Religión para nota
Anda Rouco Varela preparando los temas que tendrán que estudiar todos los escolares españoles que opten por el adoctrinamiento en religión católica, asignatura María cuya nota contará a partir de ahora como si de Matemáticas o Lengua se tratara.
Wert ha cumplido lo que se esperaba de él, ha culminado uno de los objetivos para los que fue colocado como ministro de Educación por la FAES y podrá dormir tranquilo pensando en la recompensa de un adosado en el cielo por mucho que peque en la tierra.
La política de derechas “sin complejos” se toma un nuevo éxito y ya solo falta que Gallardón culmine una ley del aborto que nos devuelva a los tiempos de abortar es delito y no derecho, a la mujer como ser inferior, sin capacidad de decidir y sospechosa por quedarse embarazada fuera del matrimonio.
Semiesclavitud en Bangladesh
Vamos por las 1.127 personas asesinadas por la codicia en Bangladesh y deberá pasar un tiempo para confirmar que los 98 catalogados ahora como desaparecidos engrosan la lista de víctimas mortales. Esta noticia ilustra de manera retumbante la realidad en la que se vive en buena parte del mundo y de la que ahora algunos, de manera hipócrita, parecen percatarse.
Ocupados como estamos en nuestra crisis, quizás no hemos prestado la suficiente atención a este destrozo de vidas que ilustra de forma brutal el sistema económico en el que muchos ciudadanos del mundo malviven y al que algunos parecen querer conducirnos aquí.
Es verdad que nuestra miseria puede ser su opulencia, es verdad que la peor de nuestras situaciones es mejor que la mejor de las que se dan en países con regímenes laborales de semiesclavitud, pero ha querido la realidad que la matanza perpetrada por los codiciosos en Bangladesh haya coincidido en el tiempo con la pequeña y significativa noticia de que los escolares del Colegio Público de Isla Tabarca, en Alicante, se han quedado sin el servicio de comedor.
ETA, el aborto y el ministro
El todavía ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, considera que el aborto y la banda terrorista ETA, con sus 874 asesinatos, “tienen algo que ver, aunque no demasiado”.
No cabe rectificación ni corrección posible: el ministro ha dicho lo que piensa, con la verdad que tienen las primeras declaraciones.
Me puede doler esta comparación infame, pero no me sorprende. Un conmilitón de Fernández Díaz, el obispo de San Sebastián, José Ignacio Munilla, se ha referido al aborto como “un Holocausto silencioso”, y son varios los miembros de la jerarquía de la Iglesia católica española que han considerado el aborto peor que un asesinato y equiparable a las matanzas sistemáticas de judíos -de homosexuales y gitanos, que también las hubo-, realizadas por los nazis.
Palabras cacahuete
Anda el PP tirándonos palabras a los españoles como quien echa cacahuetes a un mono encerrado en una jaula.
Lo mismo nos tira un papeles apócrifos de Bárcenas, que no se podrá demostrar que no es inocente, que nos hace tragar con una ley de desindexación de la economía española, que encubra más recortes a las pensiones, o nos avisa para que no nos dejemos cegar por la devastadora cifra del paro. Nos lanza indemnización simulada, diferida, fragmentada, quiere que mastiquemos que no hay impuestos el viernes y nos entretiene con que se trata de un recargo temporal de solidaridad y no de una subida de impuestos que se queda a vivir.
Nos dice que no es que haya más gente sin trabajo que nunca, es que el paro flexiona (no quiero pensar la que se puede armar cuando el paro empiece a hacer abdominales).
Prohibir la realidad
Ha ordenado el Ministerio del Interior prohibir la palabra escrache. Los policías no podrán decir ni escribir escrache a partir de ahora cuando se encuentren con un grupo de ciudadanos que protestan por los desahucios delante de los políticos que no los impiden. No sé si también habrán prohibido a los policías pensar la palabra escrache, pues sabido es que también se puede pecar por pensamiento, palabra, obra u omisión.
Si no decimos escrache desaparecen los desahucios, han debido pensar en ese ínclito ministerio, con alta densidad de incompetentes y meapilas.
Si no decimos escrache y si decimos acoso, tendremos a los policías inmersos en la neolengua que ha inventado el PP y a los ciudadanos empitonados por los tipos penales, antes que representados por los inéditos movimientos de protesta.
Rouco le pone deberes a Rajoy
Viene a decirle Rouco a Rajoy que no le han puesto donde está para que mantenga la ley del aborto y el derecho a casarse de gays y lesbianas tal y como los dejó Zapatero.
Qué soberbia exhibe en sus demandas el jefe de la jerarquía de la Iglesia española, qué aires de que le deben y no le pagan, qué seguridad en que su regañina será tenida en cuenta, debe ser la certeza del que se sabe poderoso con trienios, del acostumbrado a mandar y que le obedezcan.
Rajoy, que parece que solo habla con el Papa, o en presencia del jefe de la ONU, guarda silencio, no habla ni en plasma y entonces sale Gallardón, con esa solemnidad redundante que tanto le acompaña, y nos dice que están estudiando tan a fondo la revocación de la ley del aborto que por eso no la han cambiado aún. Al hablar así, le enseña a Rouco un justificante de por qué no ha hecho los deberes el Gobierno del PP y le promete que pronto se los entregará como Dios manda.
