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Las esculturas del Valle de los Caídos se desmoronan por las chapuzas de su autor

Técnicos de Patrimonio Nacional trabajan en La Piedad del Valle de los Caídos. / Javier García-Guinea

Materia

Javier Salas —

Las descomunales esculturas del Valle de los Caídos se deshacen desde dentro y la culpa la tiene su autor, Juan de Ávalos. El escultor favorito del franquismo utilizó unos elementos para su obra cumbre que son un cóctel químico insoportable para una estructura de esas dimensiones. Las nueve esculturas de hasta 20 metros de alto que levantó se descomponen sin remedio porque están armadas con “un popurrí incompatible de geomateriales de construcción” escogidos expresamente por De Ávalos. Un equipo de investigadores del CSIC, el único que ha tenido acceso a muestras del interior de las esculturas, acaba de terminar dos estudios que dejan en evidencia una chapuza estructural que sentenció desde su construcción las estatuas y que pone en riesgo a los visitantes del monumento.

“El trabajo de De Ávalos tiene defectos de un calibre monumental, horroroso desde el punto de vista químico”, explica Javier García-Guinea, principal autor del estudio, en el que también han colaborado expertos del Ciemat y las universidades de Zaragoza y Alicante. “Podían haber usado materiales resistentes, pero se utilizó una mezcla absolutamente equivocada, con elementos incompatibles, una bomba química para las esculturas”, asegura este geólogo del Museo de Ciencias Naturales.

Las gigantescas estatuas están construidas con los peores materiales posibles, a juzgar por las conclusiones de la investigación, que son los que provocan las alteraciones físicas y químicas que están desmenuzándolas. De Ávalos quiso utilizar piedra caliza negra de Calatorao, mucho más espectacular al pulirla, que le da ese característico color negruzco. Las esculturas reales son de hormigón armado, que están recubiertas por placas de 20 centímetros de esta caliza de Calatorao. Un tipo de piedra predestinado a sufrir enormemente por las cíclicas congelaciones y descongelaciones propias del enclave. Allí se miden temperaturas muy bajas en invierno y las propias del clima mediterráneo en verano, lo que mezclado con la lluvia castiga la piedra, agrietándola, lo que provoca que el agua se filtre hacia el interior.

De este modo, el agua accede al núcleo de las esculturas, desatando el cóctel químico que las está disolviendo y que supura por sus grietas. La mezcla de De Ávalos, su secreto de alquimista, muestra que se trataba de una mezcla de yeso, masilla de cal y cemento blanco al someterla al escrutinio de la tecnología actual. A grandes rasgos, el yeso aporta sulfatos y el hormigón que sostiene las obras suma sodio por estar realizado con arena sucia; con la llegada del agua provoca una reacción química que deshace el conglomerado. Se hinchan y deshinchan con el frío como el agua, reventando las grietas por las que se coló la humedad, arruinando la solidez del conjunto, terminado en 1959.

Un agujero en la cabeza de la Virgen

“El núcleo de hormigón se hizo con grava mala, llena de feldespatos que se suman a los sulfatos deteriorando la estructura. Y cualquier obrero sabe que no se puede usar yeso en el exterior, porque se deshace. Allí nadie había visto un libro de química ni de lejos”, resume García-Guinea. Y aporta un símil: “Es como si le encargas a un experto en papiroflexia que te haga un Boeing 747; te va a hacer un avión gigante de papel, pero no va a funcionar”.

Los técnicos contratados por Patrimonio Nacional abrieron el 24 de abril de 2010 la cabeza de La Piedad, la escultura más pequeña de todas las construidas por De Ávalos en el Valle, para estudiar los motivos por los que estas obras se caen a pedazos, lo que motivó que se hayan tenido que reforzar y que se construyan defensas para evitar una desgracia. Esa trepanación de la Virgen realizada con sierras de diamante sólo permaneció abierta unas pocas horas, las suficientes para que el investigador pudiera tomar muestras de su interior.

Patrimonio Nacional decidió este mismo verano realizar un informe técnico para la restauración de las esculturas, el mayor problema que afecta al monumento junto con la polémica político-religiosa que el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero no resolvió. El organismo acaba de recibir agradecido los trabajos del CSIC, que servirán para afrontar la realidad fisico-química de las nueve obras.

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