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Jordi Sebastià

Eurodiputado de Compromís- Primavera Europea. Es escritor, profesor de periodismo en la Universidad de Valencia, licenciado en filosofía y filología portuguesa, lengua de la que también es traductor. Tiene una dilatada carrera periodística en varios medios de comunicación, gabinetes de prensa y como freelance.

Eurodiputat de Compromís- Primavera Europea. És escriptor, professor de periodisme en la Universitat de València, llicenciat en filosofia i filologia portuguesa, llengua de la que també és traductor. Té una dilatada carrera periodística en diversos mitjans de comunicació, gabinets de premsa i com freelance.

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Los kurdos molan, los catalanes no

Los kurdos molan, los catalanes no. Los tibetanos molan, los catalanes no. Los sami molan, los catalanes no. Los saharauis molan, los catalanes no. Los zapatistas molaban –no sé muy bien qué ha sido de ellos-, pero los catalanes no, decididamente no.

A una buena parte de la izquierda española, progresista, internacionalista, solidaria, ecologista, pacifista y todo eso, el procéscatalà se le ha atragantado, no hay manera de que lo digiera. Tanto es así que ha acabado por alinearse en el bando de los del “A por ellos”, donde ahora se la puede ver muy a gusto, como en casa. Y, en principio, no parece que hubiera muchos obstáculos ideológicos para que ese mundo progre apoyara el movimiento catalán. Al fin y al cabo, y aunque a Puigdemont le haya tocada encabezarlo, el procés está claramente dirigido por una fuerza de izquierda, ERC, y apoyado por otra aún más a la izquierda, las CUP. Los independentistas quieren establecer de forma pacífica y con los votos una república social, y se cabrean cuando los tribunales del Reino de España bloquean iniciativas como la prohibición de las corridas de toros, la ley contra la pobreza energética o la implantación de más impuestos a la banca; ideas que, en principio -repito- deberían ser del agrado de los “progresistas” españoles y suscitar su simpatía. Pero es evidente que no, que el procés resulta más que antipático a ese mundo que padece lo que algún analista cuyo nombre no recuerdo llamó el “síndrome de las 2000 millas”, que le permite solidarizarse con causas muy diversas, siempre y cuando sean bien lejanas.

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De toros y tauromaquias

Como cada año por estas fechas se aviva en el Parlamento Europeo la polémica sobre las corridas de toros. Hay que aprobar los presupuestos y nuestro grupo, Verdes-Alianza Libre Europea, volverá a plantear una enmienda para que las subvenciones a la ganadería no incluyan ayudas para criar toros de lidia, animales destinados a morir en un espectáculo público. La discusión está servida y el parlamento vacila: hace dos años la perdimos, el año pasado la ganamos. Pero desde la distancia de Bruselas, el debate sobre los toros se despoja de muchos de los elementos que en España lo perturban y se vuelve bastante más claro.

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La libertad según la Comisión Europea

Habrá que ir acostumbrándose en esta Europa delirante que nos ha tocado sufrir a que las palabras importantes, aquellas por las cuales se luchó tanto, cambien de significado. En esta Europa nuestra que recibe a palos a Tsipras y con abrazos a Rajoy, el concepto de libertad ha sufrido un desplazamiento fundamental que dice mucho de hacia dónde quieren nuestros dirigentes llevarnos. La libertad, aquella a la que Cervantes dedicó párrafos tan sublimes y los cantantes pop estrofas tan cursis, ya no es una cualidad intrínseca al ser humano, un derecho fundamental e inalienable de las personas que los estados deberían garantizar. La leyes mordaza, las devoluciones en caliente y los decretos contra grupos de población considerados indeseables, dejan bien claro que esa libertad que tanto se proclama hoy en Europa es “otra cosa”.