Balonazo catarí
Han conseguido las gestiones del rey que su yerno Urdagarin sea acogido en ese país donde los trabajadores filipinos inmigrantes viven en condiciones de semiesclavitud y los jeques/ricos portan rolex de oro de tres pisos.
En su afán por la transparencia y la modernización, el yerno del rey salta, como un balón en vaselina, por encima de la barrera de defensas judiciales y se instala en el insultantemente opulento Catar para seguir haciendo caja, así en el balonmano como en la organización de esos eventos que tan bien se le ha dado hasta llegar al banquillo en España.
A partir de ahora deberíamos ver al ministro atribulado por los achaques de la marca España, García Margallo, doblemente preocupado por la internacionalización de la corrupción que exportamos. Aunque a Doha no van a poder llegar tantos reporteros como al casoplón de Pedralbes, o a la cuesta de la justicia de Palma, es de suponer que alguno le preguntará a Urdangarin por su momento procesal, por los días que falten para el juicio, si echa de menos a su abogado, y por cómo esta llevando la infanta Cristina su imputación y el eventual traslado a una casa en Catar, seguro que no menos lujosa que la de Barcelona.
La realidad no existe
La realidad no existe. Dan igual las fotos en el yate con el narco gallego, las contabilidades manuscritas del esquiador vocacional y trepador que nunca será culpable; los sumarios embotados en los que el presunto culpable aparece también como evidente acusador; los despidos simulados, diferidos, fragmentados, de tesoreros sobradamente enriquecidos y con cuentas sin fin; los dinerales para los ejecutivos corruptos e incompetentes de las cajas de ahorro, salvadas con millones de dinero público mientras los saqueadores robaban a sus clientes; los engaños a los ahorradores con las preferentes y las hipotecas; los suicidados en pleno trámite de lanzamiento de su vivienda, más conocido por desahucio; los consejeros de sanidad del PP que, después de favorecer a la sanidad privada, fichan con sueldos millonarios por las empresas a las que dieron trato preferente, cuando estaban en lo público; los millones de parados, que parecen ser unos cuantos menos, gracias a la Virgen del Rocío; el Rey y parte de su familia, con sus múltiples boquetes y los que vendrán por correo electrónico; los ERE, previstos para compensar a los despedidos, usurpados por voraces saqueadores.
La lista es larga y la suma de todos los ingredientes da un único resultado: la oceánica desesperanza de millones de ciudadanos que ya no se creen nada, que ya no confían en nadie, que no ven ni presente ni futuro. Asistimos a la voladura del estado de certezas y confianzas, base del estado de bienestar construido durante los últimos treinta años. Estamos, de hoz y coz, en la construcción del Estado de sitio de la voracidad, en la tesitura de cada uno a lo suyo, en que siempre ha habido ricos y pobres y que se clausuró la etapa en la que algunos confiaron en la igualdad y el progreso.
Solo nos salvan los movimientos de protesta contra el destrozo, las nuevas formas de actuar.
Los que protestan son filoetarras
Acusar de filoetarra a la portavoz de la plataforma antidesahucios, Ada Colau, no es solo una infamia, es un reflejo de la mentalidad autoritaria del PP y un síntoma más del recorte de libertades y derechos al que estamos asistiendo en España.
Cristina Cifuentes, la delegada que el Gobierno central, residente en Madrid, tiene en Madrid residiendo --puro pleonasmo--, ha conseguido su objetivo: la portavoz de una de las iniciativas ciudadanas que con más fuerza ha entrado en la vida política española queda marcada. Ha logrado la delegada del PP otro objetivo, que Ada Colau tenga que dedicarse a argumentar contra la mentira y que, al hacerlo, se vea obligada a reproducir alguna de las palabras empleadas por Cifuentes, con lo cual, aunque no lo quiera, acabará reforzando la vil insidia.
A estas alturas del final del terrorismo es evidente que la acusación de la delegada del Gobierno en Madrid, lanzada en la Radio Nacional, no tiene el efecto que hubiera logrado cuando los terroristas asesinaban a decenas de personas al año, pero puede inducir a una parte de la población a mirar a esta mujer, y al movimiento que representa, de otra manera, distinta a la anterior al enunciado de la infamia. Esta reacción de recelo puede estrenarse entre el público muy adicto a la causa popular, ese sector que esta macerado por el consumo diario y adictivo de los mensajes aventados por la derecha en el Gobierno. No sabemos si llegará a más gente.
Torturas y Trillo 'in vigilando'
La brutal paliza que cuatro militares españoles perpetran con saña contra dos ciudadanos iraquíes indefensos no puede quedar impune ni un minuto más.
La brillante idea de José María Aznar de meter a España en la Guerra de Irak, en premio a que le dejaran hacerse una foto con Bush y Blair, poner los pies encima de la mesa y hablar con acento de tío más poderoso del mundo, trae consecuencias tan espeluznantes, vejatorias e hirientes como esta degradante escena que acabamos de ver.
La tortura de los ciudadanos iraquíes, a pies de soldados españoles, jamás se hubiera producido de no haber enviado Aznar al Ejército español a la Guerra de Irak.





