En busca del cajero perfecto
Mis padres conocen el número secreto de mi tarjeta. También mi hermano lo conoce. Y varios amigos, y algún compañero de trabajo. Espero que varias cajeras de FNAC y dependientes de tiendas de ropa lo hayan olvidado. No es que sea descuidado; me veo obligado a revelar estas 4 cifras para poder comprar con cierta normalidad.
Durante años, mis padres me han sacado dinero del banco, unos 200 euros cada vez; lo guardaba en casa e iba gastando hasta que tenía que sacar de nuevo. Ahora que vivo solo quiero poder gestionar el dinero con autonomía; pero no es fácil. El principal escollo es que no puedo utilizar ningún cajero automático. Los hay con escalón, los hay con puerta y los hay empotrados a una pared a demasiada altura. También se ven unos pocos a pie de calle y a una altura adecuada. Pero no me sirven.
Fíjense la próxima vez que saquen dinero. Hay que introducir la tarjeta en la ranura; yo, llego justo. Después, marcar el número secreto en los botones físicos de la parte inferior; de acuerdo, es factible. Pero en el siguiente paso la cosa se complica: hay que elegir qué operación realizar y cuánto dinero quieres sacar en la pantalla táctil. A ésa no llego. Fin de la historia. Me quedo sin sacar pasta.
Lejos del nido
La felicidad es escuchar a Bob Dylan en el salón de tu casa mientras esperas a unos amigos a cenar. En el momento de escribir este post llevo 4 días en mi casa y la verdad es que estoy de lujo. Hoy me preguntaba mi padre si no me aburría. Para nada. Pasada la edad en que una casa sin padres es una invitación a montar una fiesta, ahora valoro el silencio, la luz natural y la soledad elegida y dosificada.
Pues de eso se trata la emancipación. De hacer lo mismo que hacías en casa de tus padres pero sin que nadie interrumpa la escena de una serie ni te llame para cenar. De alguna forma, las horas cunden más.
Por el momento el asistente personal - Domingo a partir de ahora- y yo nos estamos tanteando. Yo le explico que quiero comer la mitad de lo que me pone en el plato y él se preocupa si no me oye la primera vez que le llamo para que me limpie después de ir al baño. Ya perdonarán la grosería pero es el momento más importante del día. Puedo pasar 48 horas sin comer, puedo dormir una noche con las prótesis puestas y entro y salgo de casa sin ninguna ayuda. Pero ay, el baño. Durante años he acostumbrado a mi cuerpo -con más o menos éxito- a llevar los horarios de mis padres. Ahora toca enseñarle los horarios de Domingo. Cuestión de tiempo.
Mudanza
Dicen que una mudanza es una fuente importante de ansiedad y estrés. Lo confirmo en parte. Lo bueno de ser retrón es que no llevas cajas de un lado a otro.
El grueso del trabajo de la casa se lo ha comido mi familia. Yo decido dónde colocar los 600 CD’s y una noche ya están ahí. Quiero unas perchas para la habitación y tengo 3 modelos para elegir. Necesito toallas y fuentes y de repente aparecen. Me recuerda a un texto de Saramago que leí en el libreto de un disco de Pedro Guerra dedicado a las mujeres. Venía a decir que su mujer cocinaba y él escribía; que su mujer revisaba y filtraba el correo y él escribía. Pues parecido.
Claro que a la retronez se suma el horario partido de mi trabajo (espero que el señor que lo inventó esté tomando café con Videla en el infierno), que, básicamente, impide tener tiempo libre. No digo montar una casa. Así que cada vez que me acerco al piso hay cosas nuevas.
Estilo posguerra o estilo punk
Decía Pablo el otro día que se ven relativamente pocos retrones por la calle. Coincido y añado: son pocos y la mayoría viste muy gris. En el imaginario colectivo, está la imagen de Clara, la amiga retrona de Heidi. Joven, guapa y vestida como una mujer de 50 años. O los ancianos que se tapan las piernas con mantas. Muy piadoso. En el caso de los retrones mentales, arrasan el estilo posguerra y el pelo a lo cacerolo.
La semana pasada vi a una pareja de punks de cuarenta y pico años. Ropa negra, pelos alborotados, piercings y pendientes, botas... El pack. De la mano llevaban a un chico con síndrome de Down. Calculo que rondaría los 20 años pero vestía como un cincuentón aburrido. Camisa lisa y fea, pantalones serios pero demasiado grandes y zapatos de oficina. El contraste era total.
¿Cuál sería la relación entre ellos? Ni idea. Quizá fuera hermano del punk o sobrino de la chica. Quizá eran padres e hijo. En cualquier caso ¿por qué vestir así a alguien mientras tú escoges una estética muy determinada?
Independence Day
Ya queda poco. El primer fin de semana de junio, 2 meses antes de cumplir 32 años, dormiré en mi propia casa. Me emancipo.
La gente de mi generación hace ya unos cuantos años que volaron del nido, la crisis no nos pilló por un pelo. Pero no es lo mismo. No todos los retrones pueden emanciparse. Como hemos repetido en este blog, el dinero es muy importante.