En realidad no se trata tanto de un cambio de significado sino de aquél a quien se aplica. La libertad ha pasado de ser una cualidad humana a convertirse en un “derecho” para los objetos, para las mercancías, para el dinero, para los activos financieros: ¡Que nada impida su movimiento! ¡Que circulen, que circulen! Europa trabaja duro para eliminar barreras comerciales, sanitarias, sociales, prepara el gran acuerdo con el amigo americano para que el trasiego sea aún mayor. La consigna está muy clara: ¡El libre comercio nos sacará de la crisis, nos hará prósperos! Hay que “desregular”, quitar trabas, eliminar controles, reducir restricciones, barreras obsoletas que sólo perjudican el crecimiento y el progreso. En el cajón quedan recluidas iniciativas absurdas y paralizantes como la directiva europea de baja maternal o la de calidad del aire, ¿a qué viene preocuparse con esas minucias que sólo suponen más problemas para nuestra economía? ¿No hay bastante con toda esa pesada legislación laboral y medioambiental que tienen que arrastrar nuestras empresas y que perjudica su competitividad? El concepto sagrado, el dogma incontestable: la competitividad…

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Organizaciones Políticas vs. Fenómenos Electorales Mediáticos

El panorama electoral español se ha visto sacudido por la irrupción de nuevas formaciones de creación reciente que reivindican su espacio en las instituciones, y que sorprenden al público y a los analistas. Periodistas y "expertos"· de todo tipo dedican columnas e incluso trabajos universitarios a tratar de explicar un movimiento que escapa a las interpretaciones tradicionales. Pero no acaban de ponerse de acuerdo, parece que los esquemas que les aplican no sirven, y ésta es la cuestión principal: no podemos entender estos fenómenos si los analizamos como si fueran organizaciones políticas, porque no lo son. Se trata de Fenómenos Electorales Mediáticos (FEM) y su esencia tiene poco en común con los partidos o las coaliciones políticas.

Hay que advertir sin embargo que, aunque parezcan un asunto nuevo y los propios FEM se reivindiquen como tal, no lo son; ya tienen tradición en países de Sudamérica y Europa, como Italia. Incluso en España han existido, aunque con menos fuerza: ¿recuerdan aquel empresario corrupto convertido en eurodiputado o aquel contertuliano de programas nocturnos que decía haber descubierto las tramas ocultas del nacimiento de ETA, convertido en concejal de una hermosa ciudad con catedral gótica? Como se puede comprobar, y éstas son sus dos características principales, los FEM necesitan por una lado un personaje público -poco importa de dónde venga- popular y hábil en la palabra, y por otro un medio de comunicación de masas -especialmente una televisión- que le dé apoyo. Y también necesitan la crisis. Los FEM emergen en periodos de descontento social y se nutren del votante enfadado. Aprovechan que las organizaciones políticas que gobiernan han traicionado sus programas o han entrado en una espiral de corrupción para irrumpir, pero es imprescindible que haya una crisis porque por desgracia el índice de tolerancia a la corrupción es altísimo cuando la economía marcha y en esos momento los FEM no tienen ninguna posibilidad, y dejan el trabajo de oposición y de denuncia de la corrupción a otros.

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¡Salvemos la directiva europea de permiso de maternidad!

La Directiva sobre la Protección de las mujeres embarazadas, que hayan dado a luz o en período de lactancia, también conocida como la Directiva de Permiso de Maternidad, fue adoptada por el Parlamento Europeo por amplia mayoría en octubre de 2010. Tras 4 años, la Directiva aún está bloqueada en el Consejo como consecuencia de la oposición de algunos Estados Miembros. Recientemente, la Comisión Europea ha señalado en su programa de trabajo de 2015 que si en 6 meses no se produce ningún movimiento al respecto ésta será finalmente retirada. Esta decisión significa un retroceso importante en la lucha por los derechos de las mujeres y la igualdad de género en Europa.

El Parlamento Europeo acordó en 2010, tras dos años de debate,  adoptar una posición más ambiciosa que la propuesta presentada por la Comisión,  extendiendo el permiso de maternidad de 14 a 20 semanas con sueldo completo, reconociendo los mismos derechos a las trabajadoras domésticas y madres adoptivas e incluyendo un permiso de  paternidad remunerado de al menos dos semanas. La amenaza de la Comisión y la inactividad del Consejo ante esta Directiva, aprobada democráticamente por una mayoría de la eurocámara, es completamente inaceptable, ya que demuestra una falta de respeto a lo acordado en el Parlamento Europeo y pone de relieve que la Comisión ha preferido escuchar las peticiones de las grandes empresas en detrimento de la igualdad de género,  de los derechos, la seguridad laboral y de la salud de las propias mujeres trabajadoras.

