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Imma Aguilar Nàcher

Comunicación política y electoral. En @AxSolidaridad y @mas_demo. Me encargo de @breviarioclub. Posperiodista. Transpolítica. Conovelista. Extelevisiva.

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Cristina Kirchner o la grandilocuencia de los sentimientos colectivos

La pasada madrugada argentina se vivía entre la sorpresa y la emoción. Con el regreso a la política de Cristina Kirchner renace el peronismo como estrategia electoral. La ex presidenta de la República regresaba a la política recuperando la confianza ciudadana en esta elección, las PASO, unas primarias previas a las legislativas de octubre.

Un mujer argentina que emociona en el escenario y que conmueve con su discurso populista, en el sentido positivo del término, es casi un modelo electoral en ese país. La emoción, la lágrima, la mano en el pecho y todo el despliegue sentimental que levanta a los colectivos movilizados. La herencia del peronismo electoral.

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Mariano Rajoy acaba de retuitear una foto

Somos esclavos del algoritmo que nos encierra en nuestro pequeño mundo de endogamia política. Al levantar por la mañana, Twitter nos revela lo que nos perdimos en las últimas horas en las que no hemos entrado perezosamente y de forma rutinaria, casi automática, en nuestra red social. Y, maldita sea, sabe quién nos interesa y a quiénes queremos leer. Twitter sabe más de los ciudadanos que los políticos. En España, Twitter es la plataforma donde más conversación política se produce. En la red del pájaro azul estamos los políticos, los consultores, los periodistas y los electores. Y, muy amablemente, la red nos muestra lo que considera sería de nuestro interés en caso de no haber despegado los ojos del Smartphone. La política está en nuestra mano y en nuestros dedos. Formamos una red de afectos, todos en el mismo terreno de juego, con las mismas reglas, con las mismas armas, sin intermediarios, sin filtros. El único filtro posible en esta situación es el de nuestro talento y el de la gestión de nuestra reputación. Nos mostramos como queremos ser y exhibimos nuestras capacidades humorísticas, filosóficas o profesionales. Creamos una comunidad a partir de lo que somos y de lo que queremos ser. Nunca habíamos tenido tanto poder para hacernos ver y para mejorarnos públicamente. La percepción de la realidad es la realidad en la comunicación de ámbito público. Somos lo que parecemos, lo que queremos parecer. El escenario digital es una pantalla, un proyector en la pared de los episodios seleccionados de nuestra vida.

Las empresas ya lo saben y, por eso, scrapean nuestros movimientos en la red para segmentarnos y darnos lo que creen que esperamos. Estudian nuestros deseos, nuestras costumbres, nuestros miedos y nuestras dudas para vendernos el producto que mejor se adapte a nosotros. Sin embargo la política no lo hace. Twitter sabe qué nos interesa y cada mañana nos ofrece un resumen de nuestro pequeño mundo endogámico y redundante, pero los políticos no lo hacen. No saben exactamente qué anhelamos, qué esperamos, qué amamos o qué tememos. No lo saben porque no lo miran, porque les interesa cuántos somos y qué pensamos de ellos, creen que votamos según sea el candidato o candidata. Creen que nosotros somos quienes nos adaptamos a ellos. Y se equivocan mucho.

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Los partidos políticos necesitan un "shock de modernidad"

Se presentó pidiendo un shock de modernidad para este país, pero le venció la caspa que todavía se posa sobre los hombros de nuestra política. En las semanas que convivimos recorriendo agrupaciones socialistas durante la campaña electoral por la Secretaría General del PSOE en 2014, Eduardo Madina repetía insistente que aquí no se escucha Radio 3, que para él simboliza una España culta e intelectual, una España que no es.

Para el proyecto de Eduardo Madina formamos un equipo electoral que jamás he vuelto a repetir e iniciamos un viaje fantástico en busca del ideal de la belleza en política. Madina nos lideraba a todos en busca de esa nueva España que él tiene en la cabeza: una España competitiva que se llame a sí misma España, un país de gente preparada, nacionalistas de su tiempo, patrióticos con la cultura y la modernidad anhelada.

