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Un "menage a trois" turbador, "chic" y peligroso

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Un "menage a trois" turbador, "chic" y peligroso

Un "menage a trois" turbador, "chic" y peligroso

A Agnès Martin-Lugand le gustan las personas con carácter fuerte, como fuertes son los personajes de su segunda novela, "El atelier de los deseos", una historia a tres mitad relato de amor mitad thriller psicológico, con la que en Francia, su país, ha vuelto a dar en el clavo.

Allí, además de vender decenas de miles de ejemplares, la novela ha tenido críticas muy elogiosas, como la de la periodista Valerie Trierweiler, expareja del presidente Hollande, para quien el libro "demuestra que todo es posible, que la felicidad es posible, que someterse no es la solución".

Tras barrer en Francia, "El atelier de los deseos" llega ahora a las librerías españolas de la mano de Alfaguara, la misma editorial que el año pasado publicó aquí la novela con la que Agnès Martin-Lugand se dio a conocer, "La gente feliz lee y toma café", todo un fenómeno editorial en el vecino país que pronto tendrá su versión cinematográfica.

"Con esta segunda novela -aseguraba su autora durante una conversación con Efe en Madrid- quería enfrentarme a una atmósfera totalmente diferente, más tenebrosa, y dejar a un lado la dimensión de drama romántico" de la anterior.

Agnès Martin-Lugand reconoce que su experiencia durante años como psicóloga clínica, un quehacer que de momento ha dejado aparcado, para dedicarse en cuerpo y alma a la escritura, le ha sido muy útil para modelar sus personajes. En este caso Iris, Marthe y Gabriel, atrapados en una peligrosa "relación triangular".

Iris, una burguesita de provincias hija de unos padres que han decidido siempre por ella, y de quien se esperaba que fuera "una esposa dócil y gentil, madre de familia, que sonriera estúpidamente ante los logros profesionales de su tierno amado" esposo, decide, cumplidos ya los 30 años, lanzarse a la aventura y viajar a París para hacer realidad el sueño de su vida, convertirse en una gran costurera.

En la capital mundial de la moda, consigue entrar en un exclusivo "atelier" dirigido por Marthe, una mujer madura, glamurosa y elegante, muy bien relacionada en los ambientes de la alta costura y la alta sociedad parisina, una dama exquisita, refinada y también manipuladora que al instante reconoce el talento de Iris, a quien acoge e intenta someter a sus caprichos.

La tercera cara del triángulo tiene el rostro de Gabriel, malote, joven, un lince para los negocios, seductor y mujeriego, "dividido entre su amor filial e incestuoso por Marthe y su deseo de libertad".

Un antiguo chico de la calle que durante años ha sido el gigoló de Marthe, una experta en tejer a su alrededor telas de araña de las que resulta imposible escapar.

Entre los tres se establecerá "un juego de seducción y dominio" tan peligroso como inquietante, destaca la novelista, que vive en Ruán, en la alta Normandia, al noroeste de Francia.

Y en ese mundo tremendamente "chic", pero "con un punto malsano", de salones elegantes, fiestas y modelos de alta costura, Iris comprobará que sí, que es posible hacer realidad los sueños, aunque a veces el precio que haya que pagar por ello sea elevado.

"Podemos intentar cambiar el rumbo de las cosas, nuestro destino. Quizás no lo conseguimos siempre, pero nunca hay que arrepentirse si, al menos, lo hemos intentado. Y eso es lo que le ocurre a Iris", destaca Agnès Martin-Lugand.

"Hay que intentarlo siempre, hay que tener sueños e intentar vivirlos. Es lo que nos permite avanzar en la vida", continúa la autora, quien reconoce que entre ella y su personaje existen puntos en común.

"En mis personajes femeninos -dice- pongo parte de mí. Utilizo en ellos mis emociones, pongo en su boca las preguntas que yo misma me hago en la vida, mis elecciones vitales. Tenemos puntos en común pero no somos la misma persona".

Con esta segunda novela en la calle, que también ha despertado el interés de la industria del cine, y una tercera que está muy próxima a salir en Francia -casi seguro en abril- Agnés Martin-Lugand ya no siente vergüenza en decir, cuando alguien le pregunta por su profesión, que es escritora.

"Cuando escribí la primera -confiesa- era incapaz. Decía que intentaba escribir historias. Empecé a sentirme como tal cuando empecé a sentir el aliento de mis lectores", en su época de autoedición en Amazon, donde probó fortuna antes de que una gran prestigiosa editorial francesa, Michel Lafon, se fijara en ella y la contratara.

A pesar de todo, a sus 36 años reconoce que sigue teniendo "un poquito de dificultad" al reconocerse públicamente como escritora. "Tengo todavía un problema de confianza en mí".

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