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23F: el día que el rey se salvó a sí mismo

Dentro del calendario de la liturgia de la llamada transición, el 23F es sin duda un día muy señalado; un día de celebración porque según la narrativa oficial el fracaso de ese golpe de estado fue decisivo para afianzar la democracia española. Y la monarquía. Monarquía que en aquel momento pasaba por horas bajas de popularidad y que a partir de entonces, y gracias a la decisión de Juan Carlos I de no secundar las veleidades golpistas de aquel grupo de militares revoltosos, quedaría indisolublemente unida a la modernidad y el futuro de España. Incluso ahora, conocidos y aireados los deslices borbónicos del abdicado rey, con sus matanzas de elefantes, sus viajes con amigas especiales y los problemas de su familia con el ministerio de Hacienda, la apuesta firme y decidida por la opción democrática aquel 23 de febrero de 1981, sirve como escudo protector contra toda crítica."Es cierto, Don Juan Carlos ha tenido sus debilidades pero, si no fuera por él –nos dicen los analistas políticos (categoría inefable donde las haya)– ¿dónde estaríamos ahora?"

El mensaje televisivo del rey condenando el golpe y acatando el orden democrático y constitucional, se ha convertido en un icono ineludible de la historia de España del siglo XX. A pesar de las sombras que todavía planean sobre aquel 23-F y de las incógnitas que lo rodean –y que han dado pie a todo tipo de teorías conspiratorias y a programas de televisión más o menos graciosos-, la figura del rey sale siempre reforzada de aquella especie de “examen de democracia” que fue –o nos dicen que fue– el 23F. Las dudas sobre la sinceridad democrática de aquel Borbón a quien Franco había ungido como sucesor quedaron despejadas de un plumazo. Y sin embargo…

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23F: el día que el rey se salvó a sí mismo

Dentro del calendario de la liturgia de la llamada transición, el 23-F es sin duda un día muy señalado; un día de celebración porque según la narrativa oficial el fracaso de ese golpe de estado fue decisivo para afianzar la democracia española. Y la monarquía. Monarquía que en aquel momento pasaba por horas bajas de popularidad y que a partir de entonces, y gracias a la decisión de Juan Carlos I de no secundar las veleidades golpistas de aquel grupo de militares revoltosos, quedaría indisolublemente unida a la modernidad y el futuro de España. Incluso ahora, conocidos y aireados los deslices borbónicos del abdicado rey, con sus matanzas de elefantes, sus viajes con amigas especiales y los problemas de su familia con el ministerio de Hacienda, la apuesta firme y decidida por la opción democrática aquel 23 de febrero de 1981, sirve como escudo protector contra toda crítica.” Es cierto, Don Juan Carlos ha tenido sus debilidades pero, si no fuera por él –nos dicen los analistas políticos (categoría inefable donde las haya)- ¿dónde estaríamos ahora?”

El mensaje televisivo del rey condenando el golpe y acatando el orden democrático y constitucional, se ha convertido en un icono ineludible de la historia de España del siglo XX. A pesar de las sombras que todavía planean sobre aquel 23-F y de las incógnitas que lo rodean –y que han dado pie a todo tipo de teorías conspiratorias y a programas de televisión más o menos graciosos-, la figura del rey sale siempre reforzada de aquella especie de “examen de democracia” que fue –o nos dicen que fue- el 23-F. Las dudas sobre la sinceridad democrática de aquel Borbón a quien Franco había ungido como sucesor quedaron despejadas de un plumazo. Y sin embargo…

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El señor cangrejo gobierna en Europa

Algunos animales nos resultan tiernos, o crueles, porque proyectamos en ellos cualidades y comportamientos humanos. Por eso nos parece ridículo el cangrejo. Mientras con sus grandes pinzas parece desafiar a cualquiera que se le acerque, sin importarle el tamaño del enemigo, con sus patitas corre a toda velocidad hacia atrás en una vergonzosa retirada permanente. Nos recuerda al brabucón pendenciero que se pierde en amenazas que no llegan a ninguna parte y a las que no podemos tomar en serio.

