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En la cárcel, como en ningún sitio

Inmigrantes internados en cárcel de Málaga

Lo peor no es que sea ilegal, que lo es, haber encerrado a 700 inmigrantes en la cárcel Málaga II, aunque el Tribunal Constitucional ha dejado claro que los centros de internamiento para extranjeros no pueden tener "carácter penitenciario".

Lo peor no es la frivolidad con la que Juan Ignacio Zoido ha defendido las virtudes de la prisión: "Nueva a estrenar", ha presumido como si en lugar de ministro del Interior fuera el comercial de una inmobiliaria. O ese vídeo de presentación del futuro CIE de Algeciras, un auténtico ejemplo de photoshop político para acallar la tormenta mediática al que sólo le falta retratar a inmigrantes jugando al padel o tocando la guitarra.

Lo peor no es la persistente falta de sensibilidad de un político que ya acusó a las ONG  de "favorecer la inmigración ilegal". Y que cuando quiso arreglarlo añadió, encogiéndose de hombros, que el Gobierno " no es responsable" de que haya gente que arriesgue la vida para cruzar el Estrecho.

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Punto España (.España)

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En estos días se ha hablado mucho de los derechos históricos, del Concierto vasco, de su cálculo, el Cupo. Sin olvidarnos de Navarra, que no pasaba por allí, que lleva ahí también, históricamente, lo suyo. Cataluña y los desajustes territoriales, igual; el ferrocarril extremeño también tiene su historia, como el de Granada, Almería o el enclave ferroviario del puerto de Algeciras. No hemos evolucionado mucho, hay un aroma patrio a bolilla de alcanfor, a ropero rancio.

Tomemos al duque de Lerma, el mayor ladrón de España, según las coplillas castellanas. Y al conde-duque de Olivares, el que intentó con su Unión de Armas que Catalunya y los reinos aragoneses se integraran más y pagaran lo que les correspondía. No me olvido de la Iglesia, la copleta seguía con un que "para no morir ahorcado, el mayor ladrón de España se vistió de colorado", es decir, que se hizo nombrar cardenal, una manera antigua, como ahora, por otros medios, de aforarse y tener privilegios judiciales. Pues ya tenemos la arquitectura de esa España que permanece, su España, validos del rey, cleptocracia, ladrones, desequilibrios y chantajes territoriales, poder de los curas...

La adaptación al tiempo actual sería  fácil: sólo habría que decir, D. de Lerma , C.D.  de Olivares. En la Iglesia, bueno, A. Cañizares. Se trata de un prelado, vicepresidente de la Conferencia Episcopal y arzobispo de Valencia, sí, de Valencia, que dice que ser católico e independentista es incompatible, pero se olvida de ser corrupto, mentiroso, xenófobo o abusador de menores. Y de no tomar el nombre de Dios en vano. Para adaptarnos más al tiempo actual, habría que añadir el fútbol, que no había entonces, pero eso será para otro día, en el que invitaré a esta columna al maestro y sabio Galeano. Además, todo el mundo sabe quiénes son C. Ronaldo, S. Rosell, F. Pérez  o L. Messi.

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¿Nos estamos olvidando de los niños?

Las denuncias por violencia de género se incrementan en el primer semestre de 2017

"Los niños pueden ser brutos y las niñas educadas". "Se meten con mi amigo porque lleva una camiseta rosa". "Niño, deja ese carrito que eso es de niñas". "Todo el mundo sabe que las niñas no juegan al fútbol igual que los niños". "Mi amigo quería venir con falda y al final le ha dado vergüenza". Parecen lugares comunes, pero son frases reales. Escuchadas en diferentes escenarios con protagonistas infantiles. En España. Siglo XXI. Certifican que tenemos que seguir trabajando en igualdad, sin duda. Porque avanzamos pero no al ritmo al que a muchas y muchos nos gustaría. Prueba de ello es la respuesta virulenta del nuevo machismo. Se rearman, luego avanzamos. Certifican que, al tiempo que peleamos día a día, y con dificultades, en empoderar a las niñas, quizás, y sólo quizás, estamos olvidando un poco a  los niños en este capítulo.

