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Imma Aguilar Nàcher

Comunicación política y electoral. En @AxSolidaridad y @mas_demo. Me encargo de @breviarioclub. Posperiodista. Transpolítica. Conovelista. Extelevisiva.

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Ada y Manuela: dos mujeres y un destino

Hace ya algunas semanas que muchos estamos pensando en la imperiosa necesidad de más mujeres en este conflicto enquistado entre hombres incapaces de gestionar y solucionar, empeñados en conservar sus conquistas, sin estrategia y pendientes de sus cortos futuros electorales. Es muy posible que piensen que es una mirada en exceso apocalíptica de la política de España 2017, pero no crean que es muy distinta del sentir público mayoritario.

Pienso en Ada y Manuela. Así, con sus nombres de pila, nombres de mujer. Coinciden en la inicial del apellido, la procedencia no política y en el mismo cargo. Las alcaldesas de Barcelona y Madrid comparten destino y responsabilidad: feminizar la política. El lenguaje de ellas es otro. Hemos escuchado a Carmena decir “La negociación es preciosa”. Extraña frase en boca de un político masculino. Tanto como este diálogo de alcaldesas tras el atentado en Barcelona: “Sé que estáis sufriendo. Os quiero”. dijo Manuela. “Queremos a Manuela y a su ciudad”, respondió Ada.

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Pura estrategia

No podía proclamar hoy la independencia. Puigdemont sabe desde el 1 de octubre que el mundo nos está mirando e, igual que buscó la foto de la policía española impidiendo el voto de las ancianitas catalanas, la de mañana no podía ser la de un chalado megalómano rodeado de radicales aclamándole. El Gobierno español se equivocó regalándole la foto de las portadas de la prensa internacional y esta vez no lo iba a volver a hacer tan mal. Por eso la jugada del Gobierno de Catalunya era ganar tiempo y obligar la jugada siguiente al Gobierno español. Pura estrategia.

Cuando todo el mundo esperaba que el presidente de Catalunya proclamase abiertamente y de forma insumisa la nueva República independiente, ha empleado una fórmula inesperada por la cual proclama la independencia pero la suspende para poder dialogar con el Gobierno español. 

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Se busca héroe o heroína (receta para resolver el conflicto catalán)

Soy de las que piensa que la opinión de cualquiera es tan valiosa como la de los analistas o la de los actores políticos responsables de las decisiones. De hecho, suelo atender en campaña más a lo que escucho en un taxi o en un supermercado que lo que pueda leer en los sesudos análisis de politólogos. Los votos valen lo mismo, tanto el del ciudadano raso como el del científico, pero los ciudadanos son muchos más. Esas son mis cuentas.

Ahora, como en campaña, es momento de que se escuche la voz de los ciudadanos y, además, de que se canalice. Si sabemos lo que la gente es, piensa, desea, teme, quiere, sabremos cómo moverla. Vean cómo se moviliza la gente cuando comprende que su opinión es importante y tomada en cuenta. Lo llevamos viendo varios años en las calles de Catalunya y en la resistencia exhibida el pasado domingo, en la jornada -llamemos- del “Votarem”. Creo que necesitamos una campaña nuestra, de los que defendemos los procesos democráticos, de los que no votaron, de los que no quieren que se rompa España. Cuántas veces hemos dicho que se necesitaba un relato emocional que rebatiera el relato independentista, y digo rebatiera, no que se enfrentara. Hablo de debate de relatos, no de guerra de relatos.

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De qué hablar para no hablar de la independencia

No me malinterpreten. No es que no me parezca importante este problema. Hoy ¿se celebra? el "referéndum de la dignidad, la liberación del pueblo que sueña con su identidad libre del opresor español", según unos; o el "referéndum ilegal, electoralista y sin garantías que impone a los españoles una situación tremendamente perjudicial para los catalanes", según otros. Me sumo al coro de voces que claman por un cambio de tema del "monotema", dicen. 

Muchos ciudadanos tenemos la sensación de que la política se nos ha ido de las manos o, lo que es peor, que a los políticos se les ha ido la política de las manos. No sé cómo saldremos de ésta pero la distancia hoy entre las personas en edad de votar y la política es enorme. Ya hay dos relatos, y no es el de la independencia contra la unidad, ni tan siquiera el de la dictadura frente a la democracia. Los dos relatos son el de la política y el de la gente. Diferentes, alejados, incomprensibles entre ellos. El 82% de los catalanes creen que la solución es un referéndum de independencia pactado y, sin embargo los políticos, que parecen ciegos y sordos, han seguido con su juego de florete. Pero esto ya no es una exhibición de esgrima, esto ya es un campo embarrado de lucha libre, sin normas. El club de la lucha. 

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Larga vida a la comunicación política

En este país falta estrategia política y comunicación política. Da la impresión de que ni los unos ni los otros han tomado muy en cuenta qué pasará después de las respectivas acciones finalistas que llevan a cabo Gobierno y Generalitat. De nuevo una guerra a muerte en la que no quedarán muchos soldados heridos que valgan para otra guerra. De nuevo un acción pensada para un objetivo final, inmediato y a corto plazo. Sin estrategia.

En política internacional, en una escala mayor según desde dónde se mire, asistimos al “edificante” intercambio de amenazas entre Donald Trump y Kim Jong-un, una situación en que la gravedad que contienen sus palabras no se corresponde con la banalidad de sus formas y lo grotesco de la situación. Hemos sabido que el presidente de los Estados Unidos de América amenazaba con destruir totalmente Corea del Norte y su oponente con probar una bomba H en el Pacífico, y hemos leído que el coreano asegura que “domesticará con fuego al viejo chocho estadounidense”, mientras  Trump “ordena estrangular la economía de Corea del Norte”. No soy la primera en considerar estos diálogos propios de una política fuertemente masculinizada basada en la lucha destructiva más relacionada con la competitividad sin objetivos que con un estrategia orientada a la solución. 

