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Cuatro filosofías dietéticas que hacen que los nutricionistas se peleen entre sí

La paleodieta, el veganismo, el crudivorismo y el flexitarianismo ganan adeptos cada día.

Los expertos no se ponen de acuerdo en su sostenibilidad a largo plazo y mientras unos señalan sus ventajas, otros advierten de sus carencias y peligros. 

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Foto: Danielle Helm

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1. Dieta paleolítica

En qué consiste

La dieta paleolítica, también llamada paleodieta o 'dieta del hombre de las cavernas', es una filosofía nutricional que intenta emular la alimentación que tenían los hombres del Paleolítico (período que duró 2,5 millones de años y que terminó con el desarrollo de la agricultura hace unos 10.000 años). Estos eran principalmente cazadores recolectores y desconocían el cultivo de los vegetales o la estabulación de animales para su cría. 

Se supone que los humanos paleolíticos se alimentaban de plantas silvestres y animales salvajes, por lo que su dieta se basaba en frutos, vegetales, carne y pescado, así como frutos secos y raíces comestibles. Por otro lado, la paleodieta excluye el uso granos de cereales, legumbres, productos lácteos, sal, azúcares refinados y aceites procesados. Si bien incluye, en cambio, la miel.  

Foto: Stuard Spivack

Foto: Stuard Spivack

La premisa de esta filosofía es que los seres humanos actuales están adaptados genéticamente a la dieta de sus antepasados del paleolítico, por lo que la paleodieta es el ideal al que debemos volver. Sus defensores sostienen que en la actualidad, las poblaciones que subsisten con dietas tradicionales, muy parecidas a la dieta paleolítica, están en su mayoría libres de muchas enfermedades que sí afectan a otras poblaciones, como es el caso de la diabetes Mellitus, obesidad, caries, etc. Entre estas culturas estarían algunas comunidades africanas y esquimales.

A favor 

Es una dieta que aumenta la proporción de proteínas y grasa y reduce la de hidratos de carbono, por lo que excluye elementos tan perjudiciales hoy en día como los azúcares industriales o las grasas trans. También evita todo tipo de aditivos y conservantes que se utilizan en la industria las conservas o los productos de manufactura industrial, ya que sus seguidores rechazan los productos tratados.

Adicionalmente, su alto aporte en proteína favorecería el desarrollo muscular y la grasa sería una fuente de energía eficiente sin que se produjera acúmulo por exceso de hidratos de carbono. Es una dieta altamente energética que en teoría favorece la pérdida de materia grasa en favor del músculo y permite hacer grandes esfuerzos como el de la caza.

En contra 

Algunos expertos aseguran que las poblaciones que siguen dietas cercanas a la paleolítica tienen a tener más problemas cardiovasculares que las que siguen, por ejemplo, la mediterránea, más rica en hidratos. Por otro lado, se trata de una dieta pensada para un contexto social de esfuerzo, no como el actual, y por tanto da un exceso de energía que no quemamos la mayoría de las personas de extracto urbano. Además, se ha demostrado que las dietas bajas en grasa son más eficaces contra la pérdida de peso que las bajas en hidratos.

Adicionalmente, se cree que el inicio de la agricultura proporcionó al hombre una gran cantidad de hidratos de carbono que le ayudaron a mejorar su calidad cerebral, ya que este órgano es uno de los que más monosacáridos demanda para su óptimo funcionamiento. En otras palabras, un seguimiento sostenido de la paleodieta podría afectar a la actividad cerebral. Finalmente, algunos expertos alertan del peligro que la paleodieta puede tener para los practicantes de deportes intensivos, al faltar en sangre glucosa en el momento de máximo esfuerzo y tener que disponer del glucógeno muscular.

2. Crudivorismo

En qué consiste

El crudismo, crudivorismo o alimentación crudista es una filosofía que predica la consunción de los alimentos sin cocer ni ser tratados y a menudo orgánicos en un porcentaje bastante alto de la dieta. En función del tipo de vida las dietas crudistas incluyen desde frutas crudas a frutos secos, semillas germinadas, huevos crudos, pescado, huevas de este, carnes y productos lácteos no pasteurizados, como la leche fresca, el queso fresco y el yogurt fresco.

Los crudívoros creen que cuanto más crudista sea una dieta, más beneficiosa es para la salud y muchas de sus comidas son simples de preparar, ya que son frutas, ensaladas, nueces o lácteos. Otros alimentos, en cambio, requieren algún tipo de tratamiento. Tal es el caso de algunas legumbres y cereales, que deben pasar por un germinador o al menos por un proceso de hidratación. Respecto al pescado, puede ser consumido en maceración tipo cebiche u otras, o bien al estilo japonés. Y también la carne puede ser macerada con distintos procesos y especias antes de ser consumida. 

Foto: Alpha

Foto: Alpha

A favor

Los alimentos crudos contienen enzimas digestivas -amilasas, proteasas y lipasas- que ayudan a una mejor digestión. En este sentido, cocinar alimentos sobrepasando los 50 grados centígrados degrada estas enzimas en la comida. Consumir alimentos sin estas enzimas podría conllevar a la larga obesidad y enfermedades crónicas. Además, los alimentos crudos contienen bacterias y hongos que podrían actuar de probióticos para nuestra flora intestinal.

