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José María Calleja

José María Calleja es doctor en Ciencias de la Información, profesor de Periodismo en la Universidad Carlos III y licenciado en Historia. Colabora en Antena3 y en Cuatro, en Onda Cero y en la Agencia Colpisa.

Acaba de publicar su último libro: "La Violencia como noticia", es premio Espasa de Ensayo y autor de una docena de libros. Ha sido director y presentador de "El Debate de CNN+". Ha trabajado en la Agencia EFE, Euskal Telebista y colaborado en Cambio16, entre otros medios.
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Violaciones de mujeres, solos o en manada

Hace bastantes años una sentencia judicial establecía que la mujer violada se había puesto “en disposición de ser utilizada sexualmente” por su violador.

Una expresión brutal, subrayada por ese lenguaje acartonado y farragoso que aún hoy caracteriza tantas sentencias judiciales.

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Colau al ataque independentista

Es posible que Ada Colau sea una de las políticas españolas que más veces ha empleado la palabra “diálogo” y la que más veces expresa la voluntad de “tender puentes” como forma ideal, necesaria e infalible, de resolver las inevitables diferencias que definen la política. Todo se puede solucionar con el diálogo y nada se podrá arreglar si no es mediante el diálogo. Diálogo entre afines y distintos, diálogo transversal, diálogo curativo y paliativo, dice todo el rato Colau. Sin embargo, a la hora de decidir expulsar a los socialistas catalanes del PSC del pacto de gobierno municipal del Ayuntamiento de Barcelona, no parece que Colau se haya entregado a fondo en el diálogo y más bien da la sensación de que ha volado los puentes realmente existentes.

Quizás todo tiene que ver con el carácter corrosivo y divisor que impregna el llamado próces desde que el no siempre bien ponderado por su astucia, Artur Mas, lo activó con fruición seguidista. En este periodo, pongamos desde 2010 hasta hoy, se ha roto la coalición entre Convergencia y Unió; coalición ganadora desde las primeras elecciones democráticas. Se ha dividido la propia Unió. Se ha dividido y menguado Convergencia, que huye de su propio nombre, el que le otorgó la hoy reconocida como organización patrióticamente criminal de los Pujol-Ferrusola. De controlarlo todo con 62 diputados en las autonómicas del 2010, a los 50 escaños de las autonómicas del 2012, a pasar a autodenominarse PDCAT y al vete a saber de escaños con la denominación Junts per Catalunya, seguro que muy, pero que muy, por detrás de ERC.

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Puigdemont huye

Escribió Mario Onaíndia --dos penas de muerte en el juicio contra militantes de Eta, Proceso de Burgos, 1970-- una novela deliciosa escrita en euskera  y titulada: “Gran placen aurkituko gara” (“Nos encontraremos en la Gran Place”). Estamos en el año 1977. Se ha decretado la primera Amnistía y todos los presos de Eta han salido a la calle, incluidos Mario Onaindía y Teo Uriarte, miembros de la Eta sesentera y para los que el tribunal de justicia militar -fiscal Troncoso, sable sobre la mesa del estrado-, pedía dos penas de muerte. Recuerdo, tenía 15 años, que me preguntaba sobre la dificultad meramente técnica de aplicar dos penas de muerte a una misma persona. Onaindía le llamaba al fiscal “Troncoso, o tramposo” y en un momento del juicio se vino arriba y entonó el Eusko Gudariak, himno del soldado vasco, ante la perplejidad de los troncosos militares que les juzgaban -lo escuchamos clandestinamente en casette de la marca TDK .

Una vez amnistiado, Onaindía, con “doce de los suyos” (poema del Mío Cid), fue “extrañado” un tiempito a Bruselas. Era una forma de limbo, antes de volver a España con toda paz, como finalmente hicieron.

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Codorníu se va, como la convivencia

Codorníu, radicada en Catalunya desde 1551, ha decidido que se va. Se va de Catalunya a la Rioja. Si el abandono de toda empresa que deja el territorio en el que ha estado durante años tiene un indudable efecto simbólico y psicológico –-por ejemplo, Caixabank y Banco Sabadell, entre otras muchas-- en el caso de Codorníu, propiedad de la histórica familia Raventós, ¡cinco siglos! en Catalunya, el efecto es aún mayor: se trata de una de las empresas más antiguas de España, que elabora un producto, el cava, inseparablemente unido a Catalunya.

