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REGIÓN DE MURCIA

Revolución verde a la murciana

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La región de Murcia se sigue todavía hoy asociando con aquello de la huerta de Europa. Cuando me encuentro con algún compatriota en el extranjero, suele exclamar: “¿Qué hace un murciano tan lejos? Seguro que echas de menos los tomates de tu tierra”. El cruel estereotipo de que los murcianos somos gentes de menor nivel o capacidad que otros habitantes de España es algo que me enerva y que merece un comentario aparte, pero lo de relacionar Murcia con hortalizas, huertas y tradición agrícola me hace sentir orgulloso. Hoy por hoy, esto es preferible a que nos asocien con un mar Menor ultracontaminado, por ejemplo.

Lamentablemente, no echo de menos los tomates y hortalizas de Murcia, al menos no los de esta época, que en gran medida han perdido el sabor por el efecto de la agricultura industrializada. Sí echo de menos los que se producían tiempo atrás. Pero dejemos los sentimentalismos y miremos hacia adelante. En el resto de España, Murcia sigue sonando a agricultura, a huerta, a productos de buena calidad, a tradición. Aprovechemos ese estereotipo para refrescar la Marca Murcia, que vive demasiado asociada al turismo. Para comenzar, borremos las absurdas connotaciones negativas que el campo puede aún tener. El huertano o el campesino tradicional ya no es un palurdo, es una persona que vive en contacto con la tierra y ha recuperado un mundo casi olvidado por la modernidad. Es un héroe en esta sociedad globalizada.

Estoy pensando en la agroecología, la agricultura tradicional, los cultivos ecológicos y todas estas tendencias que vienen a significar esencialmente lo mismo, y que han pasado de ser una práctica residual de hippies y viejos labriegos a convertirse en toda una tendencia. Y esta tendencia, señores, va en aumento. La cosa va de buscar un acomodo entre agricultura, medio ambiente, técnicas agrícolas tradicionales, biodiversidad y nuevos métodos respetuosos con el proceso natural, que consuman menos insumos. La agroecología va a ser cada vez más importante en todo el mundo y sus productos más demandados y cotizados que los producidos según métodos industrializados. No hay duda de eso.

 

En Murcia ya hay algunas iniciativas de agroecología, ¿pero no podemos ir más allá?

Ahí es donde creo que Murcia tiene una apuesta de futuro, aunque pueda parecer difícil creerlo. Razones hay muchas: el trasvase Tajo-Segura no será eterno, las desaladoras no son una solución de futuro, los acuíferos sobreexplotados, la tierra agotada y la competencia cada vez mayor de países de nuestro entorno capaces de ofrecer los mismos productos a menor coste. Tampoco se puede olvidar la contaminación que produce los pesticidas y abonos químicos, cuya última víctima es el Mar Menor.

Nuestro modelo de agricultura industrializada no es para siempre, y en otros campos lo cierto es que apenas si somos capaces de competir como destino turístico con las provincias cercanas, sin olvidar los insumos que el turismo masivo consume. Por descontado queda que tampoco podemos aspirar a ser un Silicon Valley europeo o seguir eternamente en la estela del ladrillo. Me parece más fácil convertirnos en una referencia de las nuevas tendencias agrícolas, de los cultivos tradicionales, de los productos de altísima calidad y de un estilo de vida más respetuoso con el medio ambiente. Eso atraería un ecoturismo de calidad y respetuoso con nuestra tierra y nuestros recursos limitadísimos. Una Marca Murcia más basada en la agroecología y el estilo de vida más tradicional iría con la tendencia del mercado. En unos años esto será lo que prime en Europa.

En Murcia ya hay algunas iniciativas de agroecología, ¿pero no podemos ir más allá? Tenemos la reputación de hortelanos, ¿no podemos aprovecharnos de ella para convertirnos en referentes de un tipo de agricultura ecológica? No me parece imposible. ¿Se imaginan a Murcia como una especie de Bioinspiración para el resto de España?

Muchos murcianos todavía no han olvidado sus vínculos con la tierra, aunque hace algunos años tener familia huertana provocaba cierta vergüenza. Eso ha quedado atrás, ahora está de moda, es hasta hipster. Antes tener barba era de guarros, hoy es de modernos. Antes la agricultura tradicional era denostada, hoy en toda Europa se mueren por productos tradicionales y por destinos turísticos donde saborear la vida pasada (y no hablo de La Manga). Como decía, la reputación de región agrícola ya la tenemos, aprovechémonos de eso y juguemos nuestras cartas

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