Por otro lado, los alimentos crudos tienen un equilibrio nutricional mayor que los alimentos cocinados, sobre todo porque el calor acelera la transformación del glucógeno en glucosa. Esto implicaría en principio que una dieta crudívora ayuda a la pérdida de peso en caso de exceso. Adicionalmente, evitamos los productos que contienen aditivos, conservantes y colorantes. Finalmente, algunos productos crudos como las frutas y las hortalizas son ricos en antioxidantes.

En contra

Si el crudivorismo no aplica los debidos tratamientos higiénicos y sanitarios, es una fuente inevitable de infecciones, sobre todo si no hemos controlado nosotros el proceso de recolección o matanza del alimento. Especialmente en el caso de carnes, las infecciones por bacterias fecales son una amenaza. También hay riesgo de contraer toxoplamosis en niños, enfermos y mujeres embarazadas -afecta al feto- o salmonelosis, además de numerosos parásitos si la carne es de caza o de matanza doméstica

Respecto al pescado, conviene evitar parásitos como el anisakis con un congelado previo. También que el pescado sea de reciente pesca y a ser posible tratado con vinagres o jugos ácidos, para asegurar su desinfección. Por otro lado debe evitarse el consumo de leche fresca, pues es una gran fuente de infecciones como la Brucelosis. Finalmente, el huevo crudo también es fuente frecuente de intoxicaciones y no tiene la proteína B12 totalmente sintetizada.

3. Veganismo

En qué consiste

El veganismo o vegetarianismo estricto preconiza el abstenerse de la utilización y consumo de productos de origen animal, ya sean carnes, huevos, derivados lácteos o productos de su trabajo, como la miel. Hay detrás de esta filosofía una opción ética más que dietética, ya que los veganos consideran que la alimentación mediante el sacrificio de animales es inmoral. De similar manera piensan respecto a la explotación de los mismos para obtener productos como quesos, yogurt, huevos, miel, etc. El veganismo en sus distintos grados de rigor es una filosofía muy extendida en muchas culturas de Asia y especialmente entre los indios de religión hindú. En occidente está en plena expansión. 

A favor

Se trata de un nivel ético superior en el que se evita la matanza industrial de animales. Es además perfectamente sostenible en adultos con un régimen alimentario saludable si se sabe consumir los alimentos adecuados. A partir de la década de 2000, ha habido un creciente consenso entre los científicos que una dieta basada en vegetales reduce el riesgo de desarrollar una serie de enfermedades degenerativas, tales como ciertas enfermedades en las arterias coronarias, diabetes, ciertos tipos de cáncer, osteoporosis, ciertas enfermedades renales y demencia. Evita además el abuso de las carnes rojas, que están calificadas como cancerígenas.

Foto: Jennifer

Foto: Jennifer

En contra

El veganismo estricto aplicado a niños puede dar problemas graves por avitaminosis, al ser muchas dietas veganas bajas en vitaminas esenciales como la B12 o la D. Son varios los casos de niños muertos por no aplicar en su alimentación los aditivos adecuados. Hay, sin embargo, productos vegetales fermentados -la leche de soja, por ejemplo- que aportan la vitamina B12.

La leche de soja también aporta diversos aminoácidos esenciales que no están en los vegetales sin tratar, pero sí en los derivados animales. En cambio el tema de los suplementos de vitamina D es más complejo, ya que su origen es animal en algún grado, puesto que como mínimo procede de la lana de oveja, algo que rechazan los veganos más estrictos. Por otro lado la suplementación excesiva de origen químico puede ser tóxica para los niños.

Finalmente, el naturalista Claurido Bertonatti asegura en un polémico artículo que los veganos no ayudan tanto a los animales como creen. Según su teoría, para abastecer una creciente demanda -es una opción cada vez más extendida- de vegetales y frutas será necesario crear nuevos campos de cultivo de los que se expulsará a animales que se encontraban en su hábitat. En consecuencia, se los empujará hacia la extinción. Bertonatti no da muchos detalles sobre cómo justifica su teoría, pero abre un debate interesante.

4. Flexitarianismo

En qué consiste

El flexitarianismo es lo contrario del veganismo, puesto que se trata de una filosofía de extracción vegetariana pero que contempla la adición ocasional de carne, pescado o sus derivados en la dieta con el fin de obtener los distintos elementos que el vegetarianismo estricto no puede ofrecer. Los flexitarianos comen carne, tortillas, queso o pescado, pero procuran hacerlo con la máxima moderación y eventualidad. Ante todo, un flexitariano debe partir de una dieta vegetariana y consumir productos animales con menor frecuencia. 

Foto: Wikimedia Commons

Foto: Wikimedia Commons

A favor

Es una opción que asegura el aporte mínimo de nutrientes esenciales que una dieta vegetariana estricta no aporta, aunque la ingesta de productos de origen animal debe tener una cierta regularidad para que tenga efectos en la dieta.

En contra

Es una denominación amable para camuflar un omnivorismo en toda regla y, por lo tanto, en realidad esconde ciertas dosis de cinismo. Por otro lado, el apelativo se está usando comercialmente por algunos restaurantes, a veces sin demasiado fundamento, aunque en otros casos sí presentan un menú mayoritariamente vegetariano con inclusiones de alimentos de origen animal. 

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