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Cultura ¿pa' qué?

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La SGAE ha publicado la estadística del consumo cultural en España entre los años 2000 y 2011. El panorama no es que sea malo, es aterrador. En todos los ámbitos, la caída es sostenida desde 2008. En 2011 ya se había retrocedido a los índices de 2003 en teatro, a los registros anteriores a 2000 en conciertos de música clásica, y a los de 2005 en cuanto a los recitales de música en vivo. En cine, la aguja se hunde tanto en el pasado que la asistencia a las salas actual ya bordea la de mediados de los noventa. Todo parece indicar que, al cierre del 2012 pasado, los índices se derrumban definitivamente. Las motivaciones difieren según el sector. Los hay donde prima claramente la cuestión de la crisis económica (conciertos); en otros, las causas son más complejas. Por ejemplo, en cine se encuentra el cambio de tendencias de entretenimiento sumado al consumo doméstico (la mayoría del cual se basa en las descargas ilegales).

En cualquier caso, algo queda claro: la Administración actual no está dispuesta a hacer nada. La cultura es un tema puramente ornamental (el mismo PP lo admite, si no ¿por qué la subida brutal del IVA al 21%, contrariamente a lo que han hecho los demás países de la UE?) Tan nacionalistas que son por unas cosas y tan poco para otras. Tan enamorados de la cultura española por un lado y tan poco dispuestos a defenderla por la otra (que miren el ejemplo francés). Y aquí está la raíz de lo que queríamos comentar: ¿Es la crisis económica la única causa del hundimiento de la industria cultural? Mucho nos tememos que no, aunque sea lo más fácil atribuirla a ella. Desgraciadamente, la debilidad del consumo cultural tiene raíces muy profundas en nuestra sociedad. No es casualidad que seamos los campeones europeos del pirateo. Y ya lo éramos antes de la crisis. Quiero decir que, en una sociedad en la que la cultura se desprecia o es cosa de minorías sesudas, la tendencia a aceptarla sólo si es gratis es muy alta. Que los libros eran caros, ya lo oíamos decir mucho antes de la crisis. Quizás podrían ser un poco más baratos, pero quien lo decía era el mismo a quien no le importaba gastar el doble o triple de dinero un viernes por la noche en cubatas. Para mucha gente, pudiendo tener una película gratis, ¿por qué pagar por verla? Tanto da que la diferencia entre la sala y la pantalla del ordenador sea cósmica. Es entretenimiento. Y el dinero que te gastarías pagando la entrada del cine, te lo gastas en pizzas y cocacolas y ves la película en casa, gratis, con los colegas. No, señoras y señores, no es la crisis, solamente. La gente del teatro, superviviente como poca, sobre todo en nuestro país, lucha como gato panza arriba ante el desprecio administrativo. Ya no saben qué descuento más hacer después de comerse el 21% de IVA con patatas. Y lo peor de todo es el regusto casposo que deja, como de retorno al pasado, como de trampa de la que no podemos escapar.

Cada día que pasa vamos atrás. Y en la cultura, también. La crisis simplifica la sociedad, que es más conservadora, agresiva, machista... e ignorante (y orgullosa de la propia ignorancia) Es así en todas partes pero parece que a nuestro alrededor, más. Podemos entender que alguien que no tiene trabajo quiera reventar y olvidar a base de beber cubatas de garrafón y no a base de lecturas ejemplares. Lo que es imperdonable es el papel de la Administración, que parece querer acelerar las actas de defunción de las industrias culturales y ni siquiera, después de más de treinta años, es capaz de articular y hacer aprobar una ley del mecenazgo como Dios manda, tal como rige en muchos de los países avanzados de occidente.

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