el Paradiso de Sheffield —que, además del tiramisú clásico, te ofrece un “latte-misù” (un café helado coronado con una porción de tiramisú)— abrió sus puertas en 2023; mientras que el Secret Layers, que se hizo viral en TikTok, donde se puede comprar el postre en una pequeña ventanilla en la pared, abrió en Paddington, Londres, el año pasado. En marzo se batió el récord mundial Guinness del tiramisú más largo del mundo cuando unos chefs prepararon una porción de 440,6 metros de este postre (aunque hubo cierta polémica, al menos entre mis amigos, sobre si realmente debía considerarse el más largo, ya que parecía una serie de porciones más pequeñas de tiramisú unidas entre sí).
Los supermercados también están notando un repunte en las compras de tiramisú. “Las ventas de nuestra gama de tiramisú de marca propia han crecido un 5 % durante el último año, y nuestro postre Tesco Finest Coffee & Amaretto Tiramisu ha resultado especialmente popular, con un aumento de las ventas de casi un 10 %”, afirma Peter Wood, responsable de compras de la categoría de postres de Tesco. M&S, que actualmente tiene en stock “brownies cremosos de tiramisú” y que en Semana Santa vendió bollos de tiramisú con cruz, afirma que las ventas de tiramisú han aumentado un 27% en comparación con el año pasado. [En España también se cuela entre los refrigerados del súper y las novedades de las cartas de los restaurantes-tendencia].
La moda del tiramisú también ha llegado a las bodas, a veces como sustituto de la tarta nupcial. Este postre “es probablemente una de las principales tendencias de 2026”, afirma el organizador de bodas Oliver Stanton, afincado en los Cotswolds; cuando hablamos con él, acaba de terminar de trabajar en una boda en la que se sirvió tiramisú. “Muchas parejas piden que se sirva el tiramisú en copas de champán y se disponga en forma de torre, como se haría con una torre de champán. Sirve tanto como postre para los invitados como para crear una oportunidad fotográfica adicional”.
El tiramisú siempre ha sido un postre muy querido, pero Lisa Harris, cofundadora de la consultoría de alimentación y bebidas Harris and Hayes, entiende por qué está experimentando un repunte de popularidad en este momento: los algoritmos de las redes sociales premian la nostalgia y todo aquello que simbolice la decadencia, y el tiramisú cumple ambos requisitos. “Un buen tiramisú es, en realidad, un ejercicio de equilibrio entre el café, la crema y el bizcocho. En realidad, no tiene mucho misterio”, afirma Harris. “Y, sin embargo, también es sinónimo de placer”.
La proliferación de productos con sabor a tiramisú, añade, se debe probablemente en parte a la propia palabra “tiramisú”: “Transmite elegancia sin necesidad de esforzarse demasiado”. También es una forma sencilla de describir un perfil de sabor específico: “Podría decir 'café con leche de tiramisú', 'galleta de tiramisú' o 'donut de tiramisú', y sabrías que me refiero a que lleva crema y café”.
La aparición de la “cultura de los pequeños caprichos” —el concepto de darse pequeñas recompensas en medio de tiempos políticos y económicos difíciles— también ha contribuido al éxito del tiramisú y de los productos con sabor a tiramisú. En un momento “en el que la gente quizá sale menos a comer fuera, dada la situación económica actual”, darse un capricho se vuelve más codiciado. El simple hecho de que alguien “se plantee qué postre va a tomar” cobra mayor importancia, afirma Harris.
En parte fue precisamente porque el tiramisú se ha convertido en “todo un fenómeno cultural” por lo que Fanigliulo decidió abrir Marrone. Este joven de 30 años no tiene experiencia en el sector de la hostelería —antes trabajaba en ventas de tecnología—, pero le llamó la atención que “cuando piensas en el tiramisú, nunca ha habido una marca asociada a él”. Su familia es italiana por parte de padre, y su tiramisú se inspira en la receta de su abuela. Los tres tiramisús del menú de Marrone (el clásico original, el de chocolate negro y sal marina, y el de pistacho, cada uno a 10 libras el vaso) tienen un estilo ligero y brillante —a diferencia de un bloque que conserva su forma al cortarlo—, que es como a Fanigliulo le gusta el tiramisú. Espera que Marrone se convierta en un lugar de referencia para quienes busquen este estilo de tiramisú (que, puedo confirmar, está absolutamente delicioso).
El entusiasmo de Fanigliulo por un buen tiramisú es contagioso y me recuerda que, de verdad, me encanta este postre tan bonito, cremoso y lleno de cafeína y alcohol. Y estoy totalmente a favor de que haya más sitios donde tomar un buen tiramisú. Pero cada vez que veo una nueva versión de este maravilloso postre convertida en otra bebida o aperitivo más, no puedo evitar pensar que quizá nos estamos pasando un poco. ¿Quizá sea hora de decir “tirami-stop”?
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