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Cuando seamos normales

Rajoy nos ha prometido volver a la normalidad. Ha sido astuto, mucho más que Puigdemont, incluso más que sus aliados y el ala más extremista de su partido. Ha reducido la aplicación del artículo 155 a su mínima expresión temporal, no así a su mínima expresión nuclear. Ha cesado al President  y a su Gobierno pero ha evitado, de ahí su astucia, dejar al Parlament intervenido, lo ha disuelto, lo cual, no digo que lo demás no lo sea - la destitución del presidente  es como mínimo disputable-,  despeja uno de sus frentes jurídicos más débiles en la aplicación del precepto  constitucional. No sé si ha leído a Baltasar Gracián o devoraba, como un servidor, las series de El chapulín colorao, pero astuto es.

Soraya Sáenz de Santamaría es la nueva molt honorable, pero menos. Habida  cuenta de su experiencia fallida como ministra para Catalunya, con despacho incluido en Barcelona, Rajoy ha sido de nuevo astuto no dejándola gobernar, que es más que probable, además, que no hubiera podido. Gobernando la señora estos 55 días, conociendo el paño santamarino, se hubieran más que previsiblemente   convertido en unos  55 días en Pekín, versión hispana,  más si Rajoy hubiera accedido a que su número dos controlara TV3, como hace con TVE y...

Porque hay que tener una cosa en cuenta: desde el cese del President, el Gobierno  sustituto está en funciones, limitado entonces, según las leyes catalanas (Ley de la  presidencia de la Generalidad  y de Gobierno, artículos 18 y 27, en vigor). La nueva virreina no puede hacer más de lo que la ley dice. Y cabe decir que al Gobierno constitucional de España corresponde un ejercicio de la ley extremadamente escrupuloso, más ante la falta de respeto al orden constitucional de las instituciones catalanas, extremo en el  que se basa la intervención gubernamental. 

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El desconcierto que nos une: una ficción

IMAGEN: PIXABAY

María se levanta por la mañana y pone la radio como hace siempre. Le gusta escuchar las tertulias y cambiar de emisora mientras desayuna. Le gusta tener esa sensación de estar al día a pesar de sus 82 años. Pero lleva unos días, por no decir semanas, en los que no entiende nada. Ella no entiende a los independentistas catalanes. Sabe que suena antigua, porque lo primero que pensó es que esto se arreglaba con los tanques. Pero claro, en realidad, eso lo dice con el calentón porque de pensar en tanques se le eriza la piel. Si algunos supieran… Lo que sí pide es contundencia. Una contundencia que no parece llegar nunca. No entiende a los políticos, la verdad, con lo clarito que lo ve ella todo. Si no cumples la ley… Pero no quiere que pase nada. Quiere que vuelva el orden, eso es todo. María cambia a una emisora musical porque esta mañana parece que el desconcierto y el desasosiego se le han atado a los años y no le dejan caminar bien.

Nuria se agarra a la almohada aunque lleva despierta horas. Debería dormir más. Pero no será hoy. No irá a clase aunque ha quedado con algunos compañeros a la puerta de su facultad para ayudar en los piquetes. Sus padres la apoyan, cree que está donde tiene que estar. ¿Habrá independencia hoy? ¿Llegará la república independiente? Estaba segura de que iba a ocurrir pero después de lo que pasó ayer... Primero pensó que el president era un traidor. Lo pensaron todos. Luego se echó para atrás y dijo que no convocaría elecciones, y entonces Nuria tendría que haber recuperado la esperanza. Pero está decepcionada y no sabe qué va a pasar hoy. Ella lo que quiere es un mundo mejor, y cree que a una Cataluña independiente le va a ir mejor. Ha soltado la almohada de una vez y se va a tomar su café. Que tiene que llegar a tiempo. Aunque sea con su agujero en el estómago y una bolsa de desconcierto en la mochila.

