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ARAGÓN

Miedos y miedo a los cambios

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La prudencia fue considerada por Platón como la virtud de los gobernantes por ser la virtud de la parte más racional del ser humano. Pero no siempre es así entendida; a veces puede ser un eufemismo para no reconocer claramente el miedo. Pues el miedo a lo desconocido, a que empeore la situación -al igual que todos los miedos- nos paraliza y viene a ser uno de los factores más importantes que condicionan y explican nuestra conducta. Y la actual parálisis del PSOE –igual que lo fue la del PP- bien puede deberse a sus miedos.

Porque el miedo a las consecuencias de nuestros actos es, a veces, más importante que el deseo de realizarlos, aunque a ello nos impulsen fuerzas poderosas. Por eso, otro griego clásico, Epicuro, creó una filosofía para combatir los miedos que atenazaban a la gente: miedo a los dioses, miedo a la muerte, miedo al sufrimiento. Y creó las comunidades epicúreas que querían apoyarse en la razón, en la amistad y en el disfrute de los pequeños y grandes placeres que a veces nos da la vida, aprovechados con sana prudencia.

Pero hay otros muchos miedos. Por ejemplo, en los estados patológicos, el miedo se adueña de los individuos que desarrollan fobias diversas. Y sin llegar a la patología, también el miedo está presente en la vida cotidiana (miedo a la perdida de amor o de bienestar, a la soledad, al ridículo…).

Por supuesto, también en la vida política el miedo bloquea muchas acciones: miedo a la represión, miedo al fracaso y al aislamiento social, miedo a las consecuencias económicas, miedo al poderoso –unos- o miedo al “populacho” –otros-, y, sobre todo, miedo a que gobiernen los “otros”.

En nuestras sociedades todavía sigue imperando el miedo al cambio político. Una mayoría de la gente sigue considerándose afortunada tal como está; más afortunada que gran parte de los habitantes del planeta. ¿Por qué aventurarse a cambios? ¿No nos arriesgamos a perder lo que tenemos, si admitimos más refugiados o inmigrantes, si nos enfrentamos a los mercados, a las grandes empresas, a los que toda la vida han mandado sobre nosotros?

Prudencia -ese posible eufemismo del miedo- es lo que pide a Ferraz su Comité Federal y acaba de pedir de nuevo Susana Díaz. Que no se arriesgue Pedro con pactos inviables o de los que tendrá que arrepentirse. Que no arriesgue al partido, que no arriesgue a España.

¿Quiere España el cambio? Sí y No. Sí que quiere pequeños cambios, como sería el de un individuo, Rajoy, y su equipo. En ello coincidirían la mayoría de los diputados, incluidos algunos del PP. Pero se engaña quien piense que los votantes de los demás partidos, PSOE, Podemos, C’s y nacionalistas pueden ponerse de acuerdo en otros cambios más importantes. Porque cada uno de ellos quiere unos cambios, que otros no quieren.

No. Aunque se diga que sí, la mayoría de los españoles no ha votado cambio, si por ello entendemos cambio de las políticas sociales y económicas, de la constitución, del ordenamiento jurídico… Sigue habiendo mucho miedo, junto a una sana prudencia, ante estos verdaderos cambios políticos. Sobre todo en el campo y en las personas mayores. Y hay que contar con ello.

Si queremos un gobierno alternativo al del PP, no podemos exigir en estos momentos demasiados cambios, que no son mayoritariamente deseados. Tenemos que contentarnos con pequeños acuerdos sobre la regeneración del sistema y la convivencia de los españoles. Y esperar que lleguen otros tiempos para que los ciudadanos se decidan a tomar las riendas de su propio destino y dejen de obedecer ciegamente el mandato de los poderosos. Mientras tanto, se trata de retardar lo más posible el declive de España y de Europa en este mundo cambiante de verdad, procurando no perjudicar a los países y a las clases más débiles.

Hay muchas maneras de combatir el miedo. Por ejemplo, con la necesidad, con otro miedo mayor o con una gran indignación, pero la manera actual de combatirlo es demostrando que tal miedo es infundando.

Esta forma de combatirlo es lenta, trabajosa y requiere ejemplos y realizaciones; no bastan las palabras. El movimiento se demuestra andando. La capacidad de gobernar y de gestionar cambios la deben demostrar los partidos que los proponen, allí donde hayan conseguido mayorías y allí donde no; en el Estado y en cada pueblo. Un ejemplo reciente: Madrid, el ayuntamiento más endeudado de España por la gestión del PP, ha reducido su deuda en 1.000 millones de euros, un 19,1%. Otros ejemplos: los pactos locales entre PSOE y Podemos.

 * Alberto Carreras, participante del Grupo de Apoyo y Opinión

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