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José María Calleja

José María Calleja es doctor en Ciencias de la Información, profesor de Periodismo en la Universidad Carlos III y licenciado en Historia. Colabora en Antena3 y en Cuatro, en Onda Cero y en la Agencia Colpisa.

Acaba de publicar su último libro: "La Violencia como noticia", es premio Espasa de Ensayo y autor de una docena de libros. Ha sido director y presentador de "El Debate de CNN+". Ha trabajado en la Agencia EFE, Euskal Telebista y colaborado en Cambio16, entre otros medios.
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¿Legalizar la prostitución?

Ha propuesto Ciudadanos legalizar la prostitución como forma de dignificar la que consideran una profesión, "aliviar el sufrimiento" de las prostitutas y sobre la base de que se trata de un negocio que aporta mucho dinero.

No parece muy elaborado el anuncio y más bien da la impresión de surgir al calor de las múltiples campañas electorales venidas y por venir. El tiempo medirá el alcance, la sinceridad y la viabilidad de la propuesta, que de momento parece novedosa en la agenda política española.

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Rajoy confirma lo que niega

Si negar el marco es una forma de reafirmarlo, negar el marco tres veces es una forma enfática, casi abrumadora, de enfangarse en él.

Así, Mariano Rajoy ha dicho el martes ante los suyos: “No debemos enredarnos en cosas que importan a 25”; “No haré un llamamiento a la unidad, porque este es un partido unido” y “No voy a hacer un llamamiento a la responsabilidad, porque derrochamos responsabilidad”.

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El PP no comunica con Ciudadanos

Ha decidido el PP que su problema es que no comunica bien. Después de sus reconocidas carencias de epidermis, tan creíblemente relatadas por Floriano, la patología parece residir ahora en la boca, en lo que sale de ella.

Es una disculpa no sólo recurrente, también socorrida cuando no se quiere reconocer una evidente, para la mayoría, deriva hacia el batacazo municipal y autonómico, recién venido como está el PP del batacazo andaluz. Hacemos las cosas bien, pero no sabemos contarlas, se dicen a si mismos, como para darse ánimos, como para negar la evidencia de 17 escaños y más de medio millón de votos perdidos, para despejar con un patadón a la grada los miedos a perder ayuntamientos y comunidades el próximo 24 de Mayo.

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Muertos de golpe son más muertos

Ciento cincuenta muertos de golpe en un día provocan un impacto infinitamente mayor que ciento cincuenta muertos a goteo, por ejemplo, en accidentes de tráfico en fines de semana durante seis meses. Los muertos son los mismos, la cantidad de dolor idéntica, los familiares destrozados parejos, pero la montonera de muertos en un mismo día y a una misma hora provoca una percepción radicalmente distinta de la muerte en la mayoría de la población, añade muerte a la muerte, más conmoción al dolor; provoca un despliegue mediático que centuplica un impacto que se diluye en el recuento de muertes de fines de semana. Parece que, si se matan ciento cincuenta de golpe en un accidente de avión, son más muertos que ciento cincuenta fallecidos, no sé, en accidentes laborales esparcidos a lo largo de doce meses. Parece que, si se mueren de uno en uno, no se mueren tanto que si se mueren por decenas, al menos en la percepción de la mayoría de la población.

La muerte masiva, concentrada en un mismo accidente, provoca en la percepción de los vivos que consumen la información una sensación distinta, de impacto enorme, que lleva a bucear en los detalles de los bebés que viajaban, de los jóvenes de intercambio que viajaban, de los sujetos con nombres y apellidos que volaban, que nos lleva a fijarnos en las historias de los que no tomaron ese vuelo por azar o en pensar que yo podía estar allí.

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El etarra Lasarte, en libertad; sus asesinados siguen muertos

El día de su cumpleaños se fue a cenar con la familia, era julio y hacía calor en San Sebastián. La última copa la tomaron en la Unión Artesana, al lado de casa. Allí vio a José Manuel Olarte, Plomos de alias, estaba jugando a las cartas con la cuadrilla. V. Lasarte clausuró súbitamente el cumpleaños y se fue a casa, allí tenía una pistola de avancarga, de tiro olímpico, con una sola bala, la banda no le proporcionaba otras armas. Con los vapores de la sobremesa, un 27 de julio de 1994, hizo lo que le pedía el instinto: volvió a la Unión Artesana y allí mismo le pegó un tiro en la nuca a Olarte. La sangre, la baraja desparramada, los colegas estupefactos, el serrín, la ruptura abrupta de la breve normalidad.

Otro día, el 23 de enero de 1995, V. Lasarte se plantó en el bar Barandiarán, en el Boulevard, esquina con Mayor. Desde allí se veía a los que salían del Ayuntamiento de San Sebastián por la calle Ijentea. Sobre las dos y media pasadas, y eso que en Donosti se come pronto, salió Gregorio Ordóñez acompañado, entre otros, de su colaboradora, María San Gil. V. Lasarte les vio pasar, anduvo detrás de ellos un par de calles, Mayor y 31 de Agosto, les siguió hasta el bar al que iban a comer, La Cepa. Una vez que se sentaron, V. Lasarte se fue hasta el barrio de Gros, nada más pasar el puente del Kursaal, allí avisó a sus conmilitones que estaban en un piso –entre ellos, García Gaztelu–, les dio la información calentita.

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"Somos troncos y a tomar por c…"

"Somos troncos y a tomar por c…", le dijo el comisario Torrente Villarejo a Ignacio González, el del ático poco ético. La escena exige palillo en la comisura del labio y la uña del meñique de la mano derecha larga, muy larga. La uña como herramienta de trabajo de la policía de antes. Hay un ruido de fondo de taberna en las grabaciones y no sabemos si el cafelito fue con porras, sería lo propio hablando de guardias, o churros, si nos vamos a la chapuza española, perdón por la redundancia.

El caso es que lejos de la estética de Pulp Fiction ("no empecemos a chuparnos las p… todavía"), la escena en el kilómetro cero de La Mallorquina madrileña entra en el mismo campo semántico y simbólico que el diálogo ideado por Tarantino, pero con entresijos, minutejos, chotis y chulapos.

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El PP de Madrid, a garrotazos

Espero no pecar de precipitado o temerario si digo que Mariano Rajoy dejará caer su dedo indolente sobre los candidatos del PP a la Alcaldía y a la Comunidad de Madrid antes de las elecciones del próximo mes de mayo. Rajoy ha tenido este martes uno de sus momentos cumbre cuando ha dicho, al ser preguntado sobre los posibles aspirantes del PP en Madrid, que eso hay que preguntárselo al PP, como si él fuera de la CNT.

Mientras llega tan postergada decisión, vemos cómo el todavía presidente de la Comunidad de Madrid, Ignacio González, es capaz, en una misma rueda de prensa, de sentirse víctima de un supuesto chantaje por parte de dos policías y anunciar a los que denuncia como chantajistas de su partido su voluntad de no ceder y presentarse para seguir en el sillón que hoy ocupa. Con su inagotable capacidad esclarecedora, Floriano ha dicho que no apoya a Ignacio González, sino lo que este ha dicho, ¿se refiere al doble chantaje? ¿Es posible que un presidente de una comunidad autónoma acuse de chantaje a dos policías?, ministro de Interior, ¿algo que aportar?

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Mariano se inventa España y la salva

Posiblemente Rajoy no esperaba el discurso contundente y achicándole los espacios que le ha lanzado Pedro Sánchez. Me ha dado la sensación de que Sánchez ha conseguido sacar a Rajoy de sus casillas. Si no, no se explica el tono desabrido, irritado, con palabras encendidas del presidente.

El afán de ninguneo del secretario socialista se manifestó desde el principio, cuando Rajoy ni siquiera miraba a la cara a Pedro Sánchez mientras este le golpeaba como responsable del destrozo económico y le vinculaba a la corrupción en B de su partido. Mientras Sánchez le atacaba mirándole a los ojos, Rajoy no levantaba la cabeza y leía lo que traía escrito de casa para contestarle, pensando quizás que Sánchez diría otras cosas. Sánchez cometió el mismo error en su segunda respuesta, leer algo previamente escrito, sin contestar a lo que decía Rajoy.

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Enemigos de partido

La lucha a garrotazos dentro de los partidos parece arreciar en vísperas de elecciones.

En el PSOE de Madrid han mandado a negro a Tomás Gómez, conscientes de su inagotable capacidad para perder elecciones, sapientes de la alegría que provocaba en el PP tenerlo como adversario. Le han movido la silla de forma prusiana y con estruendo. Gómez no se lo ha tomado a bien y anima a Amparo Valcarce y a Pedro Zerolo a que digan que están dispuestos a ser votados por sus compañeros de partido en primarias, con tal de que no salga como candidato Ángel Gabilondo, más dispuesto a encabezar la lista socialista de lo que yo pensaba. La destitución de Gómez ha sido brutal, por muy necesario que resultase para tratar de ganar las elecciones.

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Monedero desaparece de las teles

Sigue Monedero desaparecido de los platós de televisión en los que estableció durante semanas el ser y el deber ser del político honrado y denunció los fallos del sistema injustamente por él y los suyos llamado régimen. Está ausente de los medios después de haber prometido que volvería con todas las pruebas habidas y por haber; no comparece ni en mítines, ni en convocatorias de prensa, ni en entrevistas o debates y envía al bueno de Luis Alegre a comerse el marrón de sus presuntas irregularidades.

No contesta, en fin, a los que desde su propio partido –en Plaza Podemos– piden que se vaya, que dimita, que se aplique su propia doctrina, que deje de manchar el nombre del nuevo partido.

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