Joan acaba de llegar de correr. Hace frío ya en Bruselas. Cuando llegue a la oficina le va a tocar volver a intentar explicar a Robert  y a Tony qué está pasando en Catalunya, y Robert está resultando un auténtico capullo. Joan no se cansa de decir que no es todo tan sencillo. Que él se siente español y catalán pero si le dan a elegir… y además le han afectado mucho las cargas policiales. Esa no tenía que haber sido la respuesta del Gobierno de España. Y el caso es que no ve nada que le anime porque no hay diálogo. Pero qué diálogo va a haber con un Gobierno central como el que hay. El otro día escuchó la expresión de independentista táctico y se sintió identificado. Lo que está claro es que como pueblo los catalanes no se pueden dejar humillar y tienen que ir fuertes a una negociación futura. Lo único que se lleva hoy en la cartera es el desconcierto y la tristeza que lleva semanas enredada en su corbata.

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El motivo real por el que Sevilla ha sido elegida la mejor ciudad para visitar en 2018 del mundo

Estos días, muchos medios cuentan que la mundialmente conocida guía turística Lonely Planet ha publicado un ranking con los mejores destinos para visitar en el mundo durante 2018, y ese listado lo encabeza Sevilla. 

Ni que decir tiene que hay motivos de sobra para esto, pero es necesario explicar que todo se debe a una persona: Mi compadre Relampaguito de Triana*. 

Hace unas semanas, había quedado con Relampaguito para tomar algo y llegó bastante tarde y vestido con la equipación de su equipo de futbito. Os reproduzco la conversación posterior. 

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Desconcierto andaluz

Susana Díaz

Los diputados del Parlamento andaluz vivieron este jueves como en una montaña rusa la situación de Catalunya, no más alta ni con menos curvas que la de un tertuliano de televisión en directo. Por la mañana, leyeron los periódicos en papel que decían que Carles Puigdemont iba a proclamar la declaración unilateral de independencia. Pesimismo total. A media mañana, los digitales informaban de que no, que su decisión firme era convocar elecciones autonómicas antes de que el Senado apruebe la intervención de la Generalitat de Catalunya, lo que provocó felicitaciones por anticipado al PSC por su mediación. A las 13.30, la bolsa subía con el mero anuncio y la prima de riesgo bajaba. Luego se atrasó una hora, más tarde se suspendió sin hora y finalmente el presidente catalán compareció sobre las cinco y media de la tarde para decir que no convocaba y dejaba la decisión en manos del Parlament.

Tras su breve aparición, el desconcierto se adueñó de la mayoría de los diputados andaluces que este jueves asistían al pleno del Parlamento autónomo. Muchos siguieron a través de sus móviles el sí, el no, el ya empieza, no se atrasa, ahora sí. Tras oír a Puigdemont, la perplejidad inundó la sede parlamentaria. La presidenta de la Junta de Andalucía, Susana Díaz, contestó en la sesión de control a su portavoz, Mario Jiménez, sobre el modelo territorial antes de que Puigdemont hablara. Normalmente, las interpelaciones de Jiménez a Díaz son del tipo me alegro de que me haga esa pregunta, pero esta vez no, porque a esa hora, la una de la tarde, nadie sabía nada. Tampoco Puigdemont.

Díaz, como todos, daba por bueno en ese momento que el presidente catalán convocaría elecciones y defendió que antes de hacerlo tenía que "restituir el orden constitucional y la legalidad". Es decir, aunque esto no lo dijo, arrumbar las leyes de desconexión aprobadas y suspendidas por el Tribunal Constitucional los pasados 6 y 7 de septiembre.

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Qué noble es tu causa... excepto si es feminista

“Tu causa feminista vale una mierda porque nace de la ira”. Así. Tal cual. Sinónimo arriba, sinónimo abajo, recibo esta frase de forma habitual en las redes sociales cada vez que cuestiono el machismo. Es algo habitual también en el resto de compañeras feministas. Supongo que quienes la escriben ni saben lo que dicen, o bien es fruto de querer alejar dudas y proteger a machistas concretos o, quizás, sus niveles de rabia son superiores a cualquier autocrítica incapaces de hacer.

Resulta, según estas personas, que nuestra causa feminista es una “mierda” (a decir verdad, normalmente va acompañado de “puta mierda”). Pero ojo, solo la nuestra. Porque desde siempre esta causa ha sido tildada de ser encabezada por mujeres locas, exageradas, obsesivas y despechadas;  que con nuestros actos y discursos solo buscamos cumplir una venganza personal: traicionar a los hombres que nos hicieron daño.