La actitud que ha tomado la Comisión Europea presidida por el señor Juncker parece imitar la estrategia del cangrejo. En el último pleno del Parlamento Europeo, el presidente Juncker, junto al vicepresidente Timmermans presentaron el plan de trabajo de la Comisión, y nuestros peores temores se confirmaron. A las grandes declaraciones sobre la necesidad de invertir, de apostar por la creación de empleo, de acabar con la política de austeridad y de reforzar Europa, siguieron las propuestas concretas de invertir sólo 21.000 millones de Euros -que ya estaban presupuestados anteriormente-, de continuar con las “reformas estructurales necesarias para seguir siendo competitivos” y de retirar las normativas europeas que no son realistas y que sólo constituyen una traba para, de nuevo, la competitividad de nuestras empresas. ¿Qué normativas? Pues, por ejemplo, la que apostaba por exigir una calidad del aire saludable en toda Europa y por tanto penalizaba las actividades contaminantes, o la de baja maternal, que exigía un tiempo mínimo para padres y madres, con salario pleno, para poder disfrutar con tranquilidad de la llegada de un hijo sin por ello perder su puesto de trabajo.

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El señor cangrejo gobierna en Europa

Algunos animales nos resultan tiernos, o crueles, porque proyectamos en ellos cualidades y comportamientos humanos. Por eso nos parece ridículo el cangrejo. Mientras con sus grandes pinzas parece desafiar a cualquiera que se le acerque, sin importarle el tamaño del enemigo, con sus patitas corre a toda velocidad hacia atrás en una vergonzosa retirada permanente. Nos recuerda al brabucón pendenciero que se pierde en amenazas que no llegan a ninguna parte y a las que no podemos tomar en serio.

La actitud que ha tomado la Comisión Europea presidida por el señor Juncker parece imitar la estrategia del cangrejo. En el último pleno del Parlamento Europeo, el presidente Juncker, junto al vicepresidente Timmermans presentaron el plan de trabajo de la Comisión, y nuestros peores temores se confirmaron. A las grandes declaraciones sobre la necesidad de invertir, de apostar por la creación de empleo, de acabar con la política de austeridad y de reforzar Europa, siguieron las propuestas concretas de invertir sólo 21.000 millones de euros –que ya estaban presupuestados anteriormente–, de continuar con las “reformas estructurales necesarias para seguir siendo competitivos” y de retirar las normativas europeas que no son realistas y que sólo constituyen una traba para, de nuevo, la competitividad de nuestras empresas. ¿Qué normativas? Pues, por ejemplo, la que apostaba por exigir una calidad del aire saludable en toda Europa y por tanto penalizaba las actividades contaminantes, o la de baja maternal, que exigía un tiempo mínimo para padres y madres, con salario pleno, para poder disfrutar con tranquilidad de la llegada de un hijo sin por ello perder su puesto de trabajo.

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El problema de la transición es la transición

Cada 20 de noviembre, fecha de importancia simbólica para el fascismo franquista, aparecen por aquí y por allá grupos que reivindican las imaginadas bondades de aquel régimen de terror y miseria, catalogados casi unánimemente por la opinión pública como “nostálgicos”. A la vista de la juventud de muchos de esos “nostálgicos” que levantan el brazo sin pudor y exhiben los símbolos de la dictadura, se deduce que no se trata de nostalgia, puesto que no pueden echar de menos aquellos años que no vivieron, sino de reivindicación. Aunque el asunto se suele ver como una anécdota triste, una excepción grotesca en un marco de “normalidad democrática”, su sola y tolerada presencia, repetida año tras año, se revela más bien como el síntoma, el más agudo y visible, de una enfermedad crónica que atenaza en silencio la vida política española. Esta enfermedad se llama “transición” y resulta aún más peligrosa en tanto que de forma abrumadora se nos quiere presentar como si fuera todo lo contrario: el remedio.

Una mirada detenida al mismo concepto de transición nos deja bien claro lo que ésta entraña. La transición de un modelo político a otro, en el caso español de la dictadura fascista franquista a la democracia, implica que durante un periodo de tiempo -precisamente el de transición- perduran elementos del primer modelo en convivencia con los del segundo. Eso explica las peculiaridades del caso español, donde ministros franquistas como Fraga desarrollaron un papel político clave que se alarga en el tiempo, desde el franquismo a la actualidad, ahora a través del partido que él fundó y que nos gobierna: el PP.

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