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"Cine Bizarro", de lo ínfimo a lo sublime

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"Cine Bizarro", de lo ínfimo a lo sublime

"Cine Bizarro", de lo ínfimo a lo sublime

De las producciones de terror gótico del sello inglés Hammer a los 'spaghetti western' italianos, el cine de género más popular o "cinema bis" ha pasado en los últimos años del ninguneo de la crítica a recibir la etiqueta de "culto".

Doctor en estudios cinematográficos por la Universidad de Columbia (Nueva York), el madrileño José de Diego repasa esta evolución, a lo largo de las seis últimas décadas, en el libro "Cine Bizarro", que acaba de publicar "T&B Editores".

Bajo la etiqueta de "cinema bis", De Diego incluye desde la "serie B" estadounidense de los años 30 y 40 al llamado "cine de explotación", películas con temas moralmente escandalosos y morbosos -sexo, violencia, drogas-, a menudo rodadas con pocos medios, que tuvieron su auge entre los 50 y los 70.

"Ahora todos los cinéfilos saben quién es Ruggero Deodato, aunque no hayan visto 'Holocausto caníbal'", señala a Efe De Diego. "El cine de género es el culto elevado a la enésima potencia. Pero hace quince años era un concepto abstracto y desconocido, más allá de los círculos de iniciados".

"Uno veía las películas tras hacerse con copias horribles, de vigésima mano, a precio de usura, y algunos coleccionistas intercambiaban cintas de vídeo ocultándose bajo seudónimos. Imaginar que el spaguetti-western iba a desembarcar en la Mostra de Venecia en una retrospectiva monumental, como sucedió en 2007, era un disparate", añade.

Feroz, incorrecto, imprevisible y extravagante, el cine de explotación debe su nombre a "que exprime al máximo los recursos que tiene a su alcance". Un ejemplo citado en el libro es "Encuentros eróticos del cuarto tipo" (1975), una película de 'fantaciencia' que recurrió al truco de la naranja, el cordel y un fondo negro para construir un ovni.

La mayoría de estas producciones, a las que Quentin Tarantino homenajea en cada una de sus películas, se rodaban con urgencia y sin medios. De Diego no ha renunciado en su recopilación a lo que él llama "engendros".

"La poesía del fracaso existe", señala. "Lo sabían Ed Wood y Renato Polselli, por citar solo dos ejemplos famosos de autores auténticos, insensatos, delirantes, cuyas películas pueden producir más placer, asombro y emoción que muchas obras convencionales, monótonas, inertes".

Pero también es cierto que muchas fueron obras maestras, como "La máscara del demonio" (1960), opera prima de Mario Bava cuyo universo macabro marcó la historia del cine fantástico y convirtió a Barbara Steele en una estrella del horror; el "Drácula" (1958) de Terence Fisher, con Christopher Lee y Peter Cushing como Van Helsing.

O "El gran silencio" (1968), de Sergio Corbucci, con un despiadado Klaus Kinski como cazarecompensas; "La furia del tigre amarillo" (1971), de Cheh Chang, que introdujo el cine de acción de Hong Kong en Occidente o la obra que modernizó el cine de zombies, "La noche de los muertos vivientes" (1968), de George A. Romero.

El libro dedica especial atención a Hammer Productions, compañía inglesa fundada en 1934 que se especializó en ciencia ficción, suspense y terror, y que alcanzó su esplendor en los 60 con sus películas sobre Frankenstein, Drácula o La Momia.

Y sobre todo a Italia, segunda fábrica de cine popular del mundo desde finales de los 50 hasta finales de los 70.

"Los directores italianos, financiados por compañías internacionales y dotados de repartos cosmopolitas, hacían películas dramáticas, de espías, del Oeste, de capa y espada, de aventuras de época, de guerra, policiacas, de ciencia ficción, de intriga política y de humor con las mismas ganas, y con un estilo inimitable", señala el autor.

"Una película de culto italiana paradigmática estaría dirigida por Enzo G. Castellari, Antonio Margheriti o Sergio Corbucci y protagonizada por Franco Nero, Tomas Milian, Jack Palance o Klaus Kinski. Contendría al menos una botella de whisky J&B, el licor favorito del cine italiano, música de Ennio Morricone o los hermanos De Angelis y se habría rodado en una cantera de Lazio", añade.

Grindhouse Films, cine nudista, el peplum, el giallo o el género kinky son etiquetas que no escapan de la clasificación de "Cine Bizarro", que tampoco olvida a autores españoles como Antonio Isasi Isasmendi, Jesús Franco, Paul Naschy o Narciso Ibáñez Serrador.

En última instancia, el libro buscar ofrecer una visión panorámica y desvelar las conexiones entre el cine popular y el de autor. Como que el "El manantial de la doncella" (1960) inspiró una de las cintas de explotación más famosas de todos los tiempos, "La violencia del sexo" (1978), por no mencionar las más conocidas conexiones de Tarantino con Castellari o Corbucci.

"¿Acaso Stanley Kubrick no hacía cine de género? ¿'El resplandor' no era una película de terror? ¿Por qué el solitario Jean-Pierre Melville aceptó escribir un guion a cuatro manos con Fernando di Leo?", se pregunta el autor.

"El cine es un arte de 360 grados. Los grandes maestros también hicieron películas malas, igual que los directores de brega, los "buenos artesanos", alcanzaron cumbres", subraya.

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