Porque esos niños son los que tendrán que crecer y trabajar por la igualdad, que corresponsabilizarse de la vida con sus parejas, que respetar y respetarse. Serán los que expresen sus sentimientos con esfuerzo y libertad, sin la losa del "los chicos son los fuertes". Serán los que se permitan ser débiles. Ellos serán los que hablen con igual respeto y conocimiento de Velázquez o de Sofonisba Anguisola, de Gandhi o de María Zambrano. Los que se escandalicen cuando alguien mande a fregar a una mujer por ser mujer. Los que hayan aprendido a cuidar. Serán algunos de los que tengan que afear al que se permite tocarle el culo a una chica en el autobús, en el metro o en una bulla porque sí. Que se pregunten por qué hay hombres que se sienten con derecho de abusar de menores. Serán los que no entiendan cómo cinco jóvenes se sienten con autoridad y derecho a acorralar a una chica en un portal y violarla entre todos, así, porque pueden.

Serán esos niños que no crezcan con la superioridad y el privilegio en sangre, ese privilegio que, como dice la economista Lina Gálvez, "resulta tan difícil de abandonar". Porque la superioridad es una dolencia que, lejos de ser catalogada entre las raras, es tan generalizada como la gripe. ¿Estacional? Puede ser. Aunque parece que puede instalarse en los cuerpos receptivos en cualquier época del año. Los expertos afirman que tiene pinta de quiste, aún así debe ser poco visible porque es difícil ver dónde se ubica. Los que son visibles son los síntomas. "Yo soy mejor y eso me da derecho a todo". Es el quiste raza superior.

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Las tribus urbanas que fuimos

Heavy

Ahora todo es atómico, quebradizo y andamos todos perdidos, pero antes había menos opciones y uno se podía orientar rápidamente en cualquier cosa, por ejemplo, en el grupo del que iba cada uno. Recupero las cinco opciones sociales básicas de mi juventud y propongo volver a ellas. Todos nos considerábamos a nosotros mismos normales, pero éramos de una de estas.

Descripción: El origen de toda esta estética para mí es El Príncipe de Bel Air. Algunos pocos eran malotes y los demás se beneficiaban de esto porque nos tenían a todos muertos de miedo.

Complementos: Moto de 49 con escape trucado de marca oriental que hiciera cuanto más ruido mejor, gorrita, calzonas de equipo de fútbol, pendiente (antes de Beckham argollita; después, brillantito), Bestard petadas de calcetines o botas Asolo.

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El poder de la palabra

Primero vinieron por nuestras palabras, luego por nuestras carteras. La banca conoce su poder, los vendedores de coches también. Sueño, revolución, independencia, satisfacción, libertad. Palabras como estas son manoseadas, desahuciadas de sus valores, por publicistas o mercantilistas varios. La palabra tiene poder. Más que la violencia, en muchas ocasiones. En Cataluña ha sido así. Los tanques no desfilaron por las calles, ni el Estado de derecho ejercitó con contundencia militar el monopolio que le da su esencia: el de la violencia. Bastaron tres letras: BOE. Los decretos arriaron las banderas y vaciaron los despachos de consejeros. Nadie vestido de verde o marrón desalojó ningún despacho: fue el BOE. La palabra tiene poder.

Cierto que el gran Stefan nos dejó dicho: “El nacionalismo cuenta para su causa con la escuela, el ejército, los periódicos, los himnos y los emblemas. Nosotros solo disponemos de la palabra".

Pero es que la palabra es mucho. Con ella se firman contratos sociales y reglas de convivencia. Ese contrato social aún es respetado. Y, aunque algún dirigente acuda a la supuesta amenaza de violencia por parte del Estado para justificar la abrupta bajada del tren de la independencia, esto no es más que una argucia electoral. Los hechos muestran que, al sacar el BOE el revisor, la independencia se bajó del tren vociferando, sí, pero desde la estación. Que la palabra preste esa musculatura al contrato social es de agradecer, admirar y cuidar. Ese es el poder de la política y por eso el mundo mercantil se las apropia.

