eldiario.es

Menú

Cultura & tecnología

CaixaForum recupera el legado del Greco en el modernismo a través de Rusiñol

- PUBLICIDAD -
CaixaForum recupera el legado del Greco en el modernismo a través de Rusiñol

CaixaForum recupera el legado del Greco en el modernismo a través de Rusiñol

La muestra "El Greco. La mirada de Rusiñol", expuesta en CaixaForum Zaragoza hasta el 7 de febrero de 2016, reivindica el legado y la influencia del Greco en los pintores modernistas y contemporáneos, a través de la lectura que hizo el pintor Santiago Rusiñol de su obra.

La exposición reúne más de 40 piezas, procedentes tanto de museos como de colecciones privadas, del artista cretense afincado en España, de su taller, del propio Rusiñol y retratos de Zuloaga, otro estudioso del Greco, incluyendo algunas inéditas, como el "Cristo con la cruz", que sirve de portada para la muestra y de ejemplo perfecto de lo que el catalán intenta transmitir en su obra.

El hilo conductor de esta retrospectiva es cómo los artistas del Modernismo de finales del XIX, como Rusiñol, eligieron a Doménikos Theotokópoulos, el Greco (1541-1614), como canon artístico y de belleza, en un legado que pasaría posteriormente a otros autores del XX, como Picasso, así como la puesta en valor del coleccionismo privado como la gran aportación del pintor catalán en la recuperación de esta figura clave en la historia pictórica.

Así, Vinyet Panyella, directora gerente del Consorcio de los Museos de Sitges, de donde proceden parte de las obras, y comisaria de la exposición, destaca la lectura que hace Rusiñol del artista de origen heleno "en su sentido más conceptual" y también como pintor, como maestro y como "uno de los padres de la pintura española".

Presiden el recorrido artístico dos joyas del Greco, como son la "Magdalena penitente" y "Las lágrimas de San Pedro", compradas por el pintor catalán en París, de donde las llevó a Sitges en 1884, inaugurando así toda una tendencia coleccionista de la obra de este genio a caballo entre el Renacimiento y el Barroco.

Rusiñol, identificado con el Greco en su misticismo y en la continuación de su creación al margen de las modas, llegó a proponer, tras el desastre de 1898, la recuperación social por medio del arte, rescatando del olvido la figura del pintor griego.

La influencia queda clara en las copias que Rusiñol hace del "Caballero de la mano en el pecho", un gesto que se repite en varios de los retratos que se exhiben del pintor catalán.

El misticismo, a través también de la timidez, la mirada ausente o la devoción intensa al pie del crucifijo se refleja con claridad en la serie "El novicio", para la que Rusiñol tomó como modelo a un herrero de su taller, a quien vistió para la ocasión.

Este legado de siglos atrás queda patente también en la representación de los paisajes, plagados de cipreses, cuya elección va más allá de su mera presencia en los cementerios, en la visión de la nocturnidad o del recogimiento, como se puede admirar en las obras "Cementerio de Sóller" y "Calvario de Soneja".

En estos cuadros, de igual forma, destaca el uso del "azul simbolista", que décadas más tarde recogería Picasso.

Continuando el recorrido, aparecen dos obras atribuidas al taller del pintor radicado en Toledo, "Santiago el Menor" y "San Simón", que todavía no han sido estudiadas y que serán exhibidas por primera vez, de las que se cree que forman parte de una versión reducida de un apostolado en el que habría estado trabajando dicho taller por motivos comerciales.

Tras ellas, el "San Juan Evangelista" y el "San Pablo", estas sí atribuidas al Greco, dominadas por el misticismo que define su obra y parece que sirvieron de modelo a dicho apostolado.

"San Juan Bautista y San Francisco de Asís" y "La Sagrada Familia con Santa Ana y San Juanito" son las dos últimas piezas salidas de la brocha de Doménikos Theotokópoulos presentes en la exposición.

Concluye el recorrido pictórico con otros dos nuevos paisajes de Rusiñol, dos lugares anodinos en los que se pueden observar esos cielos pintados "a jirones" presentes siglos atrás en la obra del Greco a los que se suman recursos del impresionismo, como la forma de reflejar la luz y la sombra a través de contrastes simultáneos.

Y, por último, un retrato de Azorín, en el que aparece con un libro titulado "Pensando en España", obra de Zuloaga.

Nadia Hernández, también comisaria de la muestra, reitera el papel de nexo necesario de Santiago Rusiñol para posibilitar la transmisión de la figura del artista heleno a los pintores de vanguardias.

Un nexo que mira, por un lado, al futuro, como quería trasladar Rusiñol, y al pasado, por la percepción de los contemporáneos del Greco como "padre de la escuela pictórica española", que considera que ha sido olvidado en las distintas conmemoraciones del cuarto aniversario de la muerte del artista.

- PUBLICIDAD -

Comentar

Enviar comentario

Enviar Comentario

Comentarios

Ordenar por: Relevancia | Fecha