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Rajoy y el relato de la víctima. Del sainete a la épica

Por primera vez parece serio el tema de la corrupción política que envuelve al PP, al gobierno y a su presidente. Parece épico. Lo cierto es que tanto mote, —El Bigotes, El albondiguilla—, tanta historieta con los pen drive, el peinado del tesorero y todo el imaginario de la corrupción, nos situaban en el ámbito de la comedia. En definitiva, tanta anécdota nos ha alejado de la categoría: un caso grave de corrupción política de un partido que gobierna, con un presidente de un país que se sienta en el banquillo de los testigos a responder de sus amistades y de sus responsabilidades no asumidas. Una vez más, las formas y las imágenes nos condicionan. Lo saben los expertos que aconsejan a Rajoy. Y hoy el presidente parecía la víctima. Era muy importante sacarlo de su papel de cómplice en el sainete y llevarlo al papel de víctima de la historia épica del gran Mariano Rajoy.

En todo relato, el público empatiza con la víctima, con el bueno acosado por las artimañas de los malos. La víctima entonces recorre el viaje de todo héroe hasta llegar a vencer a sus oponentes. Esa era hoy la estrategia de Rajoy: un relato de víctimas y héroes.

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La candidata mágica

Parece que llega desde Macondo, el pueblo de ficción en el que transcurre Cien años de soledad, la gran novela de García Márquez, ese lugar indeterminado que lo mismo puede ser un poblado bananero, o un árbol, o un juego popular. Piedad Córdoba quiere ser presidenta de Colombia y ser la voz del pueblo con toda su fortaleza realista y su turbante mágico. En Google, buscas Piedad Córdoba y, de pronto, asoma toda la magia turbadora de los colores de la provincia de Antioquia –de su provincia– su tez morena y su sonrisa.

Conocí a Piedad Córdoba (siempre el nombre con apellido) en un congreso internacional de comunicación política en Cartagena de Indias. Allí todos éramos asesores de comunicación y consultores políticos. Yo estaba en el plató de una televisión a punto de grabar una entrevista cuando me pidieron muy amablemente que dejase mi turno a una política colombiana que tenía algo de prisa. Ella era la noticia del día porque acababa de anunciar su candidatura a la presidencia de su país. Sin el menor problema me retiré a esperar, intrigada por la situación; cuando apareció esa mujer llena de poder, arrasando en el clima de desorden del estudio improvisado. Inundaba con su atuendo de gasa a rayas, su turbante espectacular, su maquillaje, sus uñas acariciando las teclas del teléfono del que no se separó ni dejó de mirar hasta que empezó la entrevista. En el plató, se levantó cierto revuelo que detecté entre los técnicos. En pocos minutos se podía deducir que despertaba pasiones: rendidos seguidores y detractores sin paliativos. Y, mientras, yo pensaba: "madre mía, esta mujer en la reunión de presidentes de la Cumbre Iberoamericana" La imaginé organizando a los dirigentes en sus lugares de la mesa.

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El nuevo PSOE: armas y rosas

Si esto fuera un videojuego, el PSOE habría pasado de pantalla y el juego se iniciaría en otro espacio nuevo, con el mismo héroe, con nuevos avatares y con los malos de las anteriores etapas ya desaparecidos. Algo así como PSOE Mortal Combat 2. Ya es inevitable asociar la historia de este partido en clave de lucha fraticida, entre tiroteos y traiciones.

El acto de clausura del Congreso de PSOE se ha iniciado con el nuevo himno del partido, el mismo tema de Guns N’ Roses que amenizaba los mítines de Pedro Sánchez y servía para "enchufar" a los fieles. La canción se titula "Mi niño dulce" y se pregunta reiteradamente "¿a dónde vamos ahora?", como si hubiera sido compuesta para esta ocasión por un grupo cuyo nombre es "Armas y Rosas". El reto semiótico con esta canción está servido. Pedro Sánchez representa la traición, propia y ajena, la guerra en campo abierto, los ejércitos, la soldadesca. Su arma más poderosa para convocar a la militancia, como lo hizo en campaña, ha sido el marketing de valores. Con el rojo, con las rosas, con la izquierda, con La Internacional. Todo un escaparate de productos socialistas puestos a la venta en un un gran mitin.

