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¿Puede la sequía tener algo positivo?

Las malas perspectivas han hecho que los productos químicos de síntesis no se hayan usado en la agricultura, algo positivo para el medio ambiente

La reducción en la aplicación de miles de toneladas de estos productos puede contribuir a mejorar los niveles de contaminación del campo y los acuíferos

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Parcela convencional sin aplicación de productos químicos en La Mancha

Parcela convencional sin aplicación de productos químicos en La Mancha

Ahora que están llegando las tan esperadas lluvias, que no sabemos si servirán para calmar la sed de los campos pero al menos dan un pequeño respiro, se antoja volver la vista atrás y recapacitar de lo que hemos vivido en estos primeros y angustiosos meses de año hidrológico.

Es evidente que, miremos donde miremos, ya sea al sector agrícola, la ganadería, la pesca, los deportes fluviales o sencillamente al grifo de nuestras casas, todos hemos vivido momentos agónicos, en unos sitios más que en otros, pero nadie se ha librado de mirar al cielo y lamentarse de la falta de lluvias.

Sin embargo, ante esta situación tan extrema y desamparada, en particular en lo referido a la agricultura, ¿es posible sacar algún aspecto positivo? Según para quién, sí.

Si miramos la relación de acontecimientos acaecidos en estos meses, podemos apreciar que los agricultores, bien por miedo, bien por precaución o un cúmulo de todo, no se decidían a sembrar los campos y por supuesto, y aquí es donde se puede sacar lo positivo, ni mentar el tema de abonos y fitosanitarios.

En algunas conversaciones que surgían con los agricultores, cuando se les preguntaba si este año iban a “tirar abono” de simienza, la inmensa mayoría, por no decir todos, ni se les pasaba por la cabeza gastarse “un duro” en ese aspecto. Es más, muchos se planteaban “ni sembrar siquiera, con el año que hemos pasado, como vengan otro par de años igual, tenemos que dejar el campo”. 

Y con todo esto que se ha dicho, la pregunta es dónde está ese aspecto positivo. Como decíamos anteriormente, las malas perspectivas han hecho que los productos químicos de síntesis, ya sean abonos o productos fitosanitarios, hayan brillado por su ausencia. Este hecho, que para muchos es muy negativo, para el medio ambiente tiene aspectos bastante positivos.

La parte "buena" de la sequía

Está más que contrastado el impacto negativo que tienen muchos de estos compuestos en la flora y fauna silvestres, desde aquellos específicos, que acaban con unas especies en particular, hasta el tan famoso y mil veces nombrado producto generalista, “de cuyo nombre no quiero acordarme”, que arrasa con todo a su paso. Es por ello, que la no aplicación de los mismos suponga un pequeño respiro para el sistema, que no la recuperación, ya que eso llevaría varios años.

Y qué decir de los abonos de síntesis, con la mitad de la superficie agrícola afectada por nitratos y la otra media, pues casi también.

A sabiendas de que la situación que se ha vivido y se vive aún hoy es alarmante, siempre es bueno sacar la parte positiva de las cosas, y por el momento, la reducción en la aplicación de miles de toneladas de estos productos puede contribuir a mejorar los niveles de contaminación de nuestros campos y acuíferos, y contribuir a que muchas especies de plantas e insectos, beneficiosos para los cultivos, puedan recuperarse. El tiempo dictará sentencia de lo planteado aquí.

La experiencia acumulada en las últimas dos décadas sobre los cultivos herbáceos de secano en ambas mesetas demuestra que las parcelas que se han cultivado en ecológico o utilizando un bajo nivel de fertilizantes y plaguicidas han resultado ser más resilientes y a la larga más rentables que las convencionales.

En años buenos, con altas precipitaciones, los cultivos convencionales con altas dosis de fertilización arrojan rendimientos altos. La aplicación de fertilizantes químicos con un coste de entre 200 y 300 euros (por hectárea), tendría sentido si se consigue un rendimiento mínimo superior de entre 1.300 y 1.600 kilogramos de cebada por hectárea (aproximadamente 0,15 euros el kilo).

La experiencia ha demostrado que en estos años de sequía el coste de fertilización no sólo no se cubre sino que la producción se reduce y con ello el rendimiento económico respecto a cultivos ecológicos. En este cálculo no se tiene tampoco en cuenta el teórico mayor ingreso que se debería obtener por la producción ecológica en el mercado.

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