Quienes pronuncian estas frases, también desde ese “precioso” espacio de izquierdas machista, no piensan en el simplismo de su discurso. Todos los movimientos que buscan la justicia social, la verdadera, son válidos.

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El precio de la libertad en Catalunya

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Manifestante con un muñeco de Piolín, símbolo de la presencia policial en Catalunya por el 1-O

Hace días que quiero hablar de los costes de la "libertad" en Catalunya. No de los vinculados con la privación de libertad que sufren algunas personas como los jordis, que sin duda ya están pagando en prisión el precio de la libertad  -también  el de saltarse la legalidad vigente. Tampoco quiero hablar de los costes económicos que ya está teniendo el Procés o de los que tendría la independencia, siquiera de los que tendrá la Catalunya intervenida. La prensa está llena de análisis pormenorizados de los puntos que se dejaría el PIB, las consecuencias de la fuga de empresas, los efectos sobre la prima de riesgo, sobre el reparto de la deuda exterior o cuáles serían los costes fiscales que para el estado español tendría una Catalunya independiente.

A mí me interesa hablar sobre lo que las élites independentistas han ocultado en público. Me interesa hablar sobre quiénes habrían pagado el precio de esa libertad. Aunque después de la temeraria propuesta que hace unas horas ha elevado el gobierno de Rajoy al senado para la aplicación del artículo 155, creo que también es necesario hablar del precio que no solo los catalanes sino también el resto de los españoles vamos a pagar por el intento del independentismo de conseguir su "libertad" sin el consenso social suficiente en Catalunya y saltándose las leyes.

En Catalunya, desde que se inició la escalada separatista en 2012, se ha hablado mucho de libertad. Ésta se ha identificado con una república catalana independiente del estado español donde todo, absolutamente todo, funcionaría mejor. Nunca hasta que las cuerdas se tensaron con el mal llamado referendum del 1 de octubre, se había hablado abiertamente del precio de esa libertad, con la excepción del empresariado catalán al que primero Artur Mas y posteriormente otros miembros del Govern, le decían en sus encuentros destinados a atraerlos para la causa soberanista: “La libertad tiene un precio, pero no tenerla también”.  Con ellos, porque son ellos en su mayoría, había que hablar de costes y beneficios. Pero incluso en ese caso, se hizo de manera simplista. De ahí que frente a la incertidumbre que supuso el 1-O o el “paro nacional” del 3-O, más de 1000 empresas hayan cambiado su sede social de Catalunya.

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Apertura andaluza de Podemos

Iglesias apela al espíritu "de acuerdo político y dignidad del pueblo andaluz" para el conflicto catalán

Pablo Iglesias, secretario general de Podemos, no se prodiga mucho por Andalucía. No es el único. Todos los dirigentes nacionales llevan meses con una única ocupación y preocupación, Catalunya, que les impide una mirada al sur. Los olvidos de algunos de ellos han provocado reacciones negativas en determinados ambientes políticos y periodísticos –y por lo tanto muy reducidos–, como cuando el líder del PSOE, Pedro Sánchez, a principios de septiembre aseguró que "al menos" hay tres naciones en España: Cataluña, País Vasco y Galicia.

Eludió mencionar entonces a Andalucía y los ‘indepes’ andaluces, es decir, los socialistas andaluces, coreografiaron un berrinche mayúsculo ante el olvido. Tampoco citó a Aragón o la Comunidad Valenciana, también nacionalidades históricas, según sus Estatutos de Autonomía, pero al contrario que en Sevilla la omisión de Pedro Sánchez no produjo tanto sofoco.

Pablo Iglesias reapareció este jueves en Sevilla en compañía de la líder de Podemos de Andalucía, Teresa Rodríguez, en un encuentro organizado por la cadena SER para debatir sobre el 40 aniversario del 4 de diciembre de 1977, fecha en la que salieron a la calle dos millones de andaluces para reclamar su autogobierno. Iglesias tuvo que entrar por otra puerta al toparse con un minúsculo grupo de personas que portaban banderas españolas al grito de "España no se rompe". Los organizadores temían que las protestas hubieran sido mayores y previeron un plan B en caso de la presencia de reventadores en el salón donde se celebró el acto. No fue el caso.

