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El cambio climático, ¿una cuestión de estado?

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Hace un par de semanas, sin hacer demasiado ruido, los dos principales partidos del País Valenciano decidieron hablar de cambio climático, y lo hicieron el mismo día, quién sabe si por culpa de la contraprogramación y el marcaje que le está haciendo Ximo Puig a Alberto Fabra. Hace poco el PP lanzó un boletín verde para fijar posición sobre temas medioambientales y sí, también sobre cambio climático. ¿Está de moda el calentamiento global?

Con el cambio climático los partidos –y gobiernos- manifiestan un comportamiento ciclotímico: tan pronto se llenan la boca de compromisos y firmes promesas, como mantienen un elocuente silencio o, en el peor de los casos, vierten opiniones analfabetas y vergonzantes sobre el tema ( léase Rafael Hernando). Hace poco tuvimos la oportunidad de confrontar directamente la dialéctica del PP y del PSPV: parémonos a ver qué proponen.

El Consell, arropado por Joachim Schellnhuber, premio Nobel de la Paz y asesor medioambiental de Merkel, se dedicó a vender su moto, el modelo de la cual no ha cambiado desde hace años: somos pioneros en el estudio del cambio climático, estamos bajando emisiones, organizaremos grandes eventos. Y no es del todo falso: es cierto que han bajado las emisiones, pero... ¿En qué medida debido a una estrategia del Consell, y en qué parte debido a la crisis económica que ha hundido un sector tan contaminante como el de la construcción? También éramos pioneros en el estudio del cambio climático, pero tras triturar el CEAM con distintas olas de despidos nos quedan las migajas de un centro que era referencia a nivel internacional. ¿Organizaremos el ClimateKic en octubre? Sí, quizás sería mejor renunciar a ser el centro mediático y derivar el dinero que ello costará a contratar investigadores para el CEAM.

Evolución de las emisiones de GEI en España

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Como si fuese la argamasa imperfecta que trata de coagular estas declaraciones está la Estrategia Valenciana Contra el Cambio Climático 2013-2020, una entelequia que no ha tenido un reflejo real desde que fue concebida. Escribir sesudos informes y colgar su PDF en la web correspondiente está bien, pero no ayuda en nada a mitigar un problema global, ni tan siquiera local. Hace falta actuar, gestionar, impulso legislativo potente y no tan sólo cosmético. Hace falta creérselo.

Por su parte el PSPV defendió –el mismo día que Fabra paseaba por l’Albufera y lo colgaba en Youtube para deleite de tan sólo 15 personas- una “vía valenciana” para luchar contra el cambio climático. Y aunque cuesta de digerir lo de la vía valenciana para un problema tan intrínsecamente global, se puede deducir el porqué del énfasis territorial. Mientras Alberto Fabra liga la problemática a la investigación –a pesar de abandonarla y desdeñarla- y a un liderazgo de cartón-piedra, Puig apuesta por vincularlo con una oportunidad económica y meter por medio el famoso “empleo verde”, aunque debería saber que a día de hoy a la gente ya le da igual que el trabajo sea verde, marrón o multicolor, con tal de que sea trabajo. El caso: ligar la lucha contra el cambio climático a la creación de empleos y proponer un camino propio para conseguir ambas cosas es más inteligente, efectivo y vendible que volver a hablar de que Valencia sea la capital de esto o aquello. La gente está cansada de chinchetas en el mapa, que ni dan de comer ni duran demasiado.

Si además va aparejado a una nueva legislación, mejor aún, aunque los problemas ambientales siempre se han visto perjudicados por el lapso temporal entre el acuerdo parlamentario y la implantación en los despachos. No obstante, el compromiso en la oposición es una cosa, y en el gobierno otra. El cambio climático es un problema transversal, que debería impregnar toda la acción de gobierno y no circunscribirse a una única legislación, departamento o estrategia. Durante los gobiernos de Zapatero las emisiones de CO2 bajaron debido a la crisis (el gráfico es muy elocuente), no por las políticas ambientales –pese a contar, en la primera legislatura, con la mejor ministra de Medio Ambiente que haya tenido el país. No hubo una voluntad real de limitarlas: el crecimiento de Champions era demasiado apetecible como para arriesgarse a deshinchar (un poquito) el balón.

Si Ximo Puig cree que hay una vía valenciana para luchar contra el cambio climático, que la explore. Que empiece por dotar de contenido a la ley, por desarrollarla con un reglamento eficaz, por dotar de presupuesto y enjundia a la estrategia marchita que heredará de Fabra. Que hable, que pacte, que teja esa vía de la que ahora habla. Que haga que un día no nos acordemos de sus palabras de enero de 2014 y veamos tan sólo vacuidad y humo, como ahora vemos en las de Fabra. Que convierta el cambio climático, de una vez por todas, en una cuestión de estado.

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