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Deliciosos culturetas

Farsantes y cultos de verdad, juntos y revueltos, han establecido un submundo en el que las palabras, el vocabulario sirve para marcar distancias.

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Contemplar un vaso con agua es una verdadera delicia y por tan solo 20.000 euros te lo puedes llevar a casa. Como lo leen. Un recipiente de cristal medio lleno de agua colocado sobre una tablilla pegada a la pared es una de las piezas que se exponen en ARCO. Este vaso se supone que es arte conceptual y, ya se sabe por Airbag, que el concepto es el concepto.

Dicen que el arte perturba y que debe agitar. Pues si de provocar se trata, allá vamos culturetas. ¡Muera el arte, viva la creación!

Farsantes y cultos de verdad, juntos y revueltos, han establecido un submundo en el que las palabras, el vocabulario sirve para marcar distancias. No hay mayor delicia que tener conocimientos y ser sensible.

Propongo un plan que para nada es incompatible con tener un inglés parecido al valenciano de Rita o jugar al Candy Crush en el trabajo como Celia. Total, seguro que ambas alcaldesas en su momento han inaugurado y pagado con el dinero común alguna estimulante creación.

Para empezar bien el plan hay que salir de casa con uno o varios libros bajo el brazo. De papel, por supuesto. El periódico se lee en una cafetería, tampoco es cuestión de llevar un carrito de la compra con toda la prensa.

Echas un vistazo a la cartelera de cine a ver si ponen esa cinta vietnamita en la que nadie comerá palomitas ni se dará besos en la sala, porque estarás tú solo.

A continuación lees la crítica del día. Si te parece que el primer párafo lo comprendería cualquiera, no sigues leyendo porque opinas -con tu sabio criterio- que el autor es un simple. A ti lo que te gusta es que te describan los planos contrapicados, el origen de la productora o el alma atormentada del primo del director en pleno proceso creativo mientras delira por los tripis que se comió de joven. No te interesa en absoluto que la crítica te cuente lo bien que trabajan los actores, lo estupendo que es el guión o lo interesante, en general, que es la peli.

Después de un paseo, te sientas en un banco de unos jardines donde se ha realizado una intervención. Miras mal al señor que pasa por allí y pregunta a su amigo si esa escultura es nueva. Una vez que hayas bajado la ceja o, quizá, vuelvas a su sitio la aleta de la naríz, observas la performance del día.

Luego abres uno de los libros que siempre te acompañan. Un poemario. Porque deleitarse con un poemario es más delicioso que leer un libro de poesía.

A media tarde accedes a esa galería donde estrenan un conjunto de instalaciones que te han recomendado tus amigos culturetas en la velada poética de anoche. Mientras recuerdas lo intenso que fue el recital, otra voz  interrumpe tu yo; vuelves a escuchar a alguien, ¿de quién esta escultura? Pero esta vez, ni siquiera levantas la barbilla. Te regocijas. Te crees diferente, y eso -eso- es delicioso.

Te sientes emocionado, esta noche participas en tu primer PechaKucha. Saldrás a escena con tus 20 diapositvas que comentarás en 20 segundos cada una. Expondrás en menos de siete minutos tu proyecto, tu diseño, tu idea. La caña. Delicioso.

Vuelves a casa encantado de conocerte. Mañana quizá optes por ver alguna representación escénica. Sí, eso que los no enterados siguen llamando teatro. Así, te duermes pensando que el arte tiene un enemigo que se llama ignorancia.

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