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Democracia-espectáculo: la (e)moción de censura

La política es emoción pero también gestión y solución. La moción de censura que mañana presenta Unidos Podemos, sabiendo que no tiene ninguna consecuencia efectiva, es pura emoción. Una emoción de censura, si me permiten el juego fácil de palabras. Pura comunicación. En España, es esta formación la que mejor ha empleado la fórmula de la agitación y la emocionalidad para construir su marca incipiente. El Sí se puede era eso mismo: un mantra para la elevación de la emocionalidad colectiva, en este caso, de la ilusión por el cambio. Pero esta moción de censura no va a generar ningún cambio, y mucho menos ilusión.

En lo que se refiere al ámbito de la solución, Podemos no ha hecho ningún intento por demostrar su pragmatismo político o su capacidad de gestión con fines prácticos. O lo que es lo mismo, acciones para mejorar la vida de la gente. Tampoco ha mostrado su voluntad de consensos para ejercer cambios. Sin una mayoría la democracia no mueve nada. Cierto es que no son un partido político ni tecnocrático ni liberal, pero el diseño político sin la práctica política no es política. Insisto: la política es emoción, pero también gestión y solución. Empieza a dar la impresión de que lo que dominan es el show, la demostración de altas capacidades para el espectáculo y el control de la agenda mediática.

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PSOE shakesperiano y la justicia poética

No esperen que compare a Susana Díaz con Lady Macbeth, ni a Pedro Sánchez con Bruto. La noticia es que no ha ganado Susana como estaba previsto, como mandaba la narración de esta historia de destinos. Ella, nacida para ganar y destinada a dirigir al PSOE ha comprobado que los militantes la conocen y no la aprecian. Pedro Sánchez ha vuelto a  ganar gracias a Susana. En 2014 fue porque él era el elegido y ahora porque la tenía a ella de rival. La mejor rival para su relato de legitimidad y de dignidad de los militantes. Las bases se han vuelto a rebelar contra las élites. Ha sido un episodio de justicia poética.

La ambición es el motor del poder. Y esta elección interna en el PSOE ha sido una lucha por el poder, enmarcada en flojos argumentos políticos y con candidatos muy alejados de las demandas sociales. Se ha mirado al pasado para explicar el relato de cada candidato y se ha dibujado el futuro con mucha más estrategia personal de ambición, de revancha y de poder, que de partido o de país.

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Un debate de símbolos y de tonos

Los gestos cuentan porque son los que simboliza los proyectos y las intenciones. La llegada de los tres candidatos dejaba patente la intención que depositaba cada uno en el único debate de la elección interna para escoger secretario general socialista.

Susana vestía del PSOE, prácticamente con el mismo pantone socialista en su blusa, con lo que venía a subrayar el mimetismo con las siglas. Pedro era el que llevaba el traje de calle, en un recurso tópico y poco sorprendente según el cual esa imagen simboliza la militancia, si es que toda la militancia fuera de chaqueta de cuero y vaqueros. Patxi, en una tibia posición intermedia, escogía el traje de candidato de izquierdas: la blazer oscura con camisa blanca de botones, sin corbata.

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Operación Macron Oui: Francia rejuvenece

El guión de la historia no podía permitir que en la cuna de los Derechos del Hombre y del Ciudadano se aupase al Elíseo a una fascista, xenófoba y antieuropeísta, como en el país modelo de democracia llevaron a la Casa Blanca a un personaje tan poco democrático como Trump. Europa no es Estados Unidos.

Pero Macron será presidente de la República en una operación local e internacional contra Le Pen. La operación “Macron oui” para que “Le Pen non”. Ahora habrá que analizar con detalle  hasta qué punto Macron es un medio para parar el populismo o es un fin en sí mismo, como una nueva etapa política y económica para la vieja Francia, intencionada y consciente.

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