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Matemáticas para confluyentes

Aún queda mucha campaña y mucha urna para ver las matemáticas y cómo encaja la geometría de esta unión, pero creo que los votantes de izquierdas, hoy tienen un motivo al menos para la esperanza. La unidad de la izquierda es un milagro solo comparable a la multiplicación de los panes y los peces. Ahora sí hay una verdadera oportunidad de que los que no se sentían representados tengan un gobierno que les representa.

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En efecto, la unión de Podemos e Izquierda Unidad puede sumar, restar, multiplicar o dividir, pero de todas las opciones las más improbables son la resta y la división. Por una razón muy simple que explicaba el politólogo Martínez Albertos en un estupendo artículo en eldiario.es, porque las deserciones tendrían que ser muy superiores a las incorporaciones para que una coalición electoral cualquiera suponga pérdida de escaños según nuestro sistema electoral.

Nuestra ley, pensada para fortalecer al bipartidismo, privilegia a los grandes y aunque no sumaran exactamente sus votantes, la mera adición de dos grupos en uno, les permitirá sumar diputados en lugar de perderlos en una sangría como la que tuvo IU, que tiró más de 700 mil votos en la papelera en las últimas elecciones.

Seguro que habrá votantes de uno y otro que huirán de ambos porque desaprueban esta unión. Puede incluso que algunos acérrimos se lo estén pensando, porque hay voces, como la de Gaspar Llamazares o los transversales de Podemos, que no lo ven con buenos ojos. Pero qué otra opción le queda al votante de izquierdas. El PSOE que pacta con la derecha de Ciudadanos no parece un caladero al que amarrarse.

Queda la abstención como forma de protesta contra el acuerdo pero, sinceramente, sería un acto de egoísmo supino frente a la emergencia colectiva. Aunque en la izquierda el sectarismo a veces es más fuerte que el colectivismo, lo sabemos. Pero una vez alcanzado el pacto, Llamazares y compañía quedarán en muy mal lugar si siguen poniendo palos en las ruedas, en vez de buscar su acomodo y empujar el carro, como hace Anguita, por ejemplo. Si todos suman, pueden multiplicar, pero si algunos restan, pueden dividir internamente y a los indecisos.

Aún queda mucha campaña y mucha urna para ver las matemáticas y cómo encaja la geometría de esta unión, pero creo que los votantes de izquierdas, hoy tienen un motivo al menos para la esperanza. La unidad de la izquierda es un milagro sólo comparable a la multiplicación de los panes y los peces. Sólo por eso creo que puede provocar la multiplicación de la ilusión y los votos, porque es la demostración de que sí se puede cuando nadie creía que fuera posible.

Hay que recordar cómo se habían tirado hasta ahora los trastos a la cabeza comunistas y podemitas, por no hablar de las seculares peleas del izquierdismo. No pocas veces las siglas Izquierda Unida eran un oxímoron chistoso. Esperemos que algunos no se empeñen en que lo siga siendo. Es una buena noticia que por una vez las izquierdas se vayan de botellines y no de botellazos.

El mejor síntoma de que es bueno para la izquierda, es el susto en el cuerpo de la derecha y el PSOE, que ya no sé ni dónde colocarlo. El miedo ha cambiado de bando. Ayer a todos los periódicos de derechas les entró un repentino amor por el comunismo y lanzaron una enternecedora campaña para salvar a Izquierda Unida del que dicen que es su enterrador, Alberto Garzón. Rajoy les llamó "extremistas radicales", paso previo a llamarles ETA. Pedro Sánchez rechazó la oferte de Iglesias de presentar una lista conjunta al Senado para evitar la mayoría del PP. Antes muertos que con Podemos y a fe mía que van camino de conseguirlo.

Esa primera victoria, la moral, se la ha apuntado la confluencia. Si de algo saben en el Ibex es de números y los números les dicen que esta suma, suma. La intuición les dice que incluso puede multiplicar, de ahí que ya hayan empezado los ladridos mediáticos.

A cinco días del quinto aniversario del 15M, creo que es justo reconocer que esta unión es un triunfo más de lo que se sembró en las plazas. Garzón e Iglesias son hijos de esa marea. Parece que por fin han cruzado la plaza de un extremo a otro para darse la mano y ponerse a servir a los acampados más que a las siglas. Esto sí es nueva política y no los dardos que se lanzaban. No es ni mucho menos garantía de que la izquierda unida sea capaz de hacer política en unidad. La ciudadanía que despertó les estará vigilando con ojos abiertos para que no pierdan de vista a quien representan. Ahora sí hay una verdadera oportunidad de que los que no se sentían representados tengan un gobierno que les representa.

ESTE MIÉRCOLES A LAS 12H EN WWW.CARNECRUDA.ES, ENTREVISTAMOS AL PERIODISTA MANUEL JABOIS SOBRE SU NUEVO LIBRO "NOS VEMOS EN ESTA VIDA O EN LA OTRA", UNA HISTORIA NO CONTADA DEL 11M.

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