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REGIÓN DE MURCIA

Cultura con patatas, por favor

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Decía el antropólogo Claude Levi Strauss (nada que ver con los pantalones vaqueros) que la cultura comenzó cuando el hombre puso a asar al fuego el primer trozo de carne. Leer esto sólo confirma lo que para mí siempre ha sido obvio: la gastronomía es cultura, una expresión cultural que define nuestra identidad como pueblo. Voy más allá, elevar la gastronomía al Olimpo de la alta cultura me conviene como murciano, porque si por algo es conocida esta región es por sus frutas y hortalizas, no por ser la tierra de grandes pintores, poetas o dramaturgos (salvando honrosas excepciones como el imaginero Salzillo). Esto es lo que hay en Murcia, y con esto debemos jugar porque, nos guste o no, aquello de la Huerta de Europa sigue pesando mucho, como explicaba en un artículo publicado en este medio semanas atrás.

Y hablando de cultura, en los últimos días he leído diferentes propuestas para revitalizar la cárcel antigua y, de paso, la vida cultural de la ciudad de Murcia. En mi opinión, algunas de estas propuestas son poco realistas, costosas, y dan la espalda a los puntos fuertes que tiene nuestra ciudad, y que son los que al final tenemos que aprovechar si queremos construir una Marca Murcia realista y atractiva. No debemos pretender ser lo que no somos, ésta es la primera lección cuando se quiere mejorar la imagen y reputación de un lugar.

Por eso me parece realista y correcta la idea de convertir parte de la cárcel antigua en un mercado y gastrobar, similar a lo que encontramos en el mercado de San Miguel en Madrid o el de la Boquería en Barcelona, un escaparate para los productos de la tierra, especialmente los ecológicos producidos tradicionalmente, y para los jóvenes restauradores que buscan darse a conocer y que no siempre lo tienen fácil. Un espacio así aprovecharía esa reputación de productores agroalimentarios de calidad y nos convertiría en centro gastronómico de referencia. Esta propuesta vale también para las plazas de abasto de Saavedra Fajardo y la de Verónicas, espacios hoy desangelados, desaprovechados y que piden a gritos ser reinventados.

 

No debemos pretender ser lo que no somos, ésta es la primera lección cuando se quiere mejorar la imagen y reputación de un lugar

Pero volvamos a la cárcel antigua. Ese mercado-gastrobar requeriría la rehabilitación mínima del edificio (no se trata de poner en marcha un restaurante de lujo), daría entrada a la iniciativa privada, reduciría el coste del erario público y permitiría dotar de vida al conjunto de la cárcel, donde pueden plantearse otras iniciativas como la de alquilar espacios para estudios de arquitectura o ubicar los talleres de jóvenes creadores de la Región, exposiciones para artistas locales que quieran promocionarse, salas de conferencias, muestras de artesanía, etc...

Se trata de evitar que la cárcel antigua se convierta en un centro cultural artificial, momificado, en una burbuja alejada de las inquietudes de la mayoría de la población, donde sólo una minoría participe en actividades culturales costeadas por el conjunto de ciudad para el regocijo de los de siempre. No, este espacio debe ser una referencia para todos, un reflejo de la realidad de Murcia, atraer a todo tipo de gentes, bullir con públicos heterogéneos, servir de plataforma para nuestros creadores y, por encima de todo, para los los productos murcianos de más calidad, para nuestra gastronomía, para nuestra identidad.

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