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Negociaciones climáticas, de lo urgente a lo necesario

El punto clave de lo que se negocia estos días en Marrakech en la COP 22 es cómo las naciones tienen que cumplir el Acuerdo de París.

Desde 2013, el Corredor Seco Centroamericano ha atravesado la peor sequía de los últimos 30 años.

En Ayuda en Acción apostamos por esquemas de desarrollo rural integral que contribuyan a generar entornos favorables respecto al cambio climático.

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En el sureste de África, impulsamos procesos relacionados con la gestión sustentable del agua y la seguridad alimentaria.

En el sureste de África, impulsamos procesos relacionados con la gestión sustentable del agua y la seguridad alimentaria. Luis Santiago Cano / Ayuda en Acción

En estos días y con justa razón, el cambio climático vuelve a estar en el centro de las conversaciones de la diplomacia internacional. Miles de personas, funcionarios, negociadores, activistas y medios de comunicación han llegado hasta Marrakech para dar seguimiento a lo conseguido en anteriores negociaciones climáticas (COP) con una diferencia evidente respecto a cumbres anteriores, el sentido de urgencia.

En 2015, la temperatura media mundial incrementó 0.9 °C respecto al promedio del período 1901-2000 y la temperatura media mensual de diez de los doce meses del año pasado alcanzó o superó los récords en ese mismo período. A nivel mundial, el año 2015 ha sido el más caliente desde 1880, según los registros disponibles y ya en 2016, en cada uno de los primeros seis meses, la temperatura media mensual mundial batió récords según los registros desde 1880. Dicho semestre fue el más cálido de todos los registros, con un incremento de 1.3 °C respecto al período de 1901-2000.

Más allá de las cifras y de lo complejo de su entendimiento estamos hablando de un colapso que se refleja en las crisis más recurrentes e intensas ligadas a eventos climáticos. Lluvias fuertes, huracanes más potentes, procesos de desertificación, sequías y, por ende, poca disponibilidad de agua para consumo y para los procesos productivos. En los últimos tres años, el Corredor Seco Centroamericano, una de las zonas más vulnerables del planeta, ha atravesado por la peor sequía de los últimos 30 años. Dicha sequía ha supuesto la pérdida de entre el 70% y 80 % de la producción de maíz y frijol, alimentos básicos en la dieta y movilidad económica de la región, generando así una crisis alimentaria cada día más profunda y agudizando la pobreza, especialmente, la de estos países en desarrollo, de por sí, ya bastante empobrecidos.

Todo lo anterior nos ubica en una situación de crisis planetaria en donde el tiempo nos ha tomado la ventaja y las posibilidades cada vez son más limitadas, una urgencia ecosistémica a la que hemos respondido con un igualmente urgido acuerdo, el adoptado en París hace casi un año, propio de los formalismos y ambiciones de nuestras sociedades actuales.

El Acuerdo de París establece el marco general para hacer frente al cambio climático en las próximas décadas pero por sí solo no va a resolver el problema. Tiene como objetivo mantener el aumento de la temperatura media mundial por debajo de los 2º C con respecto a los niveles preindustriales y emprender acciones urgentes que limiten el aumento de la temperatura a 1.5º C, esto reduciría la probabilidad de que se registren tormentas más intensas, sequías más prolongadas, el aumento del nivel del mar y otros efectos climáticos pero también se afirma que, incluso si se alcanzara el objetivo inferior de 1.5 °C, dichos efectos disminuirían pero no llegarían a eliminarse.

Con la entrada en vigor de este acuerdo en noviembre de 2016 se agilizarían los procesos para la definición y adopción de las reglas, directrices y procedimientos para su implementación plena, asegurando así la eficacia de la mitigación y la adaptación, el apoyo a la acción climática, el aumento de la ambición en cuanto a los compromisos nacionales y su financiamiento. Éste es el punto clave de lo que se negocia estos días en Marrakech en la COP 22, el cómo cumplirlo, las naciones tienen ahora la tarea de desarrollar los detalles.

El mundo debe incrementar de manera drástica y urgente sus objetivos, ambiciones y sus acciones para reducir aproximadamente otra cuarta parte las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero previstas para 2030 y tener así alguna posibilidad de minimizar el peligroso cambio climático.

Mientras esto ocurre y utilizando el lenguaje propio de las negociaciones, los países llamados más "vulnerables" de regiones como Centroamérica, África y los pequeños estados insulares, pelean sus propias luchas con la esperanza de que las implicaciones de esos acuerdos y procedimientos en algún momento lleguen a sus territorios, conscientes de que en algunos casos el punto donde la adaptación y mitigación es posible ya ha sido sobrepasado y tendrán que enfrentar las pérdidas y daños de un mal del que no son los principales responsables.

En Ayuda en Acción sabemos que es una situación crítica que, además de acuerdos, requiere a su vez acciones. Estas acciones están interrelacionadas con la lucha por el cumplimiento de Derechos; si lo vemos desde un ámbito formal, los países han acordado una agenda para el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). Los primeros efectos del cambio climático socavarían nuestra capacidad de cumplirlos y el incumplimiento de los objetivos de la acción climática tendrá consecuencias aún mayores con vistas a mantener el progreso del desarrollo más allá de 2030.

Somos conscientes de la urgencia, por eso le damos seguimiento a las negociaciones y estamos en la COP; pero también somos conscientes de lo necesario, por ello hemos estado y seguiremos trabajando con la gente en estas regiones vulnerables. En el sureste de África, impulsamos procesos relacionados a la gestión sustentable del agua y la seguridad alimentaria, de igual manera en Centroamérica apostamos por el trabajo bajo esquemas de desarrollo rural integral y modelos de resiliencia, todo ello para contribuir a la generación de entornos favorables que en materia de cambio climático permitan adoptar estrategias y medidas de mitigación y de adaptación climática, a nivel de hogar, comunidad, familias, instituciones o empresas, entre otros, y promoviendo planes y acciones locales de desarrollo que incorporen la variable climática articulada a la sustentabilidad ambiental y gestión integrada de riesgos.

Trabajamos para fortalecer la resiliencia de las poblaciones y en particular, de las mujeres que son las más afectadas en toda esta vorágine de condiciones desfavorables, por generar junto a ellas alternativas productivas que repercutan en su autonomía y en el goce de sus derechos desde un sentido de justicia y equidad social. Y trabajamos también para garantizar condiciones dignas de desenvolvimiento para los niños y niñas.

No tenemos más tiempo, debemos actuar y hacerlo ahora. Formalmente, parece que estamos avanzando en la dirección correcta a los ODS, ya que el acuerdo de París muestra compromisos más firmes pero, según la ciencia, aún son insuficientes si pretendemos tener la posibilidad de evitar una situación más grave.

Por ello, debemos empezar por involucrarnos, no es cuestión sólo de la diplomacia de los gobiernos, los activistas, los negociadores o la prensa presente en Marrakech, es cuestión de cada ser humano. Con impactos diferenciados, estamos al límite de lamentar una tragedia aún mayor y que todavía tiene un pequeñísimo umbral de reparo; de no hacerlo, el creciente número de refugiados climáticos afectados por el hambre, la pobreza, las enfermedades, el conflicto, así como la perdida de nuestra biodiversidad y seguridad ecosistémica constituirán un constante recordatorio de nuestro fracaso como especie… como humanidad. La ciencia nos indica que debemos avanzar mucho más rápido; el sentido común, que debemos hacerlo ya, todos y todas.

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