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Las otras violencias machistas en las que sois cómplices

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Cuando una mujer es agredida o maltratada, física o psicológicamente, es solo una de las violencias que tendrá que soportar. La violencia machista se nutre de muchas otras que anulan, callan o aíslan nuestra voluntad como mujeres. ¿Con cuántas violencias nos encontramos y chocamos, como si fuesen un muro imposible de derribar?

Violencia en el lenguaje. El lenguaje construye nuestra identidad pero también la destruye a través de insultos, humillaciones y una desacreditación continua por parte del maltratador. Y, aun con esa pesada mochila que casi no deja respirar, cuando se da el paso de contar el daño recibido, la mujer puede llegar a encontrarse con otro lenguaje violento por parte de su círculo cercano o familia. Esos estigmas sobre maltratadas y violadas, esos “cómo te has podido dejar”, o “ya tienes que estar mal para caer en algo así”, o “te gusta que te peguen, tú te lo has buscado…” son escalas que se suman al previo lenguaje sexista que nos invisibiliza y que nos reduce a estereotipos desiguales.

Violencia sanitaria. Quieres decir que eres maltratada o agredida, pero es como si tuvieras un bozal en la boca, como si algo te lo impidiese por dentro. Piensas ir al médico pero, en este caso, no tienes golpes. Se ha puesto el baremo de la agresión en lo más alto, en matarte a palizas o con cualquier arma. Sin golpes, cómo demostrarlo sin que te tomen por loca. Y sin embargo vas al médico, le cuentas tu dolor crónico, lloras, le narras tu insomnio, esa punzada bajo el pecho que no te deja respirar… y te marchas sin que te diagnostique que esas son respuestas de tu cuerpo por la ansiedad y estrés de la violencia recibida.

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La pobreza y el valor del tiempo

Si buscamos el significado de la palabra valor en el DRAE, la primera acepción que nos encontramos es la del "grado de utilidad o aptitud de las cosas para satisfacer las necesidades o proporcionar bienestar o deleite". Sin duda, disponer de tiempo para poder realizar las actividades que nos satisfagan, nos permitan acceder a los recursos que necesitamos para vivir, o realizar las actividades fisiológicas básicas que permiten nuestra existencia, tiene un valor incalculable, sobre todo para determinados grupos sociales y etapas de nuestro ciclo vital.

Pero aún así, en una sociedad de mercado y dentro del proceso de mercantilización constante de nuestras vidas, todo tiende a tener un precio. Y aunque ya popularizara Antonio Machado la frase de Francisco de Quevedo, "sólo el necio confunde valor y precio", la segunda acepción de la palabra valor que nos encontramos en el DRAE es la de "cualidad de las cosas, en virtud de la cual se da por poseerlas cierta suma de dinero o equivalente".

Y es normal que así sea en una sociedad capitalista donde el dinero es la clave para acceder a todo tipo de recursos, incluido el dinero mismo a modo de crédito para poder emprender determinadas acciones en nuestra vida que requieren de financiación. Esto obviamente genera y retroalimenta las desigualdades. No tendría por qué ser así ya que existen alternativas, algunas de las cuales conviven en nuestra sociedad de mercado como los servicios públicos. Pero éstos también tienen un coste y están sufriendo un creciente proceso de privatización, generando por tanto mayor desigualdad y procesos de individualización del riesgo.

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Patriotismo de balcón

Bandera española gigante en Madrid

Siempre he tenido un gran respeto por las banderas, sobre todo por las que van prendidas de un palo al extremo del brazo de un energúmeno, que suele ser el caso, ya sea un etarra con su ikurriña o un guerrillero de Cristo Rey con la rojigualda, que algo tienen en común: siempre eligen un palo igual de duro, como he podido comprobar en mi misma coronilla. De ahí que cuando veo una bandera me agarro la cartera y pongo pies en polvorosa, "no vayamos a pollas", que dicen los granadinos.

