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Agustín Esono no verá el partido de La Roja contra Guinea Ecuatorial

Esta es la historia de un profesor que un mal día del año pasado fue detenido en su casa por un delito que ni siquiera existe en el Código Penal de Guinea Ecuatorial. Desde entonces está preso. Aprovechando que la selección española juega en Malabo el 16 de noviembre, Amnistía Internacional lanza una campaña para pedir su libertad.

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La selección española de fútbol celebra el triunfo en la Eurocopa de 2012. Football.ua CC-BY-SA-3.0 or GFDL via Wikimedia Commons

La selección española de fútbol celebra el triunfo en la Eurocopa de 2012. Football.ua CC-BY-SA-3.0 or GFDL via Wikimedia Commons

Se llama Agustín Esono Nsogo y es de Guinea Ecuatorial. Seguramente, este sábado no estará en el estadio ni verá el partido de fútbol que enfrenta a su selección con la española, a pesar de que los medios de comunicación y el gobierno del presidente Obiang -en el poder desde que protagonizó un golpe de estado en 1979- consideran la visita de la Roja, la actual campeona del mundo y de Europa, un acontecimiento histórico.

Agustín Esono Nsogo es profesor, propietario y director de un colegio privado en Bata, la principal ciudad de la zona continental de Guinea Ecuatorial. Además, es sobrino de un cofundador del partido político de oposición Unión Popular (UP) que murió bajo custodia policial en 1993 a consecuencia de las torturas sufridas. Agustín está preso desde hace más de un año. Agentes de policía sin orden de detención entraron en su casa el 17 de octubre de 2012 a las 11 de la noche y lo detuvieron. Amnistía Internacional lo considera  preso de conciencia porque su detención y el hecho de que continúe recluido sin cargos ni juicio no tienen justificación y obedecen a motivaciones políticas. La organización pide su libertad inmediata e incondicional.

Estadio de futbol de Malabo. Por Embassy of Equatorial Guinea

Estadio de futbol de Malabo. Por Embassy of Equatorial Guinea


Según parece, la razón de su detención fue que el día anterior había realizado un cambio de divisas con un ciudadano francés residente en Bata que temía por su vida y deseaba salir cuanto antes de Guinea Ecuatorial. Inmediatamente después de su detención, Agustín Esono Nsogo fue embarcado en un avión con destino a la capital, Malabo, y posteriormente encarcelado en la prisión de Black Beach, en donde pasó al menos una semana en régimen de incomunicación. Durante ese tiempo fue torturado en tres ocasiones, al parecer para obligarle a confesar un complot destinado a desestabilizar al país, supuestamente dirigido por un exlíder de UP exiliado en España. Le golpearon con porras en ambas muñecas, en las plantas de los pies y en la cabeza, y a consecuencia de ello perdió la audición en el oído izquierdo.

La legalidad de su detención se confirmó en noviembre, cuando ya llevaba un mes recluido, y no en el plazo de 72 horas establecido en la legislación nacional. Aunque no se han presentado cargos contra él ni ha sido juzgado, continúa encarcelado y ha sido acusado de intentar desestabilizar el país, un delito que no existe en el Código Penal de Guinea Ecuatorial.

La Audiencia Provincial de Malabo ha desestimado los recursos presentados por el abogado defensor, debido en gran parte a los desacuerdos entre las Audiencias Provinciales de Malabo y Bata acerca de cuál de las dos es competente para examinar el caso.

Oscuro historial de derechos humanos en Guinea Ecuatorial
Pese a las reiteradas promesas de mejorar la situación de los derechos humanos en Guinea Ecuatorial, éstas no se cumplen. La libertad de expresión, reunión y asociación, así como la libertad de prensa, siguen siendo severamente restringidas. Se detiene a personas arbitrariamente y se las encarcela por ejercer o tratar de ejercer estos derechos. Aunque la ley no requiere un permiso oficial para celebrar manifestaciones, éstas no están permitidas y quienes las organizan y quieren manifestarse a menudo son arrestados. Los medios de comunicación siguen bajo el control del gobierno lo que limita opiniones críticas al presidente Obiang. Periodistas extranjeros también han sido objeto de hostigamiento, arresto, detención y malos tratos antes de recibir la orden de expulsión del país.
Imagen de la fachada de una comisaría en Malabo. © AI

Imagen de la fachada de una comisaría en Malabo. © AI


El régimen de incomunicación o la detención secreta y preventiva sin cargos son comunes, al igual que la práctica de detener a familiares de activistas políticos como rehenes. Quienes defienden los derechos humanos también están en el punto de mira. Esta grave situación se agrava cuando van a celebrarse elecciones o antes de otros eventos importantes. No es raro que se justifiquen las detenciones alegando que estas personas quieren desestabilizar al país. La duración de la detención varía desde días hasta meses.

La tortura y otros malos tratos siguen siendo constantes y los homicidios y también se han producido ejecuciones llevadas a cabo por agentes estatales. La policía y los soldados siguen gozando de impunidad casi total. El sistema judicial es débil y está politizado. Desde 2009, varias personas, incluidos extranjeros, han muerto en los bloqueos de carreteras después de negarse a pagar sobornos. No se han realizado investigaciones sobre la mayoría de estos casos. Sólo en raras ocasiones algunas violaciónes de derechos humanos son investigadas y los responsables llevados ante la justicia.

Por otra parte, la pena de muerte está vigente. Las últimas cuatro ejecuciones se produjeron en 2010 y en 2012 una persona fue condenada a la pena capital.


En este contexto es en el que se enmarca el partido
de la selección española de fútbol el próximo 16 de noviembre
y el caso de Agustín Esono Nsogo.
Amnistía Internacional pide su libertad inmediata e incondicional

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