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El Plan de Choque no se negocia, se concreta

"No se trata simplemente de que construyamos una república sin hambre, es que tenemos que poner solución a esta situación con o sin república, con o sin proceso, con o sin independencia con la ley en la mano, o sin ella", asegura el miembro del secretariado nacional de la CUP

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El Plan de Choque no es una moneda de cambio de ninguna investidura. De hecho, no es ni siquiera un elemento en base al cual cerrar un acuerdo hacia la República Catalana. De hecho, el Plan de Choque es un concepto abstracto que hay que llenar de medidas concretas para poner manos a la obra a la lucha contra la emergencia social que vive el país. No se trata de que Junts pel Sí y la CUP hagan un revoltijo de programas electorales, ni siquiera que miremos si el resultado se parece más al de unos o al de otros. El Plan de Choque (sí, en mayúsculas), debe ser un instrumento que ponga en marcha todos los mecanismos y recursos jurídicos, políticos, económicos y humanos del Govern y del conjunto de las administraciones públicas de Catalunya para poner freno a la sangría y el sufrimiento que causa la situación de empobrecimiento generalizado de amplias capas de las clases populares catalanas. Y deben ser medidas concretas de aplicación inmediata para que tengan un efecto inmediato. Porque el frío, el hambre, la malnutrición, la salud o la educación no es que tengan prisa, es que están en emergencia. Y no se trata simplemente de que construyamos una república sin hambre, es que tenemos que poner solución a esta situación con o sin república, con o sin procés, con o sin independencia con la ley en la mano, o sin ella.

Quien vea en el Plan de Choque un caramelo envenenado para que la CUP se trague una investidura, se equivoca. En primer lugar, porque no estamos aquí para jugar con caramelos sino para garantizar un proceso de liberación nacional y de transformación social basado en la recuperación de las Soberanías que permita cambiar las condiciones materiales de vida de las clases populares, de las que votan a la CUP y las que no, de las independentistas y de las que no lo son. Y en segundo lugar, se equivoca porque este veneno no sería suministrado a la CUP, o no sólo, sino que lo sería en la mayoría empobrecida de Catalunya. Porque al fin y al cabo, la CUP no deja de ser un instrumento para la lucha política de la Esquerra Independentista y la unidad popular, y éste puede nacer, morir o transformarse, pero la clase obrera, las masas empobrecidas, son quienes sufrirán los efectos de la no ejecución del Plan de Choque. De hecho, el Plan de Choque se aplicará incluso si hay elecciones en marzo. Esto no va de partidos, negociaciones ni programas. Va de garantizar unos mínimos de subsistencia en pan, techo, salud y calor.

Y si no se está dispuesto a entender que es una cuestión humanitaria, ni siquiera revolucionaria, no hace falta que hablemos ni del Qué, ni del Cómo, ni del Cuándo de eso que llamamos Procés. ¡Y todo está por hacer! ¿Y el Quién? Preguntaos por qué tenemos que aplicar medidas de choque y excepción y tendréis la respuesta de si podemos poner al mismo a la cabeza. ¿Artur Mas? Ni en broma.

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