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Del buen periodismo político

La gente no vota por lo que son los partidos, por sus ideologías o por el valor de sus candidatos, de igual forma que no lee un periódico por el nombre de sus periodistas o por el de la capacidad de su director; sino por el conjunto de creencias, miedos y anhelos que pueden proyectar en ese programa político o candidato o en ese medio de comunicación, al que hacen depositario de su identidad política y su relación con una comunidad de valores.

Sin embargo, es con personas con quienes realizamos esa cadena de confianza, sean representantes políticos o sean periodistas que nos informan y nos guían en la construcción de nuestra opinión y nuestra decisión. En España hay pocos y buenos cronistas políticos. Seguramente hay más tertulianos y “todólogos” que interpretadores de calidad. Uno de esos cronistas buenos es Fernando Garea, quien acaba de dejar el diario El País, según él mismo dijo, “para poder seguir escribiendo de política y parlamento”. Desconozco los intringulados motivos personales y profesionales del periodista para no poder seguir haciéndolo en la cabecera del grupo PRISA, pero solo nos resta agradecerle que así sea. Que quiera y pueda seguir haciéndolo. La madurez política requiere de buenos análisis, fríos y desapasionados, como los de Garea, una atinada selección de lo que es lo importante, de lo que nos hace más poderosos a la hora de escoger y de votar.

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La política futura

Desde que mis hijos han empezado a parecer personas adultas, no puedo evitar imaginarlos dentro de 25 años. Entonces tendrán la edad de los prescriptores políticos, unos 40 años. Los investigadores del comportamiento social empiezan a definir cómo son los nacidos después del 2000, un año que constituye una barrera psicológica para las generaciones anteriores. Todavía hay poco consenso en cuáles son los rasgos comunes de los miembros de la conocida como la generación Z, o los centennials, o la generación pantalla. 

Una observación detenida de los dos ejemplares que la naturaleza me ha dado a criar permite deducir que son eminentemente audiovisuales, leen poco o nada, y se informan mediante tutoriales amateurs grabados con vídeo casero o mediante la agenda que marcan los nuevos profetas: los youtubers. Son de secuencias cortas: prefieren las series a las películas, las historias episódicas a los largometrajes. Interactúan constantemente, hasta el punto de que son incapaces de asistir impasibles a un contenido visual sin compatibilizarlo con otra actividad, y la televisión convencional la ven si pueden interactuar al mismo tiempo con su comunidad, en lo que ya hemos definido como la Social TV.

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Quiero ser canadiense

El próximo jueves entra en vigor una reforma legal en Canadá que permite identificarse en los documentos oficiales no como 'Mujer' o como 'Hombre', sino como 'X', lo que dota de mayor libertad a las personas para definirse de forma distinta o simplemente para no definirse. Así lo anunció el ministro de Inmigración, de Refugiados y de la Ciudadanía, Ahmed Hussen. (¡Tienen un ministro musulmán de inmigración, refugiados y ciudadanía!). Y parece que estas cosas solo pasan en Canadá o en las utopías de las series de televisión. El propio gentilicio 'canadiense' es neutro, es 'X'.

Da la impresión de que todas las noticias que nos llegan de aquel país son los indicadores de un modelo ideal y sin fisuras, de una política eficaz y magnánima ejercida por el Gobierno de Justin Trudeau, el líder perfecto. El anti-modelo, en este marco, sería Venezuela, ya que todo lo que llega del país latinoamericano son indicadores de lo contrario. Pero la realidad no es la misma que la percepción que tenemos de ella. En el medio de ambas, intereses, resistencias, oligocracias, petróleo, marketing. Lo que decimos no siempre es la descripción de la realidad sino el intento de crearla. Y de creerla.

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La política y las distintas maneras de sufrir

Han pasado ya varios días desde que los españoles quedamos atenazados ante el espanto y el desconcierto de la tragedia inexplicable, de la maldad sin límites, de los indiscriminados efectos de la locura. Todavía no estamos en tiempos de explicaciones, de racionalidad fría, porque el duelo tiene su tiempo, la emocionalidad se impone y porque nada racional puede sobreponerse a los sentimientos que ahora vivimos en colectivo.

Asistimos a tiempos de incertidumbre y el humor social es un imprescindible factor a valorar para la gestión política de lo público. No hay mejor situación para darle valor a la emoción pública que la que estamos viviendo estos días. Si bien puede ser demasiado pronto para hacerlo, tratemos de sacar conclusiones que la política debería tomar en cuenta por encima de los intereses partidistas coyunturales. Ninguna situación electoral como la que ahora vivimos en España y en Catalunya puede imponerse a la gestión del humor social, como saben todos los que han perdido elecciones precisamente por haberse equivocado en esto.

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Cristina Kirchner o la grandilocuencia de los sentimientos colectivos

La pasada madrugada argentina se vivía entre la sorpresa y la emoción. Con el regreso a la política de Cristina Kirchner renace el peronismo como estrategia electoral. La ex presidenta de la República regresaba a la política recuperando la confianza ciudadana en esta elección, las PASO, unas primarias previas a las legislativas de octubre.

Un mujer argentina que emociona en el escenario y que conmueve con su discurso populista, en el sentido positivo del término, es casi un modelo electoral en ese país. La emoción, la lágrima, la mano en el pecho y todo el despliegue sentimental que levanta a los colectivos movilizados. La herencia del peronismo electoral.

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