Y estos días con más razón ya que, a mi miedo atávico por los palos se une el temor de que tanto despliegue de gallardetes logre ocultar nuestras miserias y la impudicia del PP, que la corrupción con banderas parece que se digiere mejor. Además, con tanta banderola se está echando más leña al fuego, ya que esta demostración de patriotismo balconero no hace sino separarnos más de los catalanes de a pie, a mayor beneficio de Rajoy y sus cuarenta conmilitones.

Tampoco ayuda el entusiasmo que han puesto los independentistas en esto de lucir trapos, que también es una forma de señalar a los que no son catalanes ‘pata negra’, aunque en esto también hay clases, ya que la ‘estelada’ fetén es la que lleva la estrella sobre el triangulito azul, y representa a los catalanes buenos, más bien de la derecha burguesa, en concreto del PdCAT, que bien podría incluir dentro del campo azur el símbolo que mejor representa al partido: un ‘3%’.

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Andalucía tiene que ponerse flamenca

María Pagés

De vez en cuando, los andaluces tenemos que ponernos flamencos: tan denostados como ese viejo arte, históricamente el sur ha recibido insultos y menosprecios tan vivos como ese jondo al que se quiso muerto desde su cuna. Como Andalucía es obstinada, frente a los Eugenio Noel de andar por casa, y con menos formación que el célebre intelectual antiflamenquista, la palabra flamenco figura en el estatuto de autonomía y cada 16 de noviembre lo celebramos porque fue el día que la Unesco lo incluyó en la lista del patrimonio intangible de la humanidad.

Una música forajida, cuya pureza estriba en el mestizaje, sones de aluvión que se van sedimentando sobre el largo río de la historia. He ahí algunas de sus coordenadas: también el hambre y la gracia, con una larga legión de chiquitos de La Calzada que aprendieron y enseñaron compás detrás de las batas de cola hasta que tuvieron que ganarse la vida contando chistes que marcaron a toda una generación.

Comprendo que siga habiendo cenutrios a los que les cueste admitir que lo jondo no sólo es una actitud ante la vida sino un poderoso pentagrama mundial escrito en el aire. No todo el mundo puede ser Manuel de Falla ni Rimsky Korsakof, no todo el mundo se llama Miles Davis. Ustedes se lo pierden, con su oído sectario y sus cánones estrictos de lo que debe ser considerado cultura y lo que está condenado a ser ruido.

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Veto a los anuncios de sexo: bien, pero tarde

Publicidad en un diario del grupo Vocento esta semana.

La presidenta de  la Junta de Andalucía acaba de anunciar que no insertará publicidad, ni firmará contratos, ni dará subvenciones a los medios de comunicación que publiquen anuncios de prostitución, por atentar contra la dignidad de las mujeres.

Quizá a ti, lector, te puede parecer que este tipo de avisos por palabras son cosa del pasado, caspa de los ochenta, residuos de las mamachicho, pero la realidad es que grupos muy importantes de comunicación continúan a día de hoy captando ingresos a través de esta actividad. Anuncios clasificados bajo la etiqueta de "contactos", "relax" o "masajes" tras los que se esconden incontables casos de violación, trata de personas, secuestro, explotación y abusos.

Hay cabeceras, como el eldiario.es o Público, que desde el principio se negaron a dar espacio a este tipo de publicidad. Otras, como 20 minutos (en 2007), La Razón (2009) y El País (hace pocos meses) decidieron renunciar a estas inserciones ante las quejas reiteradas de sus lectores y (también) la evidencia de que cada vez entraba menos dinero por esta vía. Otros grupos de mucha difusión como Vocento (ABC, Diario Sur de Málaga…), El Mundo, Grupo Zeta (El Periodico de Catalunya, Diario Córdoba), varias cabeceras del grupo Joly y no pocas cadenas locales de televisión siguen captando ingresos gracias a estos anuncios.

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