El cava es el producto nacional bruto y emblemático de Catalunya por excelencia y como tal es percibido en el resto de España. Codorníu, junto con Freixenet -que también prepara las maletas- es la marca de referencia, arraigada en el imaginario y en el consumo de millones de españoles, no solo en Navidad.

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Una sensación de angustia

Entre el primero de octubre, la jornada de huelga y la posible declaración unilateral de independencia, todo en una semana, no hay ningún dato de la realidad que nos haga confiar, incluso a los más optimistas, en la posibilidad de una salida negociada a la situación de conflicto abierto en canal en Catalunya.

Hay dos espirales en juego, la de acción-reacción, que ocupa con sobreabundancia el terreno mediático y la agenda, y la espiral del silencio, esa que deja fuera de la plaza pública y de los medios a los catalanes que han desconectado de la primera.

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Merece la pena pagar por esto

Se me ocurren unas cuantas razones para que los lectores de este periódico se hagan socios / pagadores / propulsores de eldiario.es. La primera, sé que no es muy popular, es que pagar por un producto que se lee fortalece el espíritu -del lector y del emisor-  y representa sobre todo un acto de justicia para los hacedores del periódico, que conviene que cobren todos los meses para que el periódico siga contando; contando historias.

No hay producto editorial libre al cien por cien, por mucho que les gustaría ese ideal imposible a algunos lectores. Se trata de que las inevitables hipotecas sean las menos posibles y en este diario no parece que haya más hipoteca que la de los propios lectores, la de los socios que dan y quitan apoyos a quiénes escribimos aquí. Por eso es importante saber que con cada socio se establece un contrato de garantía de estabilidad, de futuro del medio, de este medio. Contrato crítico o de apoyo, que permite la supervivencia; contrato racional y emocional en cualquier caso. 

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Ahora, ataque a Évole

El grupo independentista catalán Súmate ha tenido la brillante idea de atacar al periodista Jordi Evóle acusándole de “equidistante”. No sé si la equidistancia de los profesionales de los medios de comunicación será considerada delito en el futuro por esta entidad independentista, lo que sabemos hoy es que les parece merecedora de un ataque. Un ataque con cartel, con la cara de Évole incluida, en el que se mezcla su nombre y su foto con la CIA y un “se busca”.

La agresión ha durado unas horas en Twitter y sus promotores la han retirado con un “lamentamos que no se haya entendido”, como si culpa fuera de los que han criticado el señalamiento y no de ellos, por marcar y tratar de meter miedo a un periodista, que de eso se trata.

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El fiscal quería a Juana Rivas en la cárcel

Me alegra tener que rectificar el artículo que ya tenía escrito y que empezaba, estupefacto, por constatar la voluntad del fiscal de seguir porfiando para que Juana Rivas ingresara en la cárcel.

Pidió hace una semana el apodado ministerio público ¡prisión sin fianza! para la madre de dos hijos de 11 y 3 años, separada de su marido, condenado por maltrato, y ahora vuelve a pedir que se le quite la libertad provisional, decretada hace una semana, decía yo antes de la feliz rectificación de este martes.

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La culpa es de los asesinos

Buscar culpables es una forma urgente de tratar de encontrar consuelo cada vez que se produce una situación límite en la que se pierden vidas.

Después de la matanza de Barcelona de este agosto salimos todos, no sólo los periodistas, a dar explicaciones. Una matanza menor en número de asesinados, pero mucho mayor en impacto emocional y mediático que el crimen de Hipercor: 21 asesinados a manos de la banda terrorista ETA, hace justo 30 años, un sábado por la tarde, con un artefacto elaborado con escamas de jabón para que se pegaran a las víctimas y las quemaran aún más.

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Los asesinos de mujeres y Juana Rivas

El anteúltimo hombre español asesino de una mujer es un antropólogo vasco, de Bilbao, se llama Héctor Menchero y se fue hasta Ecuador para asesinar a la que fue su mujer, con la que tenía una hija.

Con este crimen llegamos a las 34 mujeres asesinadas por hombres en España y a las 103 en Ecuador en lo que va de 2017. Una matanza. Matanza que sobrecoge aún más si en vez de hacer una contabilidad anual –como si pudiéramos poner el mortal cuentakilómetros a cero cada uno de enero– recontáramos las mujeres asesinadas desde que hay estadísticas en España: más de mil. Más que ETA.

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