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Garajonay o el reino de las brumas

Los bosques que tapizan de verde las cumbres de la isla canaria de La Gomera son un auténtico fósil viviente que data de la Era Terciaria. Te mostramos los puntos más impresionantes de este increíble parque nacional.

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Arroyo del Bosque del Cedro, una de las postales más recurrentes de la isla de La Gomera. VIAJAR AHORA

Arroyo del Bosque del Cedro, una de las postales más recurrentes de la isla de La Gomera. VIAJAR AHORA

La isla se yergue desde las profundidades del Atlántico como una verdadera muralla. Un muro que roza los 1.500 de altitud y que sirve para atrapar gran parte de la humedad que, desde el norte del Atlántico, llega en forma de nubes. Reino de brumas. Nieblas que dejan su agua durante gran parte del año y convierten a la parte alta de  La Gomera en una auténtica esponja. Humedad y temperaturas suaves es todo lo que necesita el bosque para prosperar. El milagro crea un lugar mágico de 3.984 hectáreas donde florece un auténtico fósil. Laurisilva se llama este ecosistema único y peculiar. Un bosque relicto que atesora más de dos decenas de especies de árboles de hasta 20 metros de altura que, en la Era Terciaria, cubría las riberas del Mediterráneo y que hoy se reduce a los archipiélagos de Canarias (España), Azores y Madeira (ambos de Portugal). Según los botánicos, el Parque Nacional de Garajonay acapara uno de los mejores ejemplos de bosque de Laurisilva del mundo. Y así lo reconoció la Unesco que declaró la meseta superior gomera en Patrimonio Mundial en 1986.

La recompensa que espera al viajero que sube hasta los topes de la isla es grante. Éste se encontrará con un paisaje alucinante dominado por el bosque. En su interior, caminos umbríos, riachuelos, parajes donde las copas de los árboles apenas dejan pasar la luz del sol y troncos cubiertos de musco. Un ambiente húmedo dominado por las brumas que evoca mil y un cuentos. Se respira la magia. En los bordes de la meseta, ya con la perspectiva que dan los cielos abiertos, barrancos, roquedos de formas imposibles y miradores hacia el abismo. Y en la cumbre, restos de la cultura aborigen de la isla y una de las panorámicas más impresionantes de las Islas Canarias.  Viajar Ahora te muestra lo que no te puedes perder en una visita al Parque Nacional de Garajonay.

Troncos retorcidos y cubiertos de musgo en Laguna Grande, en el Parque Nacional de Garajonay. VIAJAR AHORA

Troncos retorcidos y cubiertos de musgo en Laguna Grande, en el Parque Nacional de Garajonay. VIAJAR AHORA

Centro de Interpretación del Juego de Bolas (Acceso: Carretera La Palmita Agulo GM 1; Tel: (+34) 922 800 993; Horario: LD 9.30 -16.30; E-mail: cvgarajonay@oapn.es): La mejor manera de adentrarse en los secretos del bosque es hacer un alto por este pequeño centro de interpretación y descubrir las claves de su principal ecosistema y la relación que los gomeros y gomeras han tenido con el bosque a lo largo de los siglos ( Descargar guía en PDF del Parque Nacional). Muy buenos los recursos audiovisuales y la maqueta de la isla, en la que se puede apreciar las dimensiones de un parque que ocupa el 10% del territorio insular y la espectacular red de barrancos gomera. Paneles explicativos, mapas y reconstrucciones completan la exposición de este pequeño centro museístico.

La Laguna Grande (Acceso carretera GM 2) es una de las dos áreas recreativas con las que cuenta el Parque Nacional. Estamos en una antigua laguna hoy reconvertida en paradero aprovechando que el bosque, aquí, se da un respiro (fantástica la tirolina para los más pequeños). El punto fuerte del lugar, para el viajero, es la red de senderos circulares que permiten conocer las intimidades del bosque sin necesidad de hacer grandes caminatas. También dispone de mesas para hacer un picnic.

Senderistas en las profundidades del Bosque del Cedro, en Garajonay. VIAJAR AHORA

Senderistas en las profundidades del Bosque del Cedro, en Garajonay. VIAJAR AHORA

El Alto del Garajonay (Acceso carretera GM 2), con sus 1874 metros de altitud sobre el nivel del mar, es el punto más alto de la isla de La Gomera y un buen lugar para ver el Garajonay desde una de las escasas perspectivas que permiten superar las copas de los árboles. Para llegar a este punto hay que caminar un pequeño sendero de menos de un kilómetro de longitud. La recompensa bien merece ese esfuerzo. Además de las vistas, en la cima de la montaña hay una estructura circular construida en piedra por los antiguos gomeros. Las vistas sobre el Teide, en la vecina isla de Tenerife, ha motivado que los expertos identifiquen el lugar como un ara de sacrificio, lugar donde los gomeros y gomeras de antes de la conquista española ofrecían alimentos animales a sus divinidades.

En el Bosque del Cedro (Acceso GM-1 dirección a Hermigua) encuentra el viajero la estampa más característica del Parque Nacional del Garajonay. La meseta sobre la que crece el bosque se inclina buscando los acantilados que forman la cabecera del espectacular Barranco de Hermigua y la humedad acumulada por la esponja verde se reúne en uno de los escasos arroyos de aguas permanentes que existen en todo el Archipiélago canario. Un sendero permite ver las intimidades del bosque que guarda la coqueta Ermita de Lourdes. Muy cerca se encuentra el área de Las Mombreras, único lugar en el que se permite la acampada en todo el espacio.

Mirador de Los Roques, uno de los iconos del Parque Nacional de Garajonay. TURISMO DE LA GOMERA

Mirador de Los Roques, uno de los iconos del Parque Nacional de Garajonay. TURISMO DE LA GOMERA

Siguiendo la carretera que lleva hasta San Sebastián de La Gomera, capital de la isla (Acceso GM 2), se encuentra el Mirador de los Roques, una de las imágenes paradigmáticas de la isla. Estamos justo en los límites del Monteverde, nombre que los canarios dan a la Laurisilva. Desde un balconcillo habilitado junto a la carretera pueden verse las moles pétreas de los roques de Agando, Ojila, La Zarcita y Carmona, tres gigantes de piedra que se formaron al solidificarse grandes rapones de lava en los cráteres de cuatro antiguos volcanes. De aquí arrancan los barrancos de La Laja y Benchijigua, de los más bonitos de la isla. También pueden verse las espectaculares terrazas de cultivo que los hombres y mujeres de la isla labraron en las laderas de los barrancos para crear la tierra cultivable que la geografía les robó.

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