eldiario.es

Menú

Menos artículos sobre la izquierda y más cajas de resistencia, por favor

Lo más molón es ser de izquierdas -especialmente en Twitter haciendo de apóstoles de la virtud- seguido muy de cerca por el placer culpable de hablar sobre lo mal que le va a la izquierda.

Cuando escuchas a alguien de izquierdas intentar desentrañar las razones de su desorientado paso etílico, suena de fondo un gemido suave de gustirrinín

- PUBLICIDAD -

Dice un colega que lo mejor en la vida es escuchar música y lo segundo mejor, hablar sobre música. Le pasa algo parecido a la izquierda en España: lo más molón es ser de izquierdas -especialmente en Twitter haciendo de apóstoles de la virtud- seguido muy de cerca por el placer culpable de hablar sobre la izquierda y, en concreto, sobre lo mal que le va a la izquierda. Es la moda de los últimos meses: escribir y escribir sobre el depauperado estado de la izquierda. Escribir artículos, análisis, hilos, comentarios, entrevistas, conferencias, libros… Escribir lo que haga falta hasta encontrar la poción mágica de Astérix que mande a Rajoy a casa. Escribirlo todo. Todo menos pintadas.

La esclerosis de la izquierda, por supuesto, es un debate grave y y crucial, pero cuando escuchas a alguien de izquierdas intentar desentrañar las razones de su desorientado paso etílico, suena de fondo un gemido suave de gustirrinín. Es como los enfermos, que solo quieren hablar de sus enfermedades y disfrutan dando la brasa casi tanto como padecen sus males (no me pregunten por mis afecciones de salud, podría estar disertando horas como Fidel en la Plaza de Revolución y lo haría entusiasmado).

En el fútbol todo el mundo puede hacer de entrenador. Es una de las cosas más divertidas del fútbol. En el debate de la izquierda no es tan fácil. Digamos que hay un cuerpo de elegidos -intelectuales, columnistas, politólogos, croqueteros de los medios, aspirantes a tertulianos de tele, uno que pasaba por ahí, etc- y un requisito por encima de todos: si no has leído el Manifiesto Redneck de Jim Goad, mejor no opines. Tengo un amigo que me lo recomendó antes de que el libro de marras se convirtiera en canon y todavía no lo he leído y, la verdad, a estas alturas del tostón no me veo con demasiadas fuerzas para optar a los galones de opinador sobre la izquierda. Ahora mismo estoy absorto en estudiar la batalla de Stalingrado y en seguir el culebrón de Gustavo, María Lapiedra y Mark Hamilton (muy fuerte, Jorge Javier).

Por supuesto, a todo movimiento político se le exige un corpus intelectual razonable para sostenerse en pie y avanzar entre los cambios que se producen en la sociedad. Pero estos meses de maratón opinadora recuerdan a la escena de La Vida de Brian en la que en vez de rescatar a Brian, los miembros del Frente Popular de Judea (o del Judaico Popular, no lo recuerdo bien) pierden el tiempo redactando un manifiesto para reclamar su liberación. No es que el análisis sea prescindible, más bien todo lo contrario, pero cuando has dicho todo lo que tenías que decir -y les juro que se ha dicho todo lo que se tenía que decir- igual sobran palabras y faltan acciones.

Me fijo en mi entorno más cercano, en Euskadi, y repaso las iniciativas que de verdad le han hecho pupa al poder y no hay ninguna que la haya parido un partido de izquierdas. Y quizás no sea necesario, no lo sé. A cuatro minutos de mi casa está el barrio ‘okupa’ más grande de España. 150 jóvenes viven en comunidad buscando una vida alternativa a la sociedad de consumo. El proyecto es tan molesto que el alcalde de Vitoria no quiere dejar piedra sobre piedra en el barrio. Otro movimiento -formado por familias y profesores- ha cobrado una fuerza inusitada en los últimos tiempos para denunciar la segregación escolar que avala el Gobierno vasco. Y el pasado año la gran victoria la protagonizaron las miles de trabajadoras de las residencias vizcaínas tras casi dos años de huelga. Aguantaron frente a las empresas y la Diputación de Bizkaia que las subcontrata. De tal magnitud fue la victoria de las mujeres que la Diputación de Bizkaia -la Lezama del PNV-  está investigando la caja de resistencia del sindicato ELA que ayudó a mantener viva la lucha.

Entre el onanismo autorreferencial de la izquierda y los movimientos sociales que avanzan creando espacios de solidaridad por el bien común, me quedo con lo segundo. Menos artículos sobre la izquierda y más cajas de resistencia, por favor.

- PUBLICIDAD -
- Publicidad -

Comentar

Enviar comentario

Enviar Comentario

Comentarios

Ordenar por: Relevancia | Fecha