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Son els diners, ¡ximple!

Ya sé que es muy cansino, pero vamos con el raca raca, capítulo 666, y lo que te rondaré moreneta. En el episodio de hoy, a pesar de lo que pueda parecerles viendo los no-dos que dan en la tele, quiero tranquilizarles, ya que no está pasando nada que no haya pasado ya; y lo que acontezca en días próximos ya está en el guión que han escrito los nacionalistas catalanes, a los que hay que reconocerles que lo han clavado, con la imprescindible ayuda del Gobierno, que otra cosa no, pero Rajoy es más previsible que un tesorero del PP.

Así, aunque don Mariano Tancredo aplique el artículo 155, ya sea sólo la puntita o hasta hacer tope, Puigdemont le responderá que él va a seguir a lo suyo, tocándole los estatutos. Según la profundidad de la acometida bien podría declarar la independencia un poquito más o convocar elecciones constituyentes.

A mi modesto entender (no soy politólogo ni podemita) hay otras soluciones menos dolorosas, como la convocatoria de elecciones autonómicas adelantadas o una resolución en el Congreso comprometiendo a todos los partidos a acelerar la reforma federal de la Constitución. Pero son soluciones sensatas, por lo que quedan fuera del alcance de mentes tan preclaras como las ya citadas, animadas, una por la templanza de Ciudadanos, que quiere el cestillo lleno de cabezas, y otra por sus señorías serenísimas de la CUP y de Podemos, que "cuanto peor, mejor para todos. Y cuanto peor para todos, mejor. Mejor para mí el suyo. Beneficio político", que diría Rajoy.

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Malos tiempos para la épica

El ministro del Interior español, Juan Ignacio Zoido (al fondo), preside la reunión del G6 de los ministros del Interior de España, Francia, Alemania, Reino Unido, Italia, y Polonia, que además cuenta con la participación de altos representantes de Interior de la Unión Europea y de Marruecos.

Las epopeyas apenas nos dejan espacio para la ternura. Estamos tan estupendos midiendo el tamaño de nuestras ventanillas y el colorido de las banderas, que pasamos por alto que una agencia de noticias difunde la imagen de un niño que ha sobrevivido al mediterráneo. Toda una paradoja: antes, con Aylan Kurdi en las playas de Turquía y con Samuel  Kabamba, en las de Barbate, supimos que los ataúdes blancos eran noticia. Ahora, visto lo visto, lo novedoso resulta que sigan vivos.

Pero, en el mismo país donde se fabrican las concertinas para las vallas inexpugnables de la fortaleza europea, se reúnen los centinelas comunitarios para hablar de terrorismo y de inmigración, como si fueran lo mismo, como si una cosa llevara a la otra, como si merecieran el mismo trato aquellos que vienen a buscarse la vida y aquellos otros que quizá lleven aquí desde siempre y que buscan en cambio a la muerte.

Los discursos de sus ilustrísimas disertan, piadosos, de la cooperación internacional que suprimimos de un plumazo cuando la crisis decidió que América, que Europa, que España era la primero, como si en la geoestrategia del disparate no fuera indispensable crear muros de pan junto a las alambradas del miedo. El mismo Ministerio cuyo titular ahora habla, prudente, en su escaño del Congreso, de la necesidad de arbitrar fórmulas para que los desesperados lleguen con todas las de la ley, hace unos días pronosticaba que si los tribunales prohibían las devoluciones en caliente habría que hacer más altos los farallones que separan  a los que quieren sobrevivir a toda costa y a aquellos que ya tan sólo viven para pagar los plazos de sus espejismos colectivos.

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Help Andalucía

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Help Andalucía

Esto es Andalucía, España, Europa. Esta gente que está detrás de mí son andaluces. No están tocando la guitarra ni contando chistes, están dando un paseíto por la calle y tomándose algo en los bares porque son las nueve de la noche, contra, que ya nos conocemos y vais a decir que aquí no trabaja nadie.  
 
Escuchad nuestro vídeo también.  

Help Andalucía pic.twitter.com/52oqaZsi1A

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