En mi caso, he tenido suerte: mis padres ahorraron para poder comprar una casa a cada uno de sus 2 hijos y no tengo que pagar una hipoteca. Tampoco hubiera podido. Tengo un sueldo de periodista base y una ayuda de 380 euros al mes. En lugar pagar al banco, pago a mi asistente personal. Lo conocí hace una semana; fue la segunda persona a la que entrevisté para el trabajo. Cuando lleve un tiempo viviendo con él escribiré sobre nuestra forma de organizarnos; por el momento me da muy buenas sensaciones.
Los hijos retrones de Gallardón
Durante las últimas semanas, muchas personas y colectivos han hablado a favor y en contra de la próxima ley del aborto. Algunos han señalado es una barbaridad prohibir la suspensión del embarazo en caso de malformaciones. Otros han elogiado al ministro de Justicia por poner fin a lo que llaman “aborto eugenésico”. Pero todavía no he leído el punto de vista de ningún retrón. Espero aportar un poco de luz al debate.
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Ellas paren, Gallardón decide
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"Las mujeres escuchen en silencio las instrucciones con entera sumisión. Pues no permito a la mujer enseñar ni tomar autoridad sobre el marido; mas estése callada. Verdad es que se salvará por medio de los hijos, si persevera en la fe y el la caridad en santa y arreglada vida".
Estas palabras fueron escritas por uno de los discípulos de san Pablo hace 2000 años pero resultan actuales. En particular, las que atañen a los hijos. Porque parece que muchas de las políticas de este cristiano Gobierno van encaminadas a eso, a devolver a la mujer al lugar que, según la tradición, pertenece. El desprecio por las cuotas, la destrucción por etapas de la ley de Dependencia (que obliga a cientos de mujeres a quedarse en casa cuidando con problemas físicos y mentales) y, ahora, la inminente contrarreforma del aborto.
Mens sana in corpore tullido
Una forma de lograr la felicidad es evitar el dolor. La ausencia de tristeza, preocupaciones y miedos puede ser una bendición. Pero, ¿cómo llegar a ese punto? ¿Cómo olvidar que no tienes pareja, trabajo o dinero? ¿Cómo dejar a un lado que no ves, no oyes, no caminas? No es fácil. Pero es tiempo que uno pasa lamentándose es tiempo en el que no disfruta del lado bueno de la vida.
Lo sé. Es más fácil decirlo que ponerlo en práctica. Si te han despedido es complicado apreciar los colores de las alas de las mariposas; si te has quedado ciego en un accidente de coche no aprecias la música de Bach; si no puedes caminar es fácil caer en el abismo emocional y no disfrutar de un buen solomillo.
Todo el mundo tiene razones para estar hundido, no querer salir de casa y pensar que la vida es una mierda. Pero, como escribí en mi primer post, unos tienen más razones que otros.
De viaje a la ortopedia
Más de una vez hemos hablado aquí de la relación entre retronez y dinero; tener problemas físicos sale muy caro. Hoy quiero explicar cómo funciona el sistema de ortopedia y cómo podría mejorarse.
Yo necesito una silla de ruedas con motor (aka silla eléctrica) para moverme por trayectos largos (todo lo que supere casa y trabajo). La última me costó 2.259 euros, sin incluir algunas adaptaciones como la altura o la posición del joystick (soy zurdo). El proceso ordinario en Aragón -quizá varía en otras comunidades- es:
El servicio de salud de cada Comunidad Autónoma sufraga una parte de las herramientas que un retrón necesita para poder salir a la calle, ver, escuchar, ducharse... Pero lo hace después de que hayas pagado el 100% del producto. ¿Qué porcentaje subvenciona? Depende del producto. Por ejemplo, pagan unos 300 euros para una silla de ruedas estándar; si resulta que necesitas una de 500 porque tiene un respaldo más alto, te toca apoquinar el resto.
Todos iguales, pero...
No sé si sabrán los lectores que Zaragoza vuelve a tener tranvía. Es un transporte ideal para las sillas de ruedas, muletas y bastones... La entrada está a ras de suelo, no hay que subir ni bajar ningún escalón (como sí ocurre en el bus); las puertas se mantienen abiertas el tiempo suficiente para entrar (a diferencia del metro); la pantalla para pasar las tarjetas está a una altura adecuada; en cada sección hay zonas reservadas para retrones o bebés y la gente suele respetarlas; y existe un botón para avisar al conductor de que te bajas en la próxima y así esté pendiente.
No es por hacer publicidad al señor Belloch pero cuando las cosas se hacen bien hay que reconocerlas. Uutilizo el tranvía 4 veces al día para ir y volver del trabajo y me evito el frío y el calor al recorrer el puente que cruza el Ebro. (Ignoro cómo está la accesibilidad en otros tranvías de España; si queréis, explicadlo en los comentarios).
El otro día, sin embargo, recordé que entre la gente normal y amable todavía se mezcla algún cavernícola. Como en cada viaje, entré, miré si había sitio libre para sillas, un hombre se levantó de él, le di las gracias y ocupé el lugar. En la primera parada, hubo trasvase de pasajeros y a mi izquierda (insisto: sitios reservados para sillas, con su cartelito y su recomendación de que los dejes libres si llega un retrón o un bebé) se sentaron una mujer de unos 50 años y otra